Delmira Agustini, Juana de Ibarbourou e Idea Vilariño tuvieron en común ser poetisas uruguayas del siglo XX. Aunque quizá decir esto sea simplificarlas, porque habrán tenido tantas cosas en común como tantas otras no. Disfruto mucho leer todo lo que se cruce por mis manos, cosa que me fue inculcada desde chica. Mi padre me leía casi un libro por noche (de los cortitos, tampoco éramos flash) acostado boca arriba con una mano sosteniendo el libro y la otra arriba de su pecho. De más grande me regalaron muchos libros, cambiando la temática según mis intereses del momento. Debo confesar que mi libro favorito desde la niñez hasta el día de hoy es ¨Pateando Lunas¨, por la fortaleza de su pequeña protagonista.

No empecé a leer poesía hasta hace poco. Me aburrían un poco las metáforas y me hacían sentir una burra. Después de conocer el feminismo y saber que las mujeres han sido relegadas en todos los ámbitos, incluso en el arte donde parece que toda regla se rompe, el machismo se enrosca oculto como una yarará entre los pastizales, dispuesto a morder cuando se siente atacado, empecé a priorizar leer, ver, escuchar cosas hechas por mujeres.

Delmira Agustini Triaca nació el 24 de octubre de 1886 en Montevideo. Su padre le transcribía los poemas y era un devoto admirador de su hija, mientras su madre era sobreprotectora y tenía una relación un tanto competitiva con ella. Así es que Delmira creció en un ambiente que le permitía ser libre muy a medias, solo un poco más que las mujeres de su época. Su poesía tiene la sensualidad y expresión propias de una joven descubriendo un cuerpo que desea y ansía ser deseado, pero escondidos entre versos ingenuos, bien dignos de una adolescente que podría escribir en su diario sobre quien ama y que no quiere que nadie lea. Delmira fue asesinada a los veintiocho años por su ex marido en un altillo en el que tenían encuentros fugaces luego de su divorcio. Delmira fue castigada, su vida trunca por un macho ciego por los celos y la posesión.

Entre sus obras están “Cantos de la mañana” y “El libro blanco”. Uno de sus poemas que me parece más impactante es “Lo inefable”:

“Yo muero extrañamente… No me mata la Vida,
no me mata la Muerte, no me mata el Amor;
muero de un pensamiento mudo como una herida.

¿No habéis sentido nunca el extraño dolor
de un pensamiento inmenso que se arraiga en la vida
devorando alma y carne, y no alcanza a dar flor?

¿Nunca llevasteis dentro una estrella dormida
que os abrasaba enteros y no daba fulgor…?

¡Cumbre de los Martirios…! ¡Llevar eternamente,
desgarradora y árida, la trágica simiente
clavada en las entrañas como un diente feroz…!

Pero arrancarla un día en una flor que abriera
milagrosa, inviolable… ¡Ah, más grande no fuera
tener entre las manos la cabeza de Dios!”

Juana de Ibarbourou nació en Melo en 8 de marzo de 1892. Probablemente es la más conocida de las tres. Su cara está en los billetes de mil y recibió el título de “Juana de América” en agosto de 1929 en el Salón de los Pasos Perdidos, frente a los artistas y personalidades más reconocidas del momento. Además, ocupó la presidencia de la Sociedad Uruguaya de Escritores en 1950. Recuerdo analizar su poesía en la clase de literatura, no recuerdo qué poema específicamente. Su poesía es de temática diversa como la maternidad, la mística religiosa, la belleza física, la naturaleza y el amor. En su larga vida Juana produjo una obra extensa, entre las que se encuentran “Las lenguas de diamante”, “Raíz salvaje” y “Perdida”. Cada uno de sus volúmenes poéticos corresponden a una etapa distinta de su vida. Rebelde es uno de sus poemas más conocidos y uno de los que más me gustan, porque demuestra la desfachatez e independencia de Juana.

“Caronte: yo seré un escándalo en tu barca
mientras las otras sombras recen, giman, o lloren
y bajo tus miradas de siniestro patriarca
las tímidas y tristes, en bajo acento, oren.

Yo iré como una alondra cantando por el río
y llevaré a tu barca mi perfume salvaje
e irradiare en las ondas del arroyo sombrío
como una azul linterna que alumbrara en el viaje.

Por mas que tu no quieras, por más guiños siniestros
que me hagan tus dos ojos, en el terror maestros,
Caronte, yo en tu barca seré como un escándalo
y extenuada de sombra, de valor y de frío,
cuando quieras dejarme a la orilla del río
me bajarán tus brazos cual conquista de vándalo”.

Idea Vilariño Romani nace el 18 de agosto de 1920. Perteneciente a la generación del 45, fundó la revista “Número” en 1949 con otros poetas. La poesía de Idea fue fuertemente influenciada por la enfermedad (sufría de asma y eczema) y toca también el amor, desamor, la tristeza, el mundo. Es mucho más realista, cruda y cercana a lo que expresarían los simples mortales, mucho menos metafórica y romántica que la de Delmira y Juana. Su poesía te hace sentir muy fuerte, implacable frente al mundo, renacida de las cenizas. Uno de sus poemas más conocidos y devastadores es “Ya no”.

“Ya no será
ya no
no viviremos juntos
no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa
no te tendré de noche
no te besaré al irme
nunca sabrás quién fui
por qué me amaron otros.
No llegaré a saber
por qué ni cómo nunca
ni si era de verdad
lo que dijiste que era
ni quién fuiste
ni qué fui para ti
ni cómo hubiera sido
vivir juntos
querernos
esperarnos
estar.
Ya no soy más que yo
para siempre y tú
ya
no serás para mí
más que tú. Ya no estás
en un día futuro
no sabré dónde vives
con quién
ni si te acuerdas.
No me abrazarás nunca
como esa noche
nunca.
No volveré a tocarte.
No te veré morir.”

One response to “Nacidas para desconcertar

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