Una conversación con Carolina Gil sobre el arte y la vida moderna

Carolina tiene 24 años y es artista gráfica. Nos juntamos con ella un viernes ventoso de noviembre, de los últimos fríos del año, a charlar sobre arte, capitalismo, su búsqueda personal, sus crisis existenciales y su manera de lidiar con ellas. Se expone bajo el pseudónimo de “Polyester”.

HĒRA: ¿En qué sentís qué consiste el éxito dentro de la ilustración? Más allá de poder más o menos vivir de eso, de vender láminas y remeras, ¿qué implica siendo un artista visual el “irte para arriba”? Porque en otros rubros como la música es más evidente darte cuenta cuando a alguien le va bien.

CARO: No tengo idea, por eso tengo crisis existenciales (risas). La gente que labura de esto supongo que la mayoría vende sus cuadros. Yo si hago remeras o lo que sea es para tener unos pesos, pero no aspiro a vivir de eso, se me cae un huevo. A mi me gustaría simplemente pintar, dibujar y vender eso. El arte por el arte, no diseñar. Pero es la forma que encuentran todos para hacer algo de plata, que ni siquiera te da para vivir.

H: ¿En algún momento te gustaría irte a vivir a otro lado?

C: Sí. Me gustaría porque siento que Montevideo está medio estancada en este rubro. Cuando estuve en Nueva York, la primera noche llegamos re tarde y fuimos al kiosko a comprar comida y en la heladera del local ya había como ochenta diferentes botellas con diseños y dibujitos distintos. Eso obviamente te mueve algo, acá solo está la botella de Salus.

H: En pila de tus dibujos hay referencias a marcas grandes como McDonalds o Coca Cola, al mundo virtual y moderno; a los celulares por ejemplo. ¿Eso lo hacés con intención crítica o como una expresión nada más?

C: Hay pila de gente que me ha dicho que mis dibujos son como una crítica al capitalismo. Puede ser que tenga algo de eso, claramente lo tiene, pero es re limitante decir que es sólo eso. Yo lo hago porque me obsesiona un poco el entretejido visual y de información que está todo el tiempo alrededor nuestro. Por ejemplo la ciudad: la odio y a la vez me gusta porque me inspira en ese sentido. Ver todo el tiempo taxis, carteles, personas; es mucha información. En internet también, no tiene sentido la cantidad de información que hay. Me alucina y no lo entiendo y nunca lo voy a entender pero a la vez me gusta y me vuelve loca. Es algo que vivo y me parece una locura y lo tengo que plasmar. Eso del dibujo de McDonalds con Donald Trump, por ejemplo, lo hice medio como un chiste, como un juego de palabras, pero que lo haya hecho como un chiste no quita que en el fondo demuestra por ahí complicaciones mías respecto a todo eso.

 

H: Y el de “sola” con Coca Cola, ¿también nació como un chiste o refleja cómo te sentías en el momento?

C: Ese ojalá fuera un chiste (risas). Lo hice en un momento en que me sentía realmente sola y estaba tratando de hacer catarsis y empecé a hacer un collage. Tenía una etiqueta de botella de Coca de 600 que rompí, y quedó el “ola” y la pegué, no sé cómo se me ocurrió ponerle la S. Después me pareció re divertido y lo empecé a usar más como chiste.

H: Es un viaje la interpretación de cada uno también. ¿Vos cuando hacés dibujos buscás que la gente interprete lo que quiera o estás intentando decir algo en particular?

C: Es una mezcla de las dos cosas siempre. En general no me siento a dibujar pensando que quiero decir tal cosa o que tenga tal efecto. El dibujo de McDonalds para mí fue un chiste pero a la vez tiene un simbolismo y un significado que aunque yo no lo haya racionalizado obviamente salió de mi y está presente y quizás sí quiera decir algo en un nivel más inconsciente. Eso pasa en todos.

H: Hay algunos temas recurrentes en tus dibujos. Por ejemplo hay varios más viejos que son re sexuales. ¿Esas temáticas fluctúan con el tiempo?

C: Van cambiando, son vivencias. Creo que hay algo de mí, como una esencia, que siempre se mantiene, aunque plásticamente sea distinto. En un momento estaba re traumada con el tema de la robótica y empecé a investigar sobre eso y me re shockeó que ese fuera el mundo real, que esas cosas pasen. En ese momento viajé con eso y me centré en eso. Ahora estoy en ese viaje del entretejido visual. En otro momento estaba con la representación de los cuerpos. Es una búsqueda eterna. Es un juego entre la fantasía de uno con una búsqueda personal y plástica. Cuando empecé a dibujar con este estilo me encasillé un poco y a veces me costaba permitirme salir de eso porque trataba de repetirme a mí misma, hasta que me di cuenta de que no siempre iba a querer hacer lo mismo.

