Tamara Acuña tiene 23 años. Es profesora de pilates, modelo ocasional, y estudiante de educación física en el Instituto Superior de Educación Física (ISEF). Nos sentamos en el piso abierto del Club Natural y Popular una tarde agradable antes de Turismo para charlar sobre cuerpo y mente, las expectativas irreales sobre el físico femenino, y ser genuina con una misma.

HERA: Trabajás como modelo, pero nos has hablado del tema de mostrarse de manera más real y honesta. ¿Cómo nació esa inquietud en vos?

Tamara: De más chica exploté bastante el lado del modelaje pero después me pasaron ciertas cosas, también a nivel del ambiente, que me llevaron a preferir hacer lo que me gusta y dejar de alimentar lo que no. Fui dejándolo un poco. El modelaje le da tanto peso a lo superficial, que tenés que estar fuerte porque produce daño psicológico: chicas que arrancan con catorce años, vos las ves por primera vez y están divinas, y a los seis meses están hiper flacas y tienen tanto ego que sorprende ese cambio, cuando hace un par de meses eran adolescentes normales que aceptaban su cuerpo.

De hecho lxs adolescentes normales suelen no aceptar su cuerpo.

Tal cual, yo viví algo de eso. En la adolescencia yo rechazaba mi cuerpo por el hecho de ser muy delgada. Siempre está en la sociedad eso de los dos extremos. Me decían cañita voladora, también con mi color de piel sufrí mucho bullying. En un momento me empecé a desarrollar, me empezaron a salir tetas, cola, y empecé a agarrar un poquito más de forma. En ese momento me empecé a aceptar porque veía que mi cuerpo estaba cambiando y eso se reflejaba en los demás porque veía esa aceptación. Fui de un extremo al otro; yo me mandaba mensajes negativos a mí misma todo el tiempo al mirarme al espejo pero terminaba sintiéndome cómoda sólo porque los demás me estaban aceptando, no porque yo me aceptaba. Hoy trabajo mucho en torno a eso, a decodificar pila de cosas que me pasaron en la adolescencia para programar y reprogramar cosas que me hubiese gustado que me dijeran en ese momento. El hecho de gustarse a uno mismo, no importa si seas flaca, obesa, gorda, normal, me parece que va más por un lado de pensar “tenés piernas, podés caminar, tenés brazos, tenés manos, tenés los sentidos bien”: darle valor a otras cosas. El peso a nivel superficial en el modelaje es bastante fuerte, gira en torno a eso. También está el ego que uno se va creando; en el modelaje se acostumbra todo el tiempo a halagar, “ay que divina que estás”, “me encanta ese look”; cuando no te dicen nada es raro.

¿Vos trabajabas para una agencia? ¿Cómo empezaste a modelar?

Empecé porque quería hacer plata. Tenía diecisiete años y la gente hace tiempo me decía que tenía que trabajar en publicidad. Un dia me anoté en una agencia, fui a un casting y quedé. Ahí me encontré con dos chicas que también modelaban y me dijeron que tenía el perfil para participar de un concurso que se llama Elite Model Look. Es un concurso bastante elitista, tiene unos parámetros de que tenés que ser hiper flaca, medir más de un metro setenta, etc. Me dijeron que mandara mail con mi foto, y a los dos meses me respondieron que estaba preseleccionada, éramos como mil. Resulta que llegué a ser finalista, quedé quinta en Uruguay. A partir de ahí empecé a trabajar en desfiles. En un momento gané un concurso en Punta del Este y fui seleccionada para ser “Conrad Angel” y viví dos meses en el Conrad. Era tipo una showgirl, tenía que hacer presencias. Nosotras vivíamos en el hotel, íbamos a las fiestas y eventos a reírnos y pasarla bien. Los hoteles pagan mucho dinero por eso.

Como las modelos de la “Playboy Mansion” pero apto para todo público digamos.

