La menstruación es un evento fisiológico -es decir, normal- que atraviesan todas las personas del sexo femenino desde la menarca hasta la menopausia, con escasísimas excepciones. Es sin embargo, fuente de humillación, secretismo y aislamiento en ciertos rincones del mundo, no necesariamente alejados de nuestro país. La manera en que las mujeres han vivido la menstruación a lo largo de los años acarrea varias consecuencias negativas sobre nuestras vidas, pero también repercute en la sociedad como conjunto.

Anécdotas de mujer menstruante

Todas tenemos alguna historia. La primera menstruación, o menarca, inesperada y sobre todo inoportuna, la vergüenza vivida al tener que contarle a algún par o adulto referente para poder seguir el día sin mancharse, la marea de cambios que venían luego, ¿voy a bañarme en la playa? ¿voy a nadar al club? ¿me pongo la malla? ¿se me manchará el pantalón? ¿qué hago si me viene y estoy en clase y no tengo nada para ponerme?. Incontables veces supo el tráfico de toallitas atravesar el salón de clase para llegar a salvo a los bolsillos del buzo que te pusiste sólo para poder esconder esos objetos misteriosos, y el ¿qué hacés con ese buzo puesto con el calor que hace? que te preguntaba alguien que te hacía perder el tiempo en tu misión imposible y -demasiado- secreta de al fin llegar al baño, todo el camino rezándole al mundo entero que no te hubieras manchado mucho, y llegar y ver que tenías que pasar el resto del día con el buzo atado a la cintura tapándote porque no vaya a ser que alguien vea esa mancha ingrata y sucia, y el ¿y ahora por qué lo tenés en la cintura? del mismo u otro ser y la respuesta estúpida, capaz me da frío más tarde, sonriendo toda roja y nerviosa -el termómetro de la calle marcando 35°C a las 9h30.

La tos reprimida en medio de un parcial y sentir la catarata que habías olvidado que podía suceder en esos días, y preocuparte porque capaz dejás un rastro en la silla, capaz se da cuenta tu compañero de atrás, ¿qué hago, voy al baño y pierdo 5 minutos que necesito para este parcial o me quedo acá?, sí claro, y te manchás toda y después bajate así la escalera para llegar a averiguar cómo le fue a la gente, ¿y si no me dejan ir al baño? y con toda esa deliberación interna ya perdiste esos 5 minutos, y a la mierda todo porque ya no sabés ni lo que es una enzima, así que qué más da.

Y dejemos por acá, pero seguro pueden sumar muchas más.

Cuestiones de “esos días” que están muy mal – empezando por llamarle “esos días”

Hagamos una breve mención a la propaganda en la tele que vierte un místico líquido de color azul sobre una toallita que la absorbe. A fines del 2018 vi por primera vez un spot publicitario que mostraba un líquido rojo, vamo arriba.

Los millones de pseudónimos que se le dan – la visita de la tía, o la visita de Andrés -que al final termina siendo lo mismo, porque todo el mundo sabe que Andrés te visita una vez al mes- entonces tu grupo de amigas termina inventando un nuevo término, o le decimos esos días, o decimos simplemente “me vino”, o tu abuela te pregunta si estás enferma, o a Arjona se le ocurre llamarle la cigüeña que se suicida (por favor, Ricky, parala). Pero nunca menstruación. “Fear of a name increases fear of the thing itself.” (“El miedo a un nombre aumenta el miedo a la cosa que se nombra”). Eso escribió Joanne Rowling (que, dato curioso, publicó como J.K. por recomendación de su editor, su nombre de mujer iba a hacer que llegara menos al público, o eso le dijeron), palabras pronunciadas por el sabio Albus Dumbledore sobre Voldemort. Y yo creo que es cierto. No hablar de las cosas, hablar por abajo, susurrando, al oído, a escondidas, que sea tan sólo un murmullo; eso ineludiblemente termina en rumores, falsas creencias, y sobre todo miedo. Miedo a qué, a veces ni se sabe. Pero genera una vivencia nerviosa, deseando que se termine siempre, que no venga (pero a su vez que nunca se atrase), deseando que nadie se entere, haciendo lo que se viene haciendo desde hace años, cuestionándome poco o nada.

Mujeres que llegan a consultas médicas sin saber por qué sangran cada mes, y no entienden por qué no menstrúan cuando están embarazadas, o no saben que pueden estar embarazadas justamente porque no saben qué es la menstruación.