H: Con el tema de los dibujos de los cuerpos, ¿qué te impulsó a hacerlos?

C: Creo que era una exploración de mi sexualidad, un descubrimiento propio y a la vez de rebelarme y decir “esto está bien”. De rebelarme contra todos, mi familia, mis conocidos, para romper con la vergüenza y presentarme a mí misma al mundo de una manera más liberada. Quizás ahora miro para atrás y no sé bien qué estaba buscando, capaz ahora no me identifico con algo tan osado, pero en el momento lo necesitaba.

H: ¿Te pasa que ves dibujos de hace un tiempo y no te reconocés en ellos?

C: Me pasa de verme y de decir “pah andaba en otra re distinta”, pero igual me reconozco. Hay una canción de Juana Molina – no me acuerdo bien de la letra, perdón Juana – que dice algo de que las edades quedan en tu cuerpo o en tu persona y es así. O sea, sí me pasa de ver para atrás y decir “qué raro, en qué andaba acá” pero lo siento mío igual. Siento que tiene conexión con lo que estoy haciendo ahora.

H: En cada forma de arte los procesos de creación varían. Una película ponele lleva años de creación y de planificación atrás. ¿Para vos cómo es?

C: Antes tenía una concepción de dibujar más libremente y como que todo era pura espontaneidad y dejarte llevar y después con el paso del tiempo me di cuenta que en realidad no es tan así. Es un proceso que es espontáneo pero obviamente tu cerebro está activo todo el tiempo, hay momentos en el que está más inhibido en los cuales es algo más de puro descargo emocional pero también hay momentos en los que pienso “voy a poner acá un cartel de no estacionar porque me siento estancada” y lo racionalizo más. Es todo muy mixto.

H: Los dibujos entonces los hacés más en el momento, no te llevan días.

C: Los dibujos en general no, no me llevan mucho. Las pinturas son algo distinto; a veces son espontáneas y duran una hora pero hay algunas que son de varios días, o que las hago un día y pasan dos meses en donde las dejo porque no me convencen y después las retomo. Creo que por eso me encuentro más en el dibujo que en la pintura, porque es algo más espontáneo. Yo soy muy ansiosa y no puedo con los procesos largos. Pero igual está bueno desarrollar eso, por eso me interesa la pintura también.

H: ¿Dibujas cuando te sentís inspirada nada más o lo tomás más como un laburo y te sentás a intentar ver que te sale?

C: En general lo hago más cuando siento la necesidad. Creo que nos pasa a todos un poco en el arte, que sentimos una urgencia, si no no lo haríamos. Lo hago más en esos momentos en los que lo necesito, por lo general es cuando me siento mal. Hay mucha gente que critica la imagen del artista que es artista porque sufre, como que es un cliché boludo, pero en mi caso sucede y me calma pila. Es mi forma de procesar las cosas. Igual también me gusta trabajar pensando, con más prolijidad, como cuando tengo encargues de afiches o lo que sea. Es otra forma de acercarse a eso.

H: A nosotras también nos pasa que siempre que escribimos más es cuando estamos mal, después te lees y parece que todas tus experiencia de vida fueran negativas.

C: Yo a veces he dibujado cuando me siento bien pero no tenés tanta necesidad de hacer nada porque justamente, estás pasando bien. Igual lo que me parece que está bueno también del arte es eso que vos decís de “leo mis cosas y todas son tristes, qué horrible”. No sé si es tan horrible. Tenemos esa concepción de la alegría está bien y la tristeza es un bajón y está mal.

H: Claro, como diría un amigo nuestro, “existir duele”.

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H: ¿En qué momento empezaste a dibujar?

C: Dibujar dibujo desde niña, pero a darle bola en serio empecé el año pasado. Fue un momento de dejar de negar que el arte para mí es básicamente mi vida, y por eso me fui de la facultad también porque en realidad no quería hacer eso.

H: ¿Y cómo forjaste tu estilo propio?

C: Antes nunca me conformaba del todo, intentaba hacer algo mucho más prolijo de lo que hago ahora. Miraba mucho dibujo japonés, intentaba copiar los rostros, todos detallados, perfectos. Medio que lo lograba pero era algo que no me identificaba mucho, yo estaba buscando la perfección y claramente no resultaba. Y no sé, fue en un momento de descubrimiento, no sé bien cómo sucedió, simplemente sucedió.

