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Las nominaciones del Oscar fueron hace ya un par de días, y entre las películas que compiten por el galardón de Mejor Película, se encuentra A Star is Born. Todes y sus padres han escuchado hablar de ella, el debut de Bradley Cooper como director, siendo protagonizada por él mismo junto a Lady Gaga. Es una decisión inteligente la de dirigir una adaptación como primera película; siempre trae consigo a sus anteriores seguidores, y pica la curiosidad de ver con qué óptica va a ser encarada por el nuevo director. Con A Star is Born puntualmente, esta es la cuarta vez que pasa. Hay cinco encarnaciones de esta película, la original datando de 1937. Debo confesar que no he visto ninguna de las anteriores, pero según lo que he leído todas tratan más o menos de lo mismo: una artista aspirante que se enamora de un artista consolidado pero con problemas de consumo, que la ayuda a ascender a la fama. No suena como un argumento muy original para ser adaptado cuatro veces, y para ser honesta, no lo es, pero la versión del 2018 al menos, es una buena película de todas formas.

A pesar de mi opinión respecto a la calidad del largometraje en sí, tengo mis reservas para con su mensaje. Cuando la ví hace unos días en el sillón de mi amiga, en la primera mitad cuando Ally (Lady Gaga) conoce a Jackson Maine (Bradley Cooper) ambas manifestamos sentirnos ligeramente incómodas. Jackson, cantante de country/rock que llena estadios, termina a parar en un bar de transformismo de baja gama, donde no te esperarías encontrar a una celebridad. Allí ve una interpretación de La Vie en Rose por Ally, lookeada ligeramente como una bioqueen, y le cuelga tanto que va al backstage a conocerla. De ahí en más Jackson no hace otra cosa que presionar a Ally a hacer cosas que manifiesta no querer hacer o no estar preparada para hacer. Le insiste para tomar algo después de conocerla. Le insiste para que asista a su show en otra ciudad. Le insiste para que cante arriba del escenario. Cuando la deja en su hogar por primera vez, luego de su primer encuentro, ya amanecidos, baja la ventanilla y le dice, totalmente borracho “quería verte otra vez antes de irme”. Mi amiga me miró con cara de asco y me dijo, “boluda, que creepy”. Yo estuve de acuerdo, si el tipo en vez de ser un cantante famoso, fuera un cualquiera que conociste en el boliche la noche anterior, no resultaría enternecedor para nadie. Pesado sería una palabra media blandita para describirlo.

Obviamente nunca sentimos a Jackson como una amenaza, es un tipo famoso, rico, atractivo, sensible. A pesar de que toma todos los “no” de Ally como “sí” (al punto que lleva a un chofer para que la espere fuera de su casa hasta que finalmente acceda a ir a ver su show a otra ciudad) el dúo termina enamorándose. No se siente extraño, no se siente “creepy”, parece un amor genuino y emocional. Terminamos aceptando la insistencia de Jackson como un empujoncito para una inicialmente tímida Ally, ahora que lo conocemos. Mientras vamos comprando a los personajes y a su amor, también empezamos a ignorar otras cosas. Yo, por ejemplo, me di cuenta recién al leer una reseña algo que no había notado visionando la película. En un momento, después de que la adicción de Jackson empeora y tiene una recaída tan terrible que se pierde el primer show de Ally, ella toma un vuelo y lo va a buscar, prometiéndole que es la última vez que cuida de él de esa manera. Jackson, horas después, le propone matrimonio. No nos damos cuenta a primera vista, lo hace de forma súper romántica y peliculesca, haciendo un anillo con una cuerda de guitarra; pero puede interpretarse como una jugada algo manipuladora. ¿Me estás diciendo que no vas a bancar más que me mame hasta la inconsciencia y no aparezca por días? En las buenas y en las malas es ahora, cariño.

Ally, así, decididamente sigue al lado de Jackson a pesar de sus humillantes y públicas recaídas. En una ocasión, mientras ella acepta su primer Grammy, él se sube al escenario notoriamente ebrio y se mea encima. Ella termina, también, cancelando toda una pata de su tour mundial para quedarse a cuidarlo luego de que él sale de rehabilitación.