Personas que piensan que es una enfermedad. Y sí, no estoy exagerando. Hace unos días en la ceremonia de los Oscars 2019, un corto documental sobre menstruación llevó el premio: Period. End of sentence. Tiene lugar en India, país donde las mujeres abandonan la educación cuando comienzan a menstruar debido a que no está popularizado el uso de toallitas ni tampones, y se las considera impuras para ir a la escuela o participar de actividades religiosas. Vean el corto, dura 25 minutos, y podrán ver la respuesta “la menstruación es una enfermedad que afecta sobre todo a las mujeres”; además de las risas incómodas y las sensaciones de vergüenza propia que se van reemplazando por un poquito más de poder al final.

Ni fuertes valientes guerreras ni exageradas de mierda por atravesar días con dolor. La menstruación es una vivencia muy personal, puede durar de 2 a 10 días, el flujo puede ser muy variante y el dolor uterino también. Es necesario hablar del dolor menstrual (que no es de ovarios) y de los cambios hormonales pre y durante menstruación. Es necesario que las mujeres sepan que si un dolor les interrumpe la vida cotidiana deberían consultar a su especialista. Es vital que su especialista las escuche y no disminuya su síntoma (demasiados diagnósticos tardíos de torsiones -con el riesgo de perder fertilidad-y Síndromes de ovario poliquístico por ser “exageradas”). Es necesario entender que muchas mujeres se pueden sentir más sensibles, irritables y con labilidad emocional en los días previos, junto con sensibilidad o pesadez en las mamas, hinchazón… el viejo y querido Síndrome pre-menstrual. Esto no es una invitación a que toda demostración de inconformismo expresado por una mujer sea silenciado porque “debe estar en esos días”, por favor se los pido y de paso hago moción de remover la palabra “ovárica” de nuestro vocabulario diario (además de biológicamente aberrante, tremendamente machista), gracias mil.

Toallitas y tampones

De cierta manera, pienso que los dispositivos más famosos para la menstruación -en Uruguay claramente las toallas absorbentes, y le siguen pero por bastante lejos los tampones- también tienen su rol en invisibilizar la menstruación. Una tiene contacto únicamente con la mancha que deja su sangre sobre un pedazo de celulosa, y eso rápidamente debe ser envuelto con papel higiénico -que nadie se entere que eso que acabás de tirar es una toallita- y desechado en la papelera más próxima.

La toalla higiénica sobre todo, que se pone sobre la bombacha, y lleva a que muchísimas mujeres adultas en su vida se hayan visto sus propios genitales, porque nunca tuvieron la necesidad.

Estos dos métodos populares son evidentemente prácticos, si uno los compara con lo que los precedió que eran paños a lavar a mano. Pero la realidad es que no tienen muchos más beneficios que esos. El algodón que tiene el tampón es sometido a blanqueamiento con cloro, lo que no es nada amigable con la mucosa vaginal, interviniendo sobre su pH. Además de que con cada hora de tampón insertado, más riesgo de tener SST (síndrome de shock tóxico). Tanto tampones como toallitas desregulan la flora vaginal incrementando la probabilidad de que se generen infecciones vulvovaginales, con picazón, flujo, dolor, ardor y muchas veces necesidad de tratamientos antibióticos para algo que es prevenible. La práctica de deportes se dificulta con la toallita. Ambos métodos son increíblemente nefastos para el medioambiente: si tomamos a una mujer que en promedio usa 8 toallitas (celulosa y plástico de uso único) por menstruación (pocas para muchas), menstruando 12 veces al año, por aproximadamente 40 años de su vida tendríamos un total de 3840 toallitas en vida (y actualmente hay 3600 millones de mujeres que menstruaron, menstrúan o menstruarán). Y ni siquiera es que sean baratos.

La copa menstrual

La copa menstrual es un invento para nada reciente. Nació en la década del 1930 (se dice que a fines del siglo XIX también había algo por el estilo), resultado de la ideación de Leona W. Chalmers, una estadounidense. El diseño no fue muy exitoso, era de látex, muy rígida, incómoda, y en una época en la que hablar de tocarse los genitales era aún más monstruoso que ahora… En fin, la batalla la ganó la celulosa, y rápidamente ganaron terreno las toallas absorbentes y los tampones. Todo esto claramente en el contexto en el que salieron los primeros pañales desechables, las bolsas de plástico, y bueno, todo aquello era muy cómodo, no había que lavar tanto, etc. y aquí estamos sufriendo las consecuencias de los actos de los baby-boomers.