H: Sentiste esa necesidad de primero hacer las cosas bien de forma más clásica en un principio y después romper todo.

C: Sí. Fue aceptar que eso era lo que tenía para ofrecer, “esto es lo que me está pasando, esto es lo que me gusta”. También parte de que a mí también las cosas convencionales me aburren. Me interesa la creación de cosas nuevas. Las cosas que ya existen, ya existen. Perpetuarlas no tienen mucho sentido. Bah, o sí. Tanto en el arte local y mundial hay mucha ilustración del mismo tipo, y antes yo sentía que eso era inútil, que no aportaba nada. Pero con el paso del tiempo también me di cuenta que en realidad es súper válido, que es mucho mejor que estés haciendo algo que ya existe a que estés haciendo cualquier otra cosa nociva para la sociedad. Además creo que cada uno tiene su rol en la sociedad, cada uno tiene su visión para aportar. Que sigas haciendo dibujos similares a lo que ya existen también hace que todo se siga desarrollando culturalmente. Es una construcción y es válido que cada uno exprese lo que quiere expresar como le salga.

H: ¿Alguna vez te sentiste vulnerable por mostrar tus dibujos?

C: Sí, obvio. En las primeras exposiciones que tuve, que aparte estaba en una época donde mis dibujos eran súper sexuales, me daba mucha vergüenza. No tanto con gente joven, si no cuando caían adultos o padres de amigos. Pero a la vez, me reconfortaba. Es eso que buscaba mostrar: “esto existe, la sexualidad existe”. También me ha servido exponerme para generar seguridad en mi misma y aceptar que somos todos humanos, somos todos ridículos, somos todos deformes, somos todos frágiles e imperfectos. Me parece que está bueno exponerse así para ayudar a los demás a exponerse así, así como también hubieron otros miles de artistas que lo hicieron y me ayudaron a mí a hacerlo. Obviamente siempre hay  momentos en los que te sentís más vulnerable o expuesto porque no dejan de ser mis sentimientos y no deja de ser plausible que te juzguen y obviamente a todos nos da miedo eso.

H: Yendo al lado de la música. Después de los Nietos de Iván [banda donde Caro era cantante], ¿te pasó de tener ganas de seguir haciendo música?

C: En realidad me encanta la música, escucharla y hacerla. Tengo un cuelgue muy experimental y he seguido haciendo cosas pero casi no las comparto. También me pasa que ahora estoy más dedicada al dibujo y eso me sacia desde el lado de la expresión. Pero tengo momentos en que vacilo entre una y otra. Es raro igual; con la música me siento mucho más expuesta porque lo que hago a mi me encanta pero sé que a mucha gente no le va a gustar, y no me importa porque es para mí en realidad. Pero es difícil encontrar gente que comparta tu contenido; creo que por eso a veces nos sentimos solos en el sentido artístico. Me encantaría por ejemplo tener una banda y hacer música re deforme pero no he conocido a alguien que esté en la misma vibra.

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H: Claro, pasa que el arte es para compartir en cierto punto.

C: Sí, yo creo que es medio mentiroso eso de “lo hago para mí y ta”. Eso viene acompañado de que da vergüenza mostrarlo, casi siempre. Es verdad que siempre cuando es algo tuyo te da vergüenza pero también cuanto más tuyo es, más debes compartirlo porque es eso: es lo más valioso. Esa exposición es como una humanización por así decirlo.  

H: Es un poco la gracia del arte, poder conectar con otra gente a través de él. Siempre hay alguien que le gusta lo que hacés, va más allá del cumplir con ciertos parámetros de lo que está convencionalmente bien o mal. Por eso es tan complejo el tema del crítico.

C: Es que la existencia de los críticos de arte me parece el bolazo mas grande del mundo. Es como, bueno ¿y vos qué haces, además de criticar? Es algo tan personal, no tiene por qué tener un sentido. E incluso si no tiene un sentido aparente, probablemente lo tenga. A veces el sentido de las cosas se entreteje de maneras que no vemos. Es natural tener opiniones de algo, tanto negativas como positivas, pero a la vez siento que es tramposo eso de juzgar al artista. Por ejemplo cuando un músico saca un disco y dicen “no hubiera hecho nada más, es una mierda lo que hizo”. Yo que sé, no tiene porque ser bueno ni siquiera, simplemente esa persona está pasando por ese momento y necesita expresarlo y no te debe nada a vos. Déjalo tranquilo hacer lo que quiera. A mí me ha pasado que se me acerca gente por internet a decirme cualquier boludez sobre mis dibujos, por suerte pocas veces, pero ahí te das cuenta cómo cuando sos artista y te exponés la gente ya cree que te conoce y en realidad no tienen ni idea de donde parten esos dibujos, no conocen a la persona.

