Era chica, estaba en la escuela. No recuerdo demasiado detalle solo que meaba y lloraba y le preguntaba a mi mamá por qué me dolía tanto y por qué me pasaba a mí. Mi mamá me consolaba lo mejor que podía, pobre; ella también se preguntaría más tarde por qué le dolía tanto y por qué le pasaba a ella. Yo de la cistitis no supe más nada por mucho tiempo, pero  mi mamá la tuvo que enfrentar diariamente un año y medio. Todos los días se sentía mal y los médicos no le encontraban nada. A pesar de que no saliera infección en los análisis, mi mamá sufría todos los días. Cambió su guardarropa de jeans apretados por polleras largas, se llevaba las botellas de litro y medio de agua para su mesita de luz todas las noches. No podía tomar antibiótico, ni calmante constantemente, y no mejoraba. A pesar de estas señales clarísimas de sufrimiento, en un momento mi papá le dejó de creer; empezó a decir que estaba en plan hipocondríaca, que estaba psicomatizando, que si los análisis no mostraban nada entonces no tenía nada. Yo en ese momento tendría diez años, no recuerdo exactamente, pero fue antes de la separación. No entendía el dolor de mi madre, llegué a pensar, no que mentía, como pensaba mi papá, pero sí que exageraba.

Adelantamos años; en facultad y siendo activa sexualmente, tuve mi segunda cistitis. Después la tercera, la cuarta, la quinta, la sexta. Llegó un momento en que me despertaba y podía darme cuenta que en unas horas la iba a tener. Yo también dejé de usar jeans, o ropa interior apretada. Mis amigas me recomendaban agua con limón, bolsa caliente de piedritas para el vientre. Me acordé de mi mamá. Yo ahora vivía con mi padre, pero él a mí sí me creía. Una vez fui al Montevideo Shopping y lo tuve que llamar llorando, porque estaba a dos cuadras del SEMM pero no podía caminar. Me pasó a buscar y cuando llegué me hicieron mear en un tarrito. Mee rojo oscuro. Cuando lo vi me puse a llorar de nuevo. Sabía exactamente por qué me había agarrado la infección.

A gran medida y generalizando, somos las mujeres las que sufrimos cistitis. Obvio que hay muchas mujeres que nunca lo vivieron en su vida, y muchos hombres que sí. La realidad de por qué nos pasa más a nosotras es biológica y es que además de tener una uretra más corta, tenemos todo muy junto, la apertura de la uretra está al lado del recto, que tiene una bacteria particular (E. coli) que nos enferma si se pasa de un lado al otro. Entre el 50 y 60% de las mujeres adultas ha tenido una infección urinaria en su vida, y con cada nueva infección que tenés, tenés más riesgo de tener una nueva. En mi experiencia, sin embargo, más allá de lo biológico, los hombres con los que he estado no se han preocupado demasiado de cuidarme a pesar de lo mucho que he explicitado como sufro. “Por favor lavate las manos”, “tené cuidado que está todo muy cerca”, “dejame que tengo que ir a mear antes”, ”dejame que tengo que ir a mear después”; generalmente todas frases que han sido recibidas con señales de no entendimiento y/o indiferencia. Nunca entendí como a una persona le podía importar tan poco que si no hacía algo que le llevaba dos minutos, yo fuera a sufrir los próximos tres, cuatro días.

A todas las cosas complejas, dolorosas e injustas que tiene que sufrir una mujer, se le suman las altísimas chances de padecer una molestia diaria y casi arbitraria que muchas veces viene de la mano con tener relaciones sexuales. No entiendo cómo alguien puede creer en un Dios que haya creado físicamente a una mujer tan propensa a sufrir, parece hecho a propósito, casi un castigo, como si cuando Eva hubiera mordido la manzana Dios hubiera pensado “¡Voila! Le daré cistitis por puta desobediente”. Pueden pensar que soy exagerada, pero años de cistitis constantes y de ver como a mucha de mis amigas les pasaba lo mismo, esporádicamente, muy cada tanto, o igual que a mí, me generó mucha rabia y desdén a la “enfermedad” y un sentimiento como de sororidad exacerbada cuando sé que una chica tiene cistitis; como ganas de darle mil tips, hacerle un té y acariciarle el pelo. Cuando una amiga mía se volvió a Estados Unidos, me dejó una bolsa Ziploc enorme llena de cápsulas de arándano rojo, polvos, vitamina C, té para mujeres, calmantes. Se ve que no me pasa solo a mí.

No sé muy bien qué es, si la última dosis de antibióticos sofisticados que tomé, o si la cistitis se cansó de mí, pero ahora hace bastante que no me toca. Tocaría madera, pero siempre tengo una botella de agua conmigo y me limpio de adelante para atrás, por si acaso. Tampoco estoy con más imbéciles.
Texto y foto: Florencia P

5 respuestas a “Castigo de Dios

  1. Ala, Chica. A mi me pasó lo mismo por dos años seguidos. Al principio por coger con un imbécil sin forro todas las semanas, que estaba lleno de bicho y me los pasaba repetidamente. Era chica y no entendía que no me estaban cuidando, y yo tampoco me cuidaba.
    Después con mi pareja actual que es súper sana, fue crónico. Meses de médicos: ginecólogos, urólogos, ecografías.
    Hasta que fui a dar con el ginecólogo que me escuchó de verdad y me habló sobre el demonio del Ecoli, que pa las gitana estreñidas como una, habita en nosotras. Me dio un tratamiento de tres meses. Vitaminas, retoque en la dieta. Pero eternamente agradecida con Pedro, que me escuchó bien. Del todo. Que me vio llorar. Y me curó.

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    1. Es así compañera. Al hombre le cuesta horrores empatizar con lo que no vive, y una cuando no está empoderada a veces no sabe darse cuenta que no merece eso. Me alegra muchísimo que estés curada, como yo también lo estoy ahora. Vamos nosotras.

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  2. Es lo peor. Yo tengo la suerte (o mala suerte) que no me duele, digo mala suerte porque a veces ni te das cuenta que la tenes, tanto así que la deje estar y se me fue a los riñones, se complicó y estuve dos semanas internada. No es joda el “limpiate de adelante hacia atrás”, “hace pis después de coger”, “higienizate bien pero ojo con el bidet”. Tampoco es joda que si te viene una vez sos más propensa a volverlo a tener. Escuchen a su cuerpo y no tengan vergüenza de ir a la emergencia si notan algo raro! Es de salud de lo que se está hablando.

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  3. Hola,yo la he sufrido, y vengo a darles un enfoque distinto, el cual pude comprobar las dos ultimas veces y no ha vuelto a suceder hace 7 meses ya. Quizas ya hayan escuchado sobre la biodescodificacion, y el origen emocional de enfermedades y trastornos corporales, las invito a ver mas alla de los síntomas y preguntarse, que momento de cambio estaban viviendo cada vez que les agarró. Indaguen, hay una relación que se suele hacer, a decir verdad desde el lado masculino, sobre como usan la orina los machos para marcar territorio, y lo que dice la biodescodif. es que en el caso de la mujer, es por un sentido de no pertenencia al territorio, sentirse excluida o no poder organizarlo. Las últimas dos veces que la sufri, hace casi 3 años y la ultima hace 7 meses,fue en procesos traumaticos previos a una mudanza. Quizas no aplique en todos los caso, pero me interesa leerlas y espero les sirva la data. Indaguen mas, sanen sus emociones!!!! 😊

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