Todo esto podría ser realmente perdonable en una película, Jackson sufre de una enfermedad: la adicción, y no actúa como una persona sana. De hecho también, se denuncia en cierto punto la concepción de la masculinidad tóxica y lo “anti-rock”. Hay un momento en que vemos a Jackson peleando con su hermano de forma física y verbal, echándose cosas en cara, pero nunca pudiéndose confesar realmente qué es lo que ambos sienten. No se acepta como algo normal, sino como el sufrimiento de dos hombres que han tenido que ponerse en el lugar de descapacitados emocionales. Sin embargo, si el personaje de Ally estuviera una fracción de lo desarrollado que está el personaje de Jackson, quizás todo esto podría zafar, o incluso ser visto como comentario social. Para una película con el nombre “A Star is Born”, “Nace una estrella” en español, une pensaría que la película trata de eso, de la estrella que nace. Ally ni siquiera tiene apellido hasta avanzada la película, no interactúa con ninguna mujer salvo cuando acepta su premio Grammy, y a pesar de que Lady Gaga la trae a la vida en algo que es realmente una tremenda hazaña, su personaje no tiene casi contenido.

El desarrollo del alcoholismo y la caída en picada de Jackson está maravillosamente logrado. Para todes les que alguna vez hemos visto la adicción de cerca, no cabe duda de eso. Jackson tiene una enfermedad, un trasfondo de su niñez, problemas con su hermano, una carrera exitosa. Ally no tiene nada de esto, su arco de transformación se limita a enamorarse. No tiene trasfondo, ni real profundidad, ni sustancia por sí sola. Se supone que tenemos que aceptar que esta chica tan talentosa salta a la fama solo por su asociación con otro hombre, que habiendo escrito temas tan increíbles y sentidos se resigna con hacer temas pop, teñirse el pelo y tener bailarinas de fondo. No digo que nada de eso esté mal, pero no es el personaje.

Cuando Ally salta a la fama y empieza a pegarla con su música, Jackson se encuentra decididamente celoso. Sus recaídas vienen casi siempre de la mano de la desaprobación que siente hacia la música que ella hace. Nosotres como audiencia, en cierto punto podemos coincidir, no porque el pop sea malo sino porque no parece ser lo que Ally quiere en absoluto. Estuve hasta el final de la película pensando que terminaría, de alguna forma, con ella reencontrándose con su voz. Ese momento nunca llega, y nunca sabemos qué piensa ella al respecto. Al principio desafía a su manager echando a sus bailarinas, al principio niega teñirse el pelo. Pensamos que todas estas decisiones están construyendo algo, y que, cuando termina sucumbiendo, es para después volver. Eso nunca pasa.

A pesar de que compartimos la frustración con Jackson, su frustración también va por otro lado. En algún punto, si que tu esposa haya elegido seguir un camino musicalmente más popular te hace recaer en la adicción, hay algo mucho más oscuro dentro tuyo que solo querer que logre ser ella misma. En una escena sumamente hiriente de la película, Jackson, completamente ebrio, insulta a Ally. A pesar de que ella haya compartido muchas inseguridades con él, y él la haya validado, en esta oportunidad la llama “fea”. Fea con desprecio, como diciendo, “¿pensás que podés bailar y cantar pop como una sex symbol siendo no canónica? Yo te valido encontrándote atractiva, es un favor que te hago, pero no sos atractiva, no objetivamente. Volvé a hacer música sentida porque lo otro no te cuadra”.

Todas estas circunstancias las vemos solo por los ojos de Jackson, y al final, cuando se siente miserable y culpable por todo a lo que ha sometido su esposa, se suicida. No puedo hablar mucho de este final, ya que tengo muchos sentimientos encontrados. Entre ellos que no es un final atípico para alguien que sufre de esta enfermedad, pero también que lo haga para “liberar” a Ally y que ella pueda continuar con su carrera, implica que el sueño americano de la fama significa más que la vida de la persona que está al lado tuyo. Como uruguaya esa intención me resulta cliché de la forma más hollywoodense que existe.

A Star is Born no es realmente una película machista. Tiene muchos momentos iluminados que he nombrado arriba, y está muy bien actuada, dirigida y musicalizada. Lo que siento es que toda la atención mediática que ha recibido Lady Gaga por lo que aparenta ser un personaje femenino fuerte y tridimensional, no es realmente así. Ally parece ser fuerte como personaje al principio por cómo se maneja e interactúa con la gente, por su apariencia física, por el hecho de que cante en francés en un bar de drag queens. Sin embargo durante toda la película vemos el poco poder de decisión que tiene como personaje, no por Ally en sí misma, sino por el hilo dramático del film en sí. Estoy segura que su personaje sería súper rico, si la película se molestara en desarrollarlo. Gaga la encarna tan acertadamente que la hace sentir una persona real, pero si prestamos atención, no la conocemos, ni sabemos nada de ella, de su pasado, de su sentir, de sus intenciones artísticas, de sus planes de vida. Solo sabemos que ama a Jackson, mucho, mucho. Que un hombre descubra a una mujer y “la haga famosa” no está mal, pero sería bueno ya que es la quinta vez que esta película se hace, qué fuera al revés para variar un poco. ¿No?

Texto: Florencia P

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