Como lo indica su nombre, es un objeto con forma de copa, actualmente fabricado de silicona médica hipoalergénica (es decir que a la mayor parte de la gente no le va a generar una reacción alérgica -el látex es muy alergénico para ciertas personas, sobre todo en las mucosas). Su función es recolectar la sangre que proviene del endometrio. Se coloca en la vagina, pero muy cerca de la entrada vaginal (al contrario del tampón que se inserta hasta cerca del cuello uterino), y no se siente para nada. Allí se puede dejar hasta por 12 horas, dependiendo del flujo, y nótese que esto quiere decir que se cubre totalmente una jornada laboral/académica típica (lo que es imposible con un tampón y poco viable con una toallita). Una única copa tiene una duración de 10 años, es decir que aproximadamente cubre 120 menstruaciones (ahorrando 960 toallitas). Pensemos también en el impacto económico que eso implica: el paquete estándar de 8 toallitas cuesta alrededor de $50  – estamos hablando de $48.000 en 10 años, versus una copa que ronda los $1500.

Personalmente hablando

Creo que la primera vez que escuché de la copa menstrual fue en 2014 o 2015, y la idea me quedó dando vueltas por la cabeza. Miré miles de videos en Youtube sobre sus beneficios, sobre maneras de plegarla, sobre su higiene y mantenimiento; lo consulté con mi madre, con mi ginecóloga, con mis amigas…

Compré mi copa menstrual a fines del 2016, un poco rodeada de toda es niebla de misterio, por Whatsapp, y luego siguió la ida a la casa de la señora que las vendía (no se conseguía en farmacias) con una amiga que también se la compró. Y recuerdo el nerviosismo y la emoción que sentía ese día, porque ¡aleluya! estaba menstruando y no tenía que esperar nada para probarla, y lo intenté como una bestia porque estaba apurada y me tranquilicé y lo dejé para unas horas más tarde y tuve éxito.

Y a partir de ese momento realmente cambió la manera en la que vivo mi menstruación. Primero que nada, la copa no se siente, por lo que realmente me olvidé por horas de que estaba menstruando (claramente cuando estaba sin dolor uterino), y me sigo olvidando, y me encanta. Nunca más esa sensación de pañal mojado y mucho menos el miedo a mancharte (que pasa, pero muy poco, creo que voy 2 veces en 2 años). Nunca más el tener que acordarse de llevar toallitas al trabajo o a la facultad. Poder dar exámenes menstruando y concentrada en el examen únicamente -increíble. Ni hablar del peso sacado de encima al saber que no estoy generando la cantidad de basura no reciclable que generaba hace unos años. Y saber que estoy siendo más considerada con mi salud. Y saber que estoy ahorrando un montón de plata.

Esto es una vivencia sumamente personal. Probablemente la copa no sea perfecta para todas (doy dato puntual de tener cuidado con la combinación DIU y copa menstrual, porque el vacío que genera la copa puede desplazar el DIU), pero sin dudas recomiendo probarla, sacarse el miedo, y acercarse a alguien que conozcan para preguntarle su experiencia. Dejo este link de una página española realmente muy buena, para despejar dudas y ahondarse en este mundo que tiene mucho para ofrecernos: http://www.lacopamenstrual.es/

A seguir hablando

La llegada de la copa menstrual a Uruguay ha puesto sobre la mesa el tema menstruación, de una manera renovada, y la gente está participando de esta conversación. Una conversación que sigue incomodando, suscitando risas nerviosas y ganas de cambio de tema para muchas personas. Pero ese es el camino, viendo todo lo positivo que la copa brinda, tanto porque es más saludable, como económica, como ecológica, o cualquier ventaja que le quieran encontrar. Después cada una decidirá si usa toallitas desechables, toallitas reusables, tampones, copa menstrual o nada en absoluto, pero la cuestión es que la copa nos está ayudando a que la menstruación se viva con un poco menos de tapujo y un poco más de naturalidad. Estamos pudiendo contemplar maneras de menstruar que nos hagan sentir un poco más cómodas con nosotras mismas.

La menstruación como tabú nos daña como personas y como sociedad toda. Así que hablemos de menstruación, por favor.

Texto: Lucía Bengochea Paz

Ilustración: LaGurisa @lagurisayourfriend

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