(risas). Teníamos que ir siempre a fiestas, brindar, hacer presencia. Yo tenía diecinueve años. Después de ese verano, de tener chofer por dos meses e ir al spa todos los días, volví a mi vida normal. Ellos nos exigían siempre tener las redes a full, para subir contenido. Yo considero que la realidad es una ilusión y esa era una ilusión por mil. Un día vi mi Instagram y cada vez me estaba haciendo más conocida, tenía muchos seguidores. Y eso fue en 2015, cuando Instagram no era tan conocido. Miré las fotos, pensé en cómo me sentía, en cómo me proyectaba y lo que yo quería ser, y dije “ésta no soy yo”. Era como si fuera una actriz, no era realmente yo, no podía sostener eso.

¿Qué tipo de contenido tenías que subir a las redes?

Todo lo que muestran las influencers: todos los días un outfit diferente, mostrando mi cuerpo, posando en lugares.

O sea que no tenías que vender nada específico, era simplemente para mostrar el estilo de vida envidiable, como todo lo que consumimos hoy en las redes.  

Sí, exactamente. Yo podía seguir en ese mundo si quería, pero tenía que seguir a full. Yo empecé a evitar, por ejemplo, cuando me invitaban a Buen Día Uruguay. También estuve en un programa que se llama Maybelline Model y cada oportunidad que se me presentaba yo la evitaba. Ya en el programa yo decía que en los próximos encuentros quería que me echen. Por suerte me fui rápido. No me sentía cómoda.

Qué viaje que hayas estado en un reality show.

En mi año ganó Beti, una amiga que conocí ahí. Yo cuando volví del Conrad y vi lo de mi instagram sentí la presión que había en tener muchos seguidores. Vos tenes que pensar en función de lo que quieren ver ellos: ellos no quieren verte fea ni con una marquita, quieren verte perfecta. No podes subir una selfie con tus amigos fumando un porro. Me di cuenta que tenía mucha gente interesada y no en mí persona, si no en lo que yo mostraba y en cómo me veía físicamente. Me empezó a dar un poco de pánico.

Te volvés como un producto para ellos.

En ese momento vi mi Facebook que tenía un millón de amigos, pila de hombres poniéndome me gusta. Dije al carajo con todo, borré Facebook, borré Instagram, “ésta no soy yo, voy a empezar de cero”. Estuve unos meses sin redes, viví en otra dimensión. En ese momento me puse a pensar realmente en lo que estaba alimentando como modelo: todo el estereotipo de belleza que hay, las marcas. Ahí decidí no trabajar más de eso porque me estaba haciendo mal. Después fui deconstruyéndome y abriendo un poco la cancha, no diciendo “ah ta no hago más esto porque no está bueno”, si no siendo más flexible, y haciéndolo desde otro lugar, siendo más consciente, y seguí trabajando como modelo pero más esporádicamente.

Hay un tema ideológico, como con la gente que trabaja en la campaña de unx políticx, aunque no suscriba a sus ideas, pero es por plata y lo hace igual. El tema es cuánto estás apoyando esas cosas desde tu lugar más personal.

Claro. Por ejemplo, por ese lado, yo ya me estaba cuestionando por qué me depilaba: cuando tenía un trabajo me tenía que depilar porque era un estándar de belleza que tenía que cumplir para poder estar ahí. Pero si no era por trabajo, me surgían preguntas “¿me depilo porque estoy de novia, o porque a mí me molestan los pelos?”. Y a mí no me molestaban los pelos, lo hacía por él. Dejé de hacerlo: si esto lo estoy haciendo por otra persona no lo quiero hacer más. Gasto tiempo, plata y sufro. Prefiero sacarlo de mi vida. Empecé a cuestionar un montón de cosas y seguir mi camino. Me abrí las redes de nuevo pero con otro enfoque, tratando de mostrar lo que soy, de no atraer gente que simplemente esté interesada en mi imagen. Hay gente que le molesta como yo soy o como me muestro, como me fuí y que a veces subo cosas. Siempre va a haber gente que está para eso, para criticar. Ahora si hago alguna cosa de modelaje la muestro, el año pasado hice cosas de modelaje y me privaba de mostrarlas, ni siquiera aceptaba el hecho, me preguntaban si era modelo y me molestaba la pregunta. El modelaje alimentaba algo en mí que no quería alimentar, alimentaba la crítica conmigo misma, mirarme al espejo y darme palo. Hoy digo que no me gusta etiquetarme: soy Tamara. Ya mi nombre es una etiqueta, en la idea de lo que yo represento, el poder mostrar con versatilidad todas mis facetas y realmente enfocarme en lo que me hace bien.

