Hace poco una amiga me regaló un libro que eligió principalmente porque su nombre hace referencia a la manera en que nosotras llamamos la zona donde solemos salir de noche, incluyendo El Living, Lola, El Farolito, etc: “Cordón Soho”, escrito por Natalia Mardero, publicado a fines de 2014. Según informa la sobrecubierta del libro, Mardero nació en 1975 en Montevideo, es Licenciada en Comunicación Social, escritora y redactora creativa. También escribe en un blog llamado “Madonna es mi madrina”.

Nunca había escuchado del libro ni lo había visto en librerías. Es una novela de apenas ciento y poco de páginas, que se puede leer fácilmente en un par de horas. De hecho yo la leí, con muchas pausas, en menos de un día. Me atrapó desde el principio la manera simple y corriente que tiene la autora de relatar. Siempre tuve cierta debilidad por les escritores que cuentan historias en un lenguaje cotidiano, que no buscan que el lector o la lectora esté constantemente intentando descifrar lo que dice si no disfrutando plenamente de lo que se está diciendo. Con esto no digo que la forma de contarlo, o sea, las palabras elegidas, sean poco importantes en la literatura (el medio es el mensaje, cualquier estudiante de comunicación escuchó esa frase mil veces); sólo que siempre me gustaron autores que con simpleza logran hacerme llegar sus historias, sin rebuscarse mucho.

La historia se basa en una chica llamada Valentina, de poco más de veinte años que vive con su mejor amiga en un apartamento de Montevideo. Valentina trabaja de creativa en publicidad, con un jefe que no le cae muy bien ni le paga a tiempo, y su grupo de amigues está formado en su mayoría por artistas y creatives jóvenes como ella. Los personajes son montevideanes promedio, que van a toques under, a bares del barrio, sufren de resaca y de crisis existenciales y las combaten haciendo fiestitas en sus apartamentos donde fuman porro, toman mojitos y alguna otra cosa. El relato agarra más fuerza cuando la protagonista conoce a una chica bastante particular que la saca de un tirón de su comodidad y le hace sentir cosas con las cuales no tiene muy claro cómo lidiar. No tengo intenciones de spoilear, así que me limito a decir que el libro te deja la cabeza dando vueltas en temas como el desamor, el amor libre, el jugársela por alguien cuando sabés que podés terminar lastimada, el sentirse a gusto (o no) con tu vida laboral y con tu vocación, la vida nocturna de nuestros días y algunos excesos que no solemos cuestionar: todos temas bastante recurrentes para gente de veintipico de años que vive el Montevideo moderno.

Leí críticas del libro de gente diciendo que les parecía una historia no digna de contar o intrascendente, o que se romantiza mucho el consumo de drogas o de alcohol. Con respecto a lo último, es bastante realista que hoy en día la mayoría de les jóvenes uruguayes toman alcohol y muches fuman porro o consumen otras drogas. No hay con qué darle, es lo que nos rodea y no está mal querer contarlo desde el lugar normalizado en el cual se encuentra.

Respecto a la otra crítica, yo creo que justamente el carácter simple y cotidiano de la historia es lo que le da su magia; no todos los libros tienen que estar basados en personajes extraordinarios u ocurrencias únicas y épicas.

No todo es ciencia ficción, historia, fantasía o policiales. Así como los músicos se inspiran de cotidianidades y experiencias propias para escribir canciones de amor y desencuentros, Cordón Soho habla sobre cosas con las cuales muchos jóvenes montevideanes de hoy en día podrán identificarse con gran facilidad, y eso le da su gracia: le otorga cierta validez a nuestras vidas cotidianas, que desde nuestras perspectivas pueden parecernos demasiado aburridas o repetitivas.

A veces a nuestra edad nos saca un poco de quicio sentir que estamos haciendo todos los días o todas las noches lo mismo, sentir que siempre vemos a la misma gente  y vamos a los mismos lugares, sentir que estamos de alguna manera estancados entre lo que somos y lo que queremos ser o lo que vivimos y lo que queremos vivir. Creo, desde mi humilde opinión, que este libro nos muestra de alguna manera que nuestras vidas simples que transcurren siempre en la misma ciudad y rodeados de la misma gente, también son dignas de contar; también son interesantes si por un rato nos ponemos en el lugar de audiencia y las vemos desde afuera. Al menos eso me hizo sentir a mí, que no me costó nada ponerme en el lugar de la protagonista, y creo que eso nunca está de más cuando la inercia abunda y es fácil pasar por alto las cosas buenas de la rutina simple que vivimos.

Texto: Martina Vilar

ig

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