H: ¿En qué te han criticado a vos?

C: Una vuelta dos personas se me acercaron a decirme un mensaje parecido solo que uno fue en una mala y otro en una buena. Me dijeron que en realidad yo me quejaba del capitalismo pero que reproducía imágenes del capitalismo como el logo de McDonalds, la Coca Cola. Y es tipo “bo, amigo, no tenés ni idea”. Claramente a mi me hace sufrir un montón el capitalismo pero por algo también necesito sacarlo y no tienen idea de donde parte. Es mucho más complejo. Están agarrando un vistazo de algo y juzgando con cero información. Y me pasó en ese momento que entré en una crisis creativa donde dije “pah, es verdad”; medio que me adueñé de su discurso y empecé a reconsiderar lo que estaba haciendo y lo que estaba transmitiendo. Y ahí me re tranqué y estuve unos meses casi sin producir o produciendo cosas que al final no me gustaban porque las racionalizaba demasiado.  Hasta que en un momento llegué a la conclusión de que si necesitaba dibujar una botella de Coca, lo iba a hacer. Capaz que no cambia al mundo, capaz que no te gusta, capaz que es nocivo reproducir esas imágenes, pero es lo que necesito hacer ahora, y si no seguís produciendo te trancás. Tenés que seguir haciendo lo que te salga para evolucionar a otra cosa.

H: Es lo que tiene la exposición, te exponés a que te afecten las críticas.

C: Claro. Hay momentos en los que estás más fuerte y esas críticas las ignoras o no te importan pero hay momentos en que ta, sos frágil y sucede.

H: ¿Te han pasado en facultad ese tipo de cosas? De que un profesor te saque completamente las ganas de algo por ejemplo.

C: Sí. De hecho yo ya estaba pensando en dejar facultad y tuve una discusión con un profesor que básicamente fue súper violenta de su parte y me re expuso frente a todos mis compañeros. Yo siento que todos tenemos un conocimiento válido y a veces no es de la forma convencional y siempre se exige de uno que sea de tal manera, como pasa en el ambiente académico. Este profesor por ejemplo me insultó porque le parecía que yo no estaba cumpliendo con la parte más investigativa del trabajo, que no es mi fuerte ni dónde está mi interés. Ni siquiera había visto mi trabajo y se quejaba de que no estaba cumpliendo ese requisito. Me sentí disminuida por no ser como esperaban que fuera, y eso es re frustrante. No valoran lo que cada persona tiene para aportar. Creo que todos tenemos pila de cosas para decir y aportar que en ese molde se pierden. Eso es lo que me molesta de las instituciones. También me molestaba de facultad el clima de miedo que hay. Están todos callados, súper tímidos, nerviosos. Está bien, es humano, a mi también me pasa, todos tenemos vergüenza y miedo, pero no quiero ser parte de ese ambiente, porque siento que no va a salir nada auténtico ni bueno de esa búsqueda. No hay mucho: te incitan a hacer lo básico, lo que vende, algo normal para que apruebes y te vayas. No hay mucho lugar para proponer.

H: Capaz que tu forma de crear no es compatible con una institución y sentías que tenías que hacerlo por la presión de tener un título. Además vos dijiste que ya pasaste por esa etapa más convencional y ahora estás en otra.

C: Eso, yo sentía que me estaban haciendo retroceder. Y es un embole porque creo que hay mucha gente tiene ganas de hacer cosas pero en las instituciones que existen no encuentran lugar para hacerlo… Igual también es un viaje la vida fuera de las instituciones. La gente construye su vida, tristemente, en base a un trabajo y una carrera, y cuando no estás en ninguno de esos ámbitos, es raro.

H: Es que la rutina te da seguridad. También tenemos el concepto heredado de nuestros viejos de que tenemos que tener una vocación, una carrera y un laburo estable, porque si no estás en el horno. Y es difícil vivir por fuera de eso sin sentir miedo o frustración.

C: Claro. En eso estoy.

 

Pueden encontrar a Caro en Instagram, @p0lyest3r

Ilustraciones: Carolina Gil
Fotos: Martina Vilar

 

ig

One response to “Entre arte, edificios y lágrimas

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