O cómo las mujeres de mi familia fueron presionadas a hacer cosas que no querían

El ADN mitocondrial es aquel que heredamos por vía materna.

Mi abuela tiene 83 años. Hace unas semanas que ya no la reconozco. Su cuerpo se deteriora a una velocidad increíble. Éste deterioro coincide con una caída en la que se cortó la cabeza, y aunque no sufrió daños mayores, le dio la excusa perfecta para finalmente dejar de hacer el esfuerzo por vivir. La combinación entre la delgadez pronunciada para su edad y su depresión, la dejaron tirada en la cama como un cadáver. Eso es lo que siento cada vez que la veo, que estoy viendo un cadáver; es por eso que trato de evitar las visitas o hacerlas más cortas. Extraño a mi abuela, extraño hablar con ella de su niñez, de su entretenida adolescencia y juventud. Para mi esto no es vida, estar tirada en la cama mirando el techo. Tengo una mezcla de rabia y tristeza, mis tías y mi madre dicen que ella eligió ésta vida. La depresión es un proceso químico del cerebro, inevitable, pero es cierto que ella eligió cómo encarar su vida. Tiene y tuvo el dinero para irse en un crucero con amigas, o con sus hijas, pero los únicos viajes que hizo fueron acompañando a su marido en viajes de negocios. No la pasó mal, pero nunca hizo nada por ella. Una vez jubilada, a los cincuenta años, se encerró en su casa a ordenar placares y controlar la vida familiar.

A lo que voy es que hoy la vida le pesa en lo que hizo y en lo que no. La relación de mi abuela y mi bisabuela siempre fue tirante. Mi bisabuela era una mujer mimada, veinte años menor que mi bisabuelo, muy cuidada por el. Creo que ella no pudo realmente conectarse con su hija en sus primeros años, porque no creo que su anhelo fuera ser madre. Cuando mi abuela se casó, mi bisabuela se fue a vivir con ella. En todos los años viviendo juntas muchas veces hizo sentir a su madre una carga, cuando en realidad fue mi abuela quien le insistió para que fuera a vivir con ella, supongo que como una especie de castigo inconsciente, para controlarla. Lo que ellas nunca tuvieron fue espacio para pensar su relación, ni coraje para decírselo, pero no soy quien para juzgar.

Algo parecido les pasó a mi madre y mis tías con su madre. Hace poco le pregunté a mi madre porque tenía tanto rencor a su madre, por qué no iba a verla tanto. Me dijo que le dolía verla así pero que también estaba enojada con ella. Dice que mi abuela es una persona negativa, que demanda atención constante. Mi madre dice que mi abuela nunca supo relacionarse con sus hijas, que era una madre estricta y poco cariñosa. Me puso el ejemplo de su casamiento, lo que le había dolido que su madre no le preguntara si era feliz, si quería casarse, si quería ser madre. Hablando con mi padre sobre la familia y la salud de mi abuela, me dijo que se arrepentía de haber presionado también a mi madre para casarse y tener hijos. Ésta confesión me impactó, porque mi madre jamás me lo había contado, y en principio sentí bronca con ella pero después me sentí una estúpida.

Veo actitudes de mi madre y mi abuela reflejadas en mí, como la obsesión con el control, la limpieza, el orden. Eso me incomoda, me interpela, me permite ver mi relación con las mujeres de mi familia con cierta perspectiva. A pesar de que a veces se vuelve insoportable, que seamos una familia de mujeres me da una energía femenina muy poderosa, que forma parte de mí.

Tanto mi madre como yo sabemos que no queremos que nuestra relación se solvente en el rencor, así que hemos empezado un proceso de sinceridad extrema, y por ahora vamos bien.

En definitiva, creo que las mujeres de mi familia, por lo menos con mi bisabuela, mi abuela y mi madre, ya que mis tías no tienen hijas ni se han casado, no se adaptaron o se sintieron incómodas en su rol de madre y esposa, fueron presionadas por el sistema patriarcal. Me gusta pensar que las mujeres de mi familia son como unas guerreras o brujas que estaban destinadas a grandes aventuras, pero “les cortaron las alas”. También supongo que esa falta de deseo por ser madres viene de un miedo irracional a repetir la relación un poco tóxica de madre-hija.

Texto: Martina Vega

ig

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