El estándar de belleza para cualquier mujer ya es difícil de alcanzar, cuando trabajás de modelo se intensifica. ¿Alguna vez te mandaron a hacer gimnasia o lo que fuera, además de depilarte?

Nunca tuve problemas en el hecho de adelgazar porque es parte de mi naturaleza. En un momento me pidieron que me arreglara la nariz.

¿Pidieron o sugirieron?

Pidieron y sugirieron. A mí eso me hizo cuestionarme pila, porque mi nariz desde chica siempre la rechacé, y cuando me lo señalaron hizo el efecto inverso, porque dije “no, yo no me voy a operar mi nariz, es mía. Si me la opero, ¿el amor propio donde está?” Además ¿para qué? ¿para trabajar con una marca mejor y dedicar mi vida al modelaje voy a gastar miles de dólares en cambiarme la nariz? Ni en pedo. Igual me comió bastante la cabeza y llegué a ir a una clínica para preguntar por otras cosas inclusive. Pero un día estaba en una clínica para una consulta, y apenas me senté y abrí la revista vi pila de modelos que yo conocía y mostraban ahí los tratamientos que se habían hecho. Ahí dije “ta, no, yo no puedo estar en este catálogo, no quiero, chau”. Es un viaje pero es real, la modelo vive por su apariencia, hace todo por mejorarla.

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¿A vos el modelaje te gusta, te gustó en algún momento, o lo hiciste sólo por el ingreso?

A mí  me gusta del modelaje que, si bien tiene toda esta connotación negativa en ciertos aspectos, tiene muchas cosas que yo también adquirí, como la seguridad de mostrarme tal cual soy sin importar quién o cómo me vean. A mí me dio pila de actitud y también poder entender dónde está ubicado mi cuerpo, a donde estoy orientada, qué estoy mostrando. También me divierte el hecho de ir y sacarme fotos, cuando el cliente es buena onda, me gusta hacer el trabajo, lo disfruto porque ya tengo años haciéndolo y es más fluído. Cuando arranqué era más dura que un tronco, todos los fotógrafos me decían que tenía que ablandar la mirada. Salía con los ojos duros, las cámaras y toda la gente viéndome me ponían súper tensa.

¿Qué onda con sacarte fotos que no sean para una marca, ponele, modelar para fotógrafxs o cosas así? Fotos como arte y no como publicidad.

Eso es lo que más me divierte, aunque no haya plata. Me divierte y más trabajar con fotógrafxs con los cuales ya tengo un vínculo. Cuando hay una marca siempre va a haber una limitación porque el cliente está ahí y quiere algo, y si no ve que está eso, se para todo y vemos si podemos ir a eso. Cuando hay lucro siempre tiene el fin de vender. Sin lucro hay otro enfoque, hay amor, hay arte, hay algo atrás. Cuando el fin es hacer algo que esté bueno entre el fotógrafx y vos y que nos guste a los dos, a mí eso es lo que más me copa. Últimamente estoy con ganas de hacer algo así pero entre la facultad, trabajo y mi emprendimiento como entrenadora de pilates, cuando tengo tiempo tengo que dedicarlo a mi emprendimiento.

Claro, priorizás hacer algo más productivo que algo por amor al arte digamos.

Por amor al arte hago otras cosas igual, que son mías, no tanto de mostrar. Escribo bastante, me gusta pila dibujar, hacer collages.

¿No lo mostrás porque no te gusta compartirlo?

Siento que es algo mío. Yo ya muestro bastante mi vida en las redes; a veces tengo días que desaparezco, y otros en los que me nace mostrarme. Tengo bastantes facetas mías que no muestro por ahí, que prefiero compartir cara a cara. Si nos juntamos un día a tomar unos mates y me pinta mostrarte algo que escribí o dibujé, lo hago con naturalidad, me gusta. Pero no voy a estar subiendo todo lo que hago cada dos minutos.

Más allá de las redes, hay gente que de repente no sube sus cosas pero expone. ¿Eso es algo que no hacés porque no te ha salido o no te interesa?

Me ha surgido pero no he querido. Para mí escribir o dibujar es algo medio terapéutico. Es algo que quiero sacar porque no me está haciendo bien o quiero dejarlo plasmado para que no siga circulando, y listo. Por ahí siento que si lo comparto o algo esa energía sigue circulando de alguna manera, cuando yo en realidad quiero finalizarlo.

También hay un tema de sentirse expuesta, de mostrar cosas que por ahí no querés que los demás vean.

Sí, a mí me pasa algo raro con eso de cómo nos ven los demás y cómo nos vemos a nosotros mismos. Por ahí hay cosas que no quiero subir a las redes porque son cualquiera pero también ahí pienso, “¿Por qué no quiero mostrarlo? Si también es parte de mí”. Ahora estaba pensando bien si el emprendimiento que quiero hacer de pilates lo voy a hacer con mi cuenta, con mi nombre, o si voy a crear algo bien aparte, para que no sea todo a partir de lo que soy yo, que sea sólo una parte de mi vida y de mi persona.

¿Cómo empezó el emprendimiento? ¿Estudiaste pilates?

Sí, el año pasado hice un curso. Estoy re copada con eso, me gusta mucho, por una cuestión de que tiene una carga más de bajar un poco a tierra y no tanto la locura de hacer ejercicio por adelgazar y moverse rápido sin pensar. Se enfoca en la respiración, en sentir cada parte de nuestro cuerpo. Yo siento que al hacerlo lo disfruto, más allá de que obvio, me genera dinero que necesito para pagar cuentas. Pero cuando uno trabaja es importante pensar en lo que está alimentando, si está bueno o no. A mí con pilates me pasa que veo que se producen cambios a nivel de la persona, de consciencia sobre su cuerpo, que para mí es un montón, porque hay gente que no sabe ni donde está parada físicamente, y su cabecita está siempre en otro lado. Es conectar un poco la mente con el cuerpo; eso es importante para mí, siento que colaboro en algo.

Es distinto a la clase de gimnasia donde alguien te está gritando que te muevas todo el tiempo.

Además lo lindo de pilates es que es una práctica soporte, vos lo podés aplicar a tu vida, cocinando, durmiendo, haciendo otro deporte. Tenés otra consciencia corporal, y de dónde sale la fuerza, un montón de cosas que te ayudan a cambiar tu postura y tu actitud frente a todo. Te da otra presencia.

¿Vos sentís que el hecho de que hoy en día estudias educación física y trabajás con tu cuerpo tiene algo que ver con que hayas hecho modelaje? Porque siempre trabajaste con tu cuerpo pero ahora lo hacés de otra manera, con otro enfoque, como que seguiste en esa línea pero lo llevaste a algo que te representa más y es más saludable.

Tal cual. Siempre fui muy del cuerpo, desde chica, de querer moverme y hacer cosas. Siempre tuve mucha energía que canalizar y las prácticas corporales me ayudaron pila a no estar como una loca desquiciada por la calle. Yo hice comunicación, el primer año, y vi que no me gustaba, que me daban pila de ansiedad las clases. Ahí me cambié para el ISEF, donde realmente hay otro lenguaje a nivel del cuerpo, tiene otro lugar. Mismo los profesores lo reflejan: están dándote una clase y capaz están sentados arriba de la mesa.

En otras facultades de repente tenés que sentarte a leer por horas…

Y el cuerpo está como medio abandonado. Estoy leyendo, mi mente está acá, pero ¿dónde está mi cuerpo?

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¿Te gustaría dedicarte a otra cosa además de enseñar pilates?

Me gustaría llegar a la escuela, poder transmitir algo desde ahí, plantar algunas semillitas para ser conscientes de ese proceso que se da de que los niños están tantas horas sentados y cada vez son más difíciles de controlar. Yo hice un proyecto de extensión el año pasado donde íbamos a escuelas y se ve cómo es necesario que algunas estructuras se cambien en la educación porque la están pasando mal las maestras y los niños. Los niños están con mucha energía y hay que darle el lugar al cuerpo para moverse. Puede ser mismo en el aula, la maestra puede hacerlo, pero el tema es la formación de la maestra, la estructura que ya está formada. No hay mucha reflexión sobre el tema. Sí hay veces que por ejemplo las maestras hacen que los niños se pongan en ronda y ella también participa, y eso son dinámicas chicas que hacen grandes cambios a nivel de los niños.

Además trabajar con niños en el ámbito de la educación física está bueno porque tenés acceso a un diálogo sobre el cuerpo y el amor propio. Muchxs niñxs y sobre todo muchas chicas odian educación física porque no les gusta mostrarse haciendo ejercicio, les da vergüenza.

Además el profe de educación física es el que tiene más libertad en la escuela, porque ya de arranque están fuera del aula, rompe la primer estructura. Hay más libertades, el cuerpo está sumamente presente. Pero es importante también dejar de alimentar eso de que el profe simplemente los haga correr, les tire una pelota y que el que juegue mal que se joda.

Claro, es que para muchos termina siendo un recuerdo súper traumático lo de las clases de gimnasia. Y después de más grande te das cuenta de que en realidad el ejercicio físico es super terapéutico y agradable si lo haces a tu manera y a tu ritmo. Moverse alivia un montón la ansiedad.

Es que para mi el profe de educación física tiene tremendo potencial. Se pueden generar estrategias en donde esté la competencia pero de otra manera, con más consciencia, sin ver al rival como un enemigo, por ejemplo. También que no sea sólo como descarga, si no que haya también un pensar, equilibrar las dos cosas. Mostrar todo eso al niño le va a abrir un poco más la cabeza sobre lo que implica el deporte y su influencia.

¿El emprendimiento de pilates lo vas a hacer sola?

En el emprendimiento una nunca está sola, siempre tenés amigos o conocidos que te dan una mano. Pero lo quiero llevar adelante sola sí, porque además considero que en este país lo mejor es ser emprendedor y ser tu propio jefe.

Sí obvio. Tiene sus cosas positivas, pero también ser emprendedor significa una presión importante de ser vos la que generás tu propio ingreso y cargás todo en los hombros.

Me pasa que no quiero verlo como una carga porque realmente quiero que sea con dedicación, liviandad, es algo que quiero llevar adelante porque realmente me nutre y quiero que nutra a los demás. Si bien obvio que me genera una carga, sobre todo la parte de comunicación y de vender el producto, estoy intentando tomármelo con calma.

¿Cómo va a funcionar?

Las clases serían a domicilio, personalizadas. Quizás algún día me vaya bien y pueda tener un local, pero me gusta este formato porque no quiero que se pierda la calidad en cuanto a que la persona se sienta cuidada; no somos 120 en la clase y que cada uno haga lo que pueda. Mi servicio va por el lado de ir y darle a la persona lo que quiere y necesita, lo mismo que decía al principio, de sentir que estoy alimentando algo que está bueno