Nos juntamos con Josefina Mazzei a fines de octubre, a tomar té, mate, y comer galletitas Salvaje a falta de las de leche de El Trigal, que Jose argumenta son ampliamente superiores. Josefina es acompañante terapéutica, scout y fotógrafa analógica. En el mundo de la fotografía se destaca por ser de las primeras personas en Montevideo en intervenir rollos sumergiéndolos en líquidos diversos. Charlando a grandes rasgos sobre nuestra generación y el tiempo, profundizamos sobre la naturaleza, la incertidumbre del tipo de fotografía que ella hace, y lo difícil de exponerse.

HĒRA: ¿Te animás a contarnos un poco de qué trata el movimiento boy scout?

Josefina: En realidad “boy” no, sólo scout. El término “boy” es algo que tenemos que corregir todo el tiempo, porque nació siendo sólo para varones pero ya no lo es. El movimiento scout nació hace muchísimos años, lo fundó un militar llamado Robert Baden-Powell, que fue a la guerra y cuando volvió vio un montón de gurises tomando vino en la calle. Se dio cuenta que si les daba tareas, los gurises se copaban. Se llevó a un grupo de gurises de campamento a una isla cercana y ahí se formo la primera patrulla, y después surgieron distintos grupos. Básicamente lo que buscamos es la conexión con la naturaleza, aprender técnicas de supervivencia – de ahí vienen los nudos, los amarres – también valoramos trabajar en equipo. Es difícil explicar bien qué hacen las y los scout pero yo diría que te “desempijan”, o sea, te hacen menos pija. Existe la ley scout que dice que “el scout ama y protege la naturaleza”, “el scout canta y ríe frente a toda dificultad”, etc. Pero eso es una utopía, no existe scout que cumpla con eso al pie de la letra. Cuando hablamos de la Ley o de la progresión personal con las gurisas y los gurises no les ponemos deadlines, por eso mismo es personal. Tampoco hay un límite de edad, el scout puede tener tanto siete como ochenta años.

H: ¿Cómo funciona?

J: Tenemos reuniones semanales, en nuestro caso los sábados. Son tres horas donde hacemos juegos, talleres. Después tenemos varios campamentos y diversas actividades durante el año. Yo empecé a ser scout desde chica, y cuando cumplís dieciocho, tenés la posibilidad de ser educadora y dirigir o irte. A mí me re pintaba quedarme como educadora. Conocí el movimiento a través de mi hermano, mi viejo lo mandó porque siempre acampaban y él estaba re pa esa. Recuerdo ir a los fogones de los scouts de chica, a fin de año, donde hacen danzas, cantan y hacen sketches. Yo estaba deseando ir, y cuando cumplí siete le dije a mi viejo “ta, llevame”.

H: ¿Es súper integral no?

J: Sí, más que nada en los valores. Trabajamos con algo que se llama la progresión personal, donde tenés áreas de desarrollo como creatividad, espiritualidad, corporalidad, sociabilidad, etc. Cada área te permite cumplir metas personales. Por ejemplo, en corporalidad, una de las metas iniciales es conocer las partes de tu cuerpo, saber qué movimientos hacer sin lastimarse. En un nivel más avanzado, saber sobre sexualidad y poder hablar de ello e informar a sus compañeros sin problema. Lo mismo con espiritualidad, al principio se participa de actividades de reflexión, y en un nivel más elevado, uno propone actividades de reflexión para el grupo. Eso que dijiste de lo integral es tal cual, aprendes a trabajar en equipo, aprender a hacer una mochila de campamento, a armar una carpa, un toldo, organizar un viaje, hasta hacer amigos o sobrellevar situaciones de mierda. Yo soy quien soy gracias a los scouts.

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H: Les niñes de ahora en general no tienen tanto contacto con la naturaleza. ¿Vos te das cuenta del efecto que genera esa cercanía a la naturaleza en los scout?

J: Los pibes y pibas piran, llegas a un campamento y te dan el celular. Te piden que se los guardes y solo lo sacan cuando están llegando para avisarles a sus padres. Es saludable tener campamentos. Es un lugar súper sagrado; las mejores anécdotas que tengo son acampando. El silencio del monte, el tener que hacer un fuego para cocinarte, el aire limpio, es una manera de volver a las raíces. También el hecho de compartir con gente de todos lados: no es lo mismo que irte con amigas y amigos. En mi caso ahora voy con chicos a cargo que conozco y adoro, pero por ahí te vas con personas que no te caen tan bien y tenés que aprender a convivir con ellas de la mejor forma posible.

H: ¿En los scouts hay la misma cantidad de hombres que de mujeres?

J: Más o menos. Por muchos años fue para los varones. Este año implementamos las patrullas mixtas – las patrullas son equipos de trabajo. Antes eran de mujeres y hombres por separado. Conversando y cuestionando ahora lo que es el género y sus supuestos roles, como se sentiría una persona que no se siente identificada con ningún género si la mandas a una patrulla de hombres o de mujeres, decidimos fusionarlas y que a su vez se complementen. Especialmente en esa etapa crucial, donde las pibas empiezan a menstruar y los pibes se empiezan a fijar en las mujeres. Está genial ser mujer y poder decirle a tu compañero hombre “pah, me vino, no sé qué hacer” y que el hombre sepa cómo ayudarte. Una vez hicimos una especie de debate y le preguntamos a un gurí que le diría a una compañera que está menstruando en un campamento, y él contesto que le diría que no hiciera juegos movidos. Fue tipo, entendiste todo, que se quede durmiendo en la cama gozada. Se los re subestima a las y los gurises; están mucho más zarpados que nosotros en pila de cosas.

H: Por otro lado sos fotógrafa también. ¿Cómo llegaste a las técnicas de fotografía que usas?

J: Un amigo mío me presentó la foto analógica, especialmente la lomografía. Él estaba más para la foto perfecta y yo quería romper todo. Buscando información me topé con un artículo de unos chinos que intervenían el rollo fotográfico: lo sumergían, lo quemaban, lo congelaban. Después leí de una chica que sumergió el rollo en su propio meo y eso me pareció alucinante. Se le suma esa incertidumbre de la fotografía analógica a que no sabés qué vas a lograr, entonces a veces perdés rollos, pero también lográs fotos increíbles. Son mucho más subjetivas las fotos cuando las sumergís. Tenes la realidad que es la objetiva, lo que captó la cámara, y por otro lado la estética de la imagen, que es super onírica, surreal o vieja.

H: ¿Es totalmente aleatorio donde elegís sumergir los rollos? Nos encanta la serie de jugo de pepinillos (risas)

J: Al principio empezó con lo que veía y tenía a mano, pero se me están acabando las opciones y estoy mezclando. Ahora tengo ganas de sumergirlo en menstruación, dejarlo unos días. [Para seguir experimentando] otra meta que tengo es aprender a revelar, a usar técnicas distintas y a intervenir el rollo mientras revelo. La otra vez le escribí a una chica de California que también hace “film soup”, así se llama la técnica que uso. Me dijo de hacer un “film swap”, es decir que yo saco un rollo entero acá y se lo mando, después ella saca con ese mismo rollo en su cámara y quedan todas en doble exposición. Ahora estoy sacando con el rollo de ella. Ella ya lo sumergió y yo no le pregunté en qué porque quería que fuera una sorpresa.

film swap con mia, sumergido en expresso, silica gel, kiwi y morascaption mia

H: ¿Has mostrado tus fotos en exposiciones?

J: Algunas veces, pero no soy muy fanática de eso, por el simple hecho de que me siento expuesta. Veo las reacciones de la gente a mis fotos, que son algo super personal. Ni en pedo desvalorizo a los fotógrafos que exponen ni mucho menos, pero las personas que están en mis fotos son mis amigos y amigas, y siento que al exponerlas me abro demasiado.

H: ¿Te pasa que querés exponer pero no te animás, o es un tema de que es más algo para vos y te alcanza que la gente las vea en internet?

J: Estoy en esa dicotomía. Me gustaría exponer más fuera de Montevideo, porque es un ambiente hostil y muy competitivo artísticamente. De hecho estoy pensando en un proyecto secreto, que ahora ya no lo va a ser, de imprimir fotos en papel afiche, como el que imprimen las bandas las fechas de sus toques, y pegarlos en distintos lugares de la ciudad, pero sin firmar: el mensaje que quiero que le llegue a la gente es personal. Capaz a algunos les gusta y a otros no. Tengo una foto que me encanta que es de Aylén, una beneficiaria, que está llorando re zarpado y es re triste pero te genera cosas.

agua de arroyo y bosta de vaca

caption aylen

H: Es interesante que no quieras firmarlas, porque por ahí la gente quiera buscarte y no va a saber cómo. Volviendo al tema de la alienación y lo acostumbrados que estamos a tener todo, si no lo encontramos ya nos inquieta.

J: Podes dar conmigo. Hay gente que ya reconoce mis fotos. Es raro pensarlo, pero acá nos conocemos todos.

H: Todos los mensajes que hemos visto en ese formato de afiche urbano son generalmente propaganda política o de algo. Está bueno ver otra cosa, que no busque decir algo más allá de lo puramente estético o artístico, sin mensajes ocultos.

J: Eso. Velemos por la estética puramente superficial.

Pueden encontrar a Josefina en Flickr e Instagram.

Fotos: Martina Vilar y Josefina Mazzei

ig

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