Mi culo estriado y yo hemos transitado muchos años de vida juntos. Yo creía que nos conocíamos a la perfección, pero el maldito me traicionó.

Hace unos días, en un probador de una tienda inmunda del shopping, a la que no volveré y no recomendaré a nadie debido a lo desproporcionadamente pequeño de su talle L, descubrí nuevas okupas en mi culo estriado. No, nuevas no, de hecho parecen bastante viejas, pero las acababa de descubrir. Estoy acostumbrada a ellas, las tengo en las caderas, en las tetas (a pesar de tenerlas muy pequeñas), en las nalgas, pero esas no las conocía.

Después del mal humor de probarme ropa y que me quedara fea, me quedé en soutien y bombacha con esa luz que revela hasta el mínimo poro del cuerpo, mientras hacía poses raras para verme en todos los ángulos. Me agaché y las estrías largas me interpelaron. Que no se mal entienda, las estrías son perfectamente normales y hasta queribles, yo suelo acariciarlas cuando me aburro, recorro los surcos que parecen afluentes del Río de la Plata. Pero al verlas me dolió la panza rollienta. ¿Cuantos años he soportado de complejos y comparaciones por desear tener el cuerpo “ideal”?

Hasta los seis años era una niña flaca, pero después empecé a engordar bastante, a veces los varones me decían cosas feas pero a mí realmente no me importaba, I felt pretty fabulous. Alrededor de primero de liceo, se civilizaron un poco y dejaron de decirme cosas, pero ahí es cuando empezó a importarme. A los doce años, a raíz de problemas de comportamiento bastante frecuentes en la escuela, me llevaron a varios médicos, entre ellos al endocrinólogo que me diagnosticó hipotiroidismo: un desorden hormonal que tiene consecuencias como el metabolismo lento y aumento de peso, períodos menstruales irregulares y problemas de fertilidad, entre otros (gracias abuela por heredarme esta tiroides revolucionada). Se sabe que la adolescencia suele ser la etapa más complicada de la vida, en la que todas las inseguridades nos hacen sentir más vulnerables. En mi caso siempre fue compararme con todas aquellas con la que tuviera una diferencia de peso; no se los decía, claro, pero me cuestionaba porque no podía ser una modelo de Victoria’s Secret.

Entonces hablé con mi culo, le dije hoy te quiero más, pero a veces me cuesta cambiar el chip, a veces deseo sacarme un poco de acá y otro poco de allá, pienso que sería más feliz, lo cual diciéndoselo me resulta estúpido. Estar en 2018 y que la gente siga molestando a otres por su tipo de cuerpo me resulta desagradable. Casi toda mujer que conozco quiere cambiar algo de su cuerpo, me imagino que a muchas les pasa. Si sos muy flaca porque necesitas más carne, si sos gorda porque tenes que tener menos, ¿para llegar al cuerpo ideal de quién? Les que nos quieren seguirán queriéndonos, y a quien no nos quiera mejor no tenerle cerca, que se cuelguen de mis nalgas. Mi culo estriado sigue vivo, meneando, disfrutando la comida que se le adhiere, y espero que el tuyo, sin importar como sea, también.

Texto: Martina Vega
Foto: Martina Vilar

ig

 

 

One response to “Mi culo estriado y yo

  1. Muy bueno, me he reído a ratos y ratos me re-corrió el escalofrío de la A.N. pero no es tu caso. Me alegra saberlo. Dicen que el físico perfecto no existe pero hay un camino para redefinirlo: “Queriéndose tal cual somos.”
    Mi hija solía tener un cartelito en la pared: “Feminism saved my life.” y siempre me pareció exagerado porque no veía cómo iba su vida a correr peligro. Pero pruebas abundan y lo que es mejor, ayuda a otras mujeres en su camino.

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