Julia Wels es una productora, gestora cultural, música, y más que nada persona ocupada de 20 años que creó y conforma el proyecto de difusión de música emergente, Under uy. Canta además en su proyecto solista, Julia Wels y los Efímeros, que ganó la última edición de la Movida Joven. Nos juntamos con Julia un domingo en el Patio Andaluz unas horas antes de su turno laboral, para charlar de los modelos en la música, de trabajar hasta desmayarse, y cómo el arte atraviesa vínculos.

¿Estudiás gestión cultural no?

JULIA: Ahora me acabo de cambiar a la Facultad de Información y Comunicación (FIC), de vuelta. Hice un semestre de la FIC, después dejé porque no me copó tanto, fui parte del filtro, y ahí tuve medio año libre donde surgió Under para tener algo para hacer. En 2018 hice gestión cultural, pero lo mío no es la privada, entonces dejé. Me encanta la carrera, y la disfruto mucho como para tener que trabajar para bancarla y que el laburo me saque tiempo para estudiar lo que me gusta.

Además gestión cultural como producción también lo aprendes haciendo, es más que nada práctico, y eso ya lo hacés.

J: Sí, y creo que gestión tiene pila de comunicación también, y si hago algo de producción funciona.

¿Cómo te ves trabajando de esto en Uruguay como productora y gestora?

J: En gestión cultural acá hay muy pocos puestos para trabajar ocho horas. De hecho no existen las ocho horas, es un laburo constante, 24/7. Gestión se puede aplicar mucho en proyectos personales también. Tiene sus cosas buenas y malas, porque si un mes no andas bien lo bancas con tu plata.

Es una carrera bastante inestable digamos, te puede ir bien como te puede ir mal, no siempre depende todo de vos tampoco. ¿Te sentís cómoda en esa posición de incertidumbre?

J: Lo veo como parte del trabajo, pero también por eso existe Under: tengo la ilusión de que si crece se transforme en algo estable que de plata todos los meses. Aunque sea mínima, y tenga que seguir trabajando en un call center.

¿Cómo surgió Under?

J: Surgió con mi viejo, cuando yo estaba en bachillerato, en 2016. Queríamos hacer algo estilo “Pardelion” pero para músicos poco high, una plataforma que sirviera a artistas nuevos. En Uruguay, hace muchos años los artistas están en el mismo lugar y no hay intercambio, tenés pocas expectativas. Por dos o tres meses desarrollamos el proyecto, lo desarrollé yo y él era el que me decía qué necesitaba en sonido. Cuando planeamos el lanzamiento hicimos un toque y nos fue muy bien, entonces cambiamos el proyecto a uno que fuera de hacer toques. Era algo que funcionaba y le servía a las bandas.

¿Cómo se manejan para elegir bandas?

J: Hay un formulario de inscripción en la página web. La hice pensando “ta, la abro por si alguien se quiere anotar”. A las dos, tres semanas, ya había ochenta inscriptos.

¿Cómo es para vos ser una productora joven? ¿Cómo es el trato para negociar? ¿Te llegás a sentir intimidada?

J: Hay dos reacciones, una de sorpresa positiva y otra de desconfianza. Con el tiempo empecé a buscar la manera. No me manejo mucho por redes sociales porque se nota que soy chica y que soy mujer, entonces prefiero ir en persona.

¿Sentís que ser mujer joven te limita en la gestión cultural o en la música? ¿Te sentís intimidada cuando trabajás con gente más experimentada, sobre todo hombres?

J: En la música no siento que me limite tanto porque fue fluyendo mucho y siempre busqué lugares con los cuales tenía contacto. Pero en gestión cultural sí, sobre todo porque cuando empecé tenía 18 años, y los productores conocidos son hombres de cuarenta, cincuenta años, los más grosos. Sobre lo de sentirme intimidada, depende en qué. Muchos de los laburos que tuve que no eran proyectos propios, eran institucionales. Y en ese caso, la incomodidad pasó más por lo institucional, por el hecho de que todavía no me siento tan experimentada o que conozco lo suficiente para estar ahí, pero no lo asocié a ser mujer o ser chica en su momento.

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Julia en Ideas +, diciembre 2018. Fotografía por Martina Vilar

¿Cómo empezaste con la música, a cantar?

J: No lo recuerdo mucho. Mi viejo es músico entonces desde muy chica iba a sus ensayos todos los jueves y me encantaba. Las primeras veces que me subí a un escenario fue con la banda de él o en cosas del colegio. Después se sumó mi hermano. Él era un anti y a los 17 de la nada empezó a tocar la guitarra y en dos meses la profesora le dijo que ya no tenía nada más para enseñarle y yo pensando tipo “yo vine toda la vida bo” (risas). Después mi hermano empezó a tocar en vivo y a mi me picó el bichito y quise hacer lo mismo.

¿Y a componer? ¿Cómo es tu proceso?

J: Cómo empecé no tengo ni idea. Tiraba cosas y quedaban horribles hasta que un día quedaron bien. El otro día justo estaba viendo papeles de hace mil años y tenía canciones de 2010 que eran horribles. Después empecé a componer en inglés que era una buena excusa para que mis padres no entendieran las letras y ta, además, siempre fui chica de Disney Channel. Debo admitir que una vez fui a una audición de una empresa que vino que se llamaba I-Pop. No busquen el año igual porque fue hace relativamente poco (risas).

Es que es así, estamos súper acostumbradas a que el modelo del éxito en la música que tenemos de chicas sea súper yanqui.

J: Tal cual. Ojo, hay una industria muy grande de gente que hace covers y le va muy bien. De hecho ganan bastante más que muchos cantautores. No lo miro mal ni a palos, pero sí creo que hay un modelo muy yanqui que todos nos creemos al principio. Me pasó ayer concretamente que fue Florencia Núñez a la tienda donde trabajo y me preguntó por unas cositas para marcar copas de vino. Yo quería decirle que la amaba y la admiraba y quería un autógrafo de ella o lo que sea, re fan yanqui, pero lo que le dije en realidad es que no teníamos los cositos para las copas (risas). Acá no se ve mucho ese tipo de fan, los tomamos como algo invasivo.

¿Te parece que hay compañerismo en la música? ¿Cómo sentís el vínculo con otres artistas más o menos consolidados?

J: Yo siento que es todo muy cercano. Depende de quién hablemos, ayer Florencia Núñez me contestó un tweet ponele. Con Franny Glass, Fede Julen, también he hablado por ejemplo. Pero ya tipo La Vela, No Te Va Gustar y eso son otra cosa, aunque sigan siendo accesibles.

Además vos por Under estás tratando todo el tiempo con pila de bandas.

J: Sí, igual con Under he trabajado con las que se inscribieron en la página. Con bandas conocidas no mucho.

¿Qué planes a futuro tenés para Under?

J: Ahora recién hace una semana estoy trabajando con un amigo de gestión cultural, lo cual es un alivio. En un momento empecé a tener muchas actividades como siempre a principio de año y más ahora que laburo hasta tarde, pensando a futuro, si salgo a las diez de la noche no hay prueba de sonido ni nada, así que necesito a alguien que esté conmigo. Mis expectativas son poder hacer toques más grandes y menos seguidos, con mayor impacto, mezclar gente más conocida para llegar a otros públicos.

Es que la idea de producir bandas no conocidas es muy linda pero no da mucho lugar para crecer, porque la gente que apoya son siempre amigues. Y también es difícil bancar proyectos por amor al arte que no den plata, porque cualquier persona que estudia y trabaja tiene poco tiempo libre como para dedicárselo a hacer que un proyecto crezca de cero. Es mucho laburo.

J: Claro, yo el año pasado mientras no conseguía trabajo lo que hice fue intentar dedicarme a Under y tratar de sumar proyectos que me gustaran. Laburaba todo el tiempo obviamente;  me estresaba, ganaba poco, pero hacía cosas que me gustaban. Y debo admitir que mis viejos me re bancaron, porque sin un sustento económico no existe. Incluso poner 50 pesos en publicidad para un toque ya es un gasto de tu bolsillo, ya empezás en rojo. Lo que hice fue eso, intenté llenarme de proyectos que me encantaran. Este año lo que me pasa es que considero que para crecer necesito esa plata básica por mes para invertir, para ganar en difusión y generar más público.

Son laburos con pila de estrés y a los cuales le dedicás pila de horas, es un garrón no ganar plata nunca con eso.

J: Yo he tenido picos de estrés, me he desmayado y todo. Pero sé que me gusta. Son momentos, se va regulando. En cuanto a la plata, a veces hasta peor que no ganar, terminás perdiendo. Me acuerdo el año pasado que en un momento hicimos dos fechas una atrás de la otra: la primera llovió mal, y la segunda hubo temporal de Santa Rosa. Había estado soleado toda la semana.

Considerando que en Uruguay no hay mucha plata para eso, ¿tenés algún plan de irte a algún lado a probar suerte o querés instalarte acá?

J: Ojalá pueda cruzar el charco, pero ahora sé que está difícil, macrisis (risas). Con todos mis proyectos quiero irme a Argentina. Hay una realidad, allá un artista local puede hacer lo equivalente a un estadio Centenario, y acá un artista local no puede. Por la cantidad de gente, y porque aunque hagas ese toque no te va a sustentar todo el año. También pasa que son pocos los lugares para tocar, y muchos de los de siempre están cerrando, como Amarcord y Solitario Juan. La verdad me encantaría poder hacer seis meses en Argentina y seis acá, con producciones funcionando en ambos lugares. Me pasa que tengo un arraigo cultural con Uruguay que no podría dejar. No me podría ir a, no sé, Italia.

¿Nunca tuviste el sueño boludo de irte a Estados Unidos a vivir de la música?

J: Fui a I-Pop, volviendo al tema. Tuve un tiempo de transición entre cantar en inglés y en español. Yo sentía que mis canciones en inglés estaban buenas y que era lo mío, hasta que llegué a una canción en español que escribí y me gustó, que se llama “Bloqueo mental” y sirvió como una especie de transición. Ahí fue cuando dije “pah, esto se siente de verdad mío”, no una canción a la que tengo que corregirle la ortografía.

¿Qué música escuchás? ¿Cuales son tus influencias?

J: Mi vieja siempre fue muy de Soda Stereo, Spinetta, Jorge Drexler. Y mi viejo escuchaba Eduardo Mateo, Fernando Cabrera… Incluso mi viejo en la casa donde vivo ahora tenía una especie de bar en la que hacía encuentros de músicos, iba a tocar un viernes, no sé, Fernando Cabrera, y estaba Laura Canoura. Se movía en ese rubro. Yo nunca llegué tanto a vivir eso porque tendría como cuatro años, pero siempre escuché las historias. También en mi casa aman a los Beatles, si vas te das cuenta porque hay cincuenta mil cuadros suyos. Esas son las que me criaron, pero ahora escucho más bandas tipo Usted Señalemelo, Él Mató Un Policía Motorizado, Delfina Campos. También de las bandas que se inscriben en Under he aprendido un montón.

¿Qué planes concisos tenés respecto a tu carrera musical?

Me gustaría hacer un disco. Estaba trabajando con un productor pero ahora se va del país, entonces no va a salir eso, pero sí va a salir un disco. Este año lo quiero terminar con uno grabado. Mi productor una vez me dijo algo que me parece que está muy bueno, que es que mi proyecto tiene que ser en esencia mío, pero que en cada toque tenga una barra de músicos que pueda elegir, según donde sea el recital, las necesidades. De ahí “los Efímeros”.

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Ganando Movida Joven, ¿sentís que ganaste un poco de público?

J: No, de hecho fue solo mi viejo y mi vieja a verme a la Zitarrosa, ni siquiera fueron los Búhos [banda de la que Julia es manager] que van siempre, porque tocaban en otro lado. Y era mi cumpleaños, o sea… vamo’ arriba (risas). Tampoco podía pedir mucha gente, a ver, tocaba tres canciones. No gané la Movida por público igual… no sé por qué la gané, porque no me lo esperaba.

¿Cómo funciona Movida Joven, entonces?

J: Es un concurso en el que ganan tres personas, de treinta pre-seleccionados. Vos te presentás con una grabación. Fue muy gracioso eso porque me inscribí con dos grabaciones del celular y después me dijeron que la práctica de la carrera de gestión cultural era ahí. Cuando fui a la charla que tuvimos antes dije “ta no, me desinscribo, chau”.  Soy un poco perfeccionista y no estaba conforme con la calidad de mi grabación. Rompí el papel, les avisé que lo había roto, pero quedé igual. Cuando quedé obvio que decidí tocar, y fuimos con todos los Efímeros. Yo gané en canto, no en música. Creo que parte de lo que fue ganar fue la composición, porque había mucho karaoke, muchos covers.

¿Qué onda con ser solista? Más allá de tu banda, que como vos decís, son efímeros, ¿qué sentís respecto a poner el cuerpo, a que la gente sepa que tus letras son tuyas, que la música la componés vos? Siempre hablamos de la exposición, pero cuando producís arte visual ponele, es algo que vos generás y mostrás. Cuando te subís a un escenario a cantar te estás mostrando a vos misma, es más fácil el escrutinio.

J: Es algo que me es natural, porque es natural en mi familia. Mi vieja no es música, pero también canta. Siempre me rodeé de esa gente que podía. Mi viejo siempre le decía a los integrantes de una banda que él tenía que yo cantaba bárbaro. Yo era muy chica y me daba tremenda vergüenza, las mujeres que cantaban en la banda cantaban increíble. Me pasaba eso hasta que un día canté una canción, me re acuerdo, en un ensayo. Obvio que les gustó porque soy la hija del batero (risas), pero eso desencadenó que una vuelta que tocaron en Durazno me invitaran a hacer unos coros, que recuerdo hice muy mal pero no importa. Fue la primera vez que dije “lo voy a hacer, porque si yo quiero hacer esto, lo necesito”. Yo tendría once años y desde ahí no fue tan mal. Con la exposición en general, me pasa que las canciones son algo que siento en el momento que las hago, pero luego se convierten en algo exterior a mí, yo las estoy interpretando nomás. Me dan ganas de mostrarlas, no porque sean mías, sino por cómo las siento desde el lado de la interpretación. Me da más cosa la exposición en esta nota, de repente, donde muestro más mi personalidad. Yo admito que tengo ego, pero siento que es necesario para lo que estoy haciendo. Si no crees en tu música, si no te gusta lo que hacés, no llegás. En producción sos solo vos ahí, nadie te dice si estás haciendo la cosas bien o mal. La gente que me conoce sabe que no es que las tenga todas, me falta un montón. Cuando hablo en una nota lo hago desde el lado que yo creo en mis proyectos, y nada más.

Siempre que hablamos de la exposición la devolución que obtenemos es que a las artistas jóvenes les da “pila de cosa” o les intimida mostrarse, pero también es muy valioso que vos digas “creo en lo que hago y no me genera inseguridad subirme a un escenario”.

J: Es muy uruguayo eso, “mirala, cree en su proyecto, tremenda egocéntrica”. Para mí no hay otra.

El arte a veces es competitivo, y académicamente también es muy común que te compares con otro y te sientas mal explicitando que te gusta tu arte. Pero si no actuás como si así fuese es difícil que te vaya bien.

J: Siempre me persigue el tema de que los músicos no quieran mostrarle al mundo que escuchan su música. Yo re escucho mi música, sino no la sentiría. Si no me naciera escucharla siento que no tendría sentido. ¿Por qué al otro le va a surgir escucharme si ni a mi me surge? Además obviamente es parte del trabajo de hacer crecer las canciones, si no la escuchás bastante no vas al detalle de que puede cambiar.

¿No vas a hacer un EP de las canciones que ya tenés escritas?

J: Siento que las canciones que tengo forman parte del disco que quiero sacar. Entonces es a todo o nada. Podría sacar un single o algo por el estilo.

Ojalá saques un single para poder usar en cortometrajes, lo estamos explotando pobre a Franny Glass, siempre le pedimos sus temas, son muy ese estilo (risas)

J: De hecho mi primer toque fue con Franny Glass, y es una gran influencia mía. Me acuerdo que fue pila de gente también porque era la primera vez que yo cantaba, y tuvo convocatoria, entonces estaba re nerviosa. Antes de salir al escenario estaba con la cabeza en plan “no puedo hacer esto, no quiero”, y Gonzalo [nombre de pila de Franny Glass] me dijo “vos lo que tenés que hacer es tomarte un vino”. A mi no me gustaba el vino entonces me sugirió un whisky, solo un vaso, como para no emborracharme. Yo me emborrachaba igual si me lo pedía. Ese intercambio estuvo demás, tremenda onda.

Está bueno ese compañerismo y que la gente más consolidada sirva a veces como una suerte de mentor, porque al final todes estuvieron en la misma que vos. Está bueno que puedan reconocerse un poco en vos, aunque ahora les vaya bien.

J: A mí lo que me da mucha cosa es el tiempo uruguayo de poder vivir de la música; porque vos ves la gente que vive de la música acá y tienen a partir de 35 años y familias formadas. Yo pienso que me faltan 15 años para llegar ahí… Con la gente de Búho siempre hablamos de todo lo que implica grabar un disco y que está demás pero que nunca sabés a dónde va a llegar. En cierto punto, todo el esfuerzo, toda la plata, todas las necesidades que tenés que cubrir para tener un disco no te garantizan que la gente lo escuche. Obvio que tenés la esperanza y la expectativa pero grabás un disco hoy, y capaz a la gente llega muchos años después, o capaz que nunca le llega.

Claro, pero la gracia del disco es esa, que queda registrado y vos seguís tu proceso.

J: Por eso me gustaría terminar el año con el disco grabado; porque creo que además para poder cerrar una etapa de la composición, la estética y el sonido que busco ahora, necesito eso. Así puedo dar lugar a otras cosas también, porque en el concepto de este disco quedaron varias canciones afuera por razones de estética, por temática, que siendo un primer disco es un requeche de muchos años, los cinco años de los 15 a los 20. Todo lo que madurás, lo que hablás a partir de ahora, son cosas muy distintas.

¿Vas a conseguir otre productore para tu disco?

J: Tengo ganas de hacerlo yo. Me gusta mucho y siento que a mi amigo que me iba a producir lo cargué con una responsabilidad muy grande. Yo escribo con mi guitarra sola, entonces además de producirlo tenía que hacer los arreglos de guitarra y muchas otras cosas. Mi viejo y mi hermano me sentaron y me dijeron que lo estaba sobrecargando mucho.

Qué viaje ese nivel de presencia de tu familia en tu música.

J: Está demás. Con mi viejo a pesar de que nos llevamos bárbaro, el 70% de la relación va por la música. Hace añares que no vivo con él y los momentos que tenemos juntos son almorzar e ir a grabar algo, o ver grabaciones viejas. Con mi hermano lo mismo, la música es lo primero que nos acercó, antes nos llevábamos muy mal, no nos hablábamos directamente.

La música une personas, ahí tenemos la reflexión final.

Pueden seguir a Julia en Instagram, a Búho o a sus proyectos, Julia Wels y los Efímeros, y Under uy (o visitar la web).

Además, mañana sábado 16 de marzo a las 21, Under uy hace un Open Mic, en Tacuarembó 1400. Dense una vuelta y apoyen a nuestras gestoras mujeres.

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Fotografías: Martina Vilar

One response to “Creer para hacer

  1. Hola soy den Centro Cultural La Experimental de Malvin.
    Quisiera comunicarme con Julia.
    Para conversar sobre nuestra Sala
    Saludos Miguel 099 662 545

    Me gusta

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