Son tiempos modernos, yo entiendo. Los ideales están cambiando o pasando por un proceso de pérdida total de sentido. ¿Para qué seguir amoldándonos a formas anticuadas de relacionarse o de ver el mundo? ¿Para qué seguir los pasos de nuestros padres o abuelos si nos resultan incómodos? ¿Para qué resignarnos a una vida que por ahí no queremos?

Nuestra generación viene desafiando bastantes parámetros que antes era mejor ni tocar: elegimos carreras que capaz no nos van a dar tanta guita, preferimos viajar antes que pagar alquiler, ni pensamos tanto en casarnos o tener hijes antes de los treinta y vamos creando nuevas formas  de relacionarnos. Un concepto que este año pareció andar retumbando en mi cabeza y en mi círculo cercano nace de eso: el poliamor, amor libre, relaciones sexoafectivas no exclusivas, llámele como quiera.

Las relaciones siempre fueron complicadas y no pasa tanto por la monogamia o la exclusividad, en mi opinión, pasa por el hecho de que sostener un vínculo intenso y cercano en el tiempo con otra persona no es por definición fácil. La monogamia puede hacerlo más difícil, según argumentan los que están en contra o la cuestionan, porque “no es natural” para ningún otro animal del planeta el emparejarse de forma exclusiva y renunciar a tener relaciones sexuales con otres. En nuestro caso, humanos, que somos capaces de sentir más allá y hasta de reprimir los instintos, la monogamia se hace si hay amor y ganas, si no no funciona. Esto para mí no cambia mucho con respecto a las relaciones no exclusivas: si no hay afecto e interés, nada funciona.

Conociendo varias personas cercanas que han estado en este tipo de vínculo (principalmente sexual, no exclusivo y mantenido en el tiempo) y habiéndolo tenido yo misma, puedo decir que no parece ser tanto más fácil que lo demás. Al no tener un compromiso la gente parece olvidar que siempre pueden haber sentimientos en juego, que a la persona que tenemos al lado siempre hay que cuidarla, incluso cuando el vínculo es más sexual que otra cosa. Yo me metí al agua con esto porque quería probar, porque tampoco había tenido una relación monogámica entonces no tenía idea de si era eso lo que quería o si esto me servía más. Calculé que siendo joven y estando experimentando bastantes cosas por primera vez, esto sería una más: de todo se aprende, supuse.

No es mi intención dar detalles ni declarar culpables. Básicamente lo que pasó en mi caso fue que, al estar en un vínculo sin moldes ni reglas, los límites de lo que estaba bien y lo que estaba mal se volvieron confusos. Además, encontrar un punto medio entre dos personas con diferentes prioridades o ideas distintas de lo que querían fue directamente inviable a pesar de mis intentos, cosa que me di cuenta con el tiempo y con un par de golpes bajos, uno de los cuales dolió demasiado como para seguir remándola. Sobre todo en estos casos es difícil permitirse sentir cosas sin estar atajándose constantemente o intentando tapar los sentimientos, porque en este tipo de relaciones siempre parece que el que siente más, pierde la partida. Cuando más lejos emocionalmente, más fuerte y avanzado está el jugador, más chances tiene de salir ileso.

Yo, en cambio, salí de ese vínculo con la autoestima bastante pateada (los primeros días, por suerte se me fue pasando) y sin ganas de estar con nadie que no me aprecie como más que puro sexo. No estoy hablando de que quiero ponerme de novia en una relación súper tradicional, casarme en unos años y olvidarme del tema (aunque a veces parece lo más fácil). Hablo de intentar estar con personas que tengan la decencia de cuidarme y de estar atentas a lo que me pasa.

Aclaro que hablo de mi experiencia y de lo que he visto en casos cercanos, no pretendo predicar que este tipo de vínculos no funcionan, al contrario, soy partidaria de que cada uno debe construir la relación que le sirve, siempre y cuando todos los involucrados estén de acuerdo y al tanto. Yo banco la deconstrucción, banco el cuestionamiento de todo, banco intentar romper con la norma y crear nuevos ideales que nos queden cómodos sin importar los estereotipos establecidos. Pero también banco cuidarnos entre nosotres y he visto, a mi alrededor así como en mi caso, que mucha gente pasa eso por alto. No se olviden que la persona o personas a las cuales se están cogiendo también son mente y corazón y no solo cuerpo, no se olviden que el sexo a veces, sin querer, es un poco más que sexo y puede nublar la mente. No dejen que la libertad de hacer lo que quieran se convierta en libertad de despreocuparse por el bienestar del otro. La libertad no da permiso a descuidar.

Deconstrúyanse, experimenten, éntrenle al amor libre que muchos usan y recomiendan; hagan lo que quieran, pero no pierdan la empatía y la consideración. Todes estamos en esa de deconstruirnos, pero no todes estamos en el mismo nivel ni queremos llegar a lo mismo. Avance con precaución.

Texto y foto: Martina Vilar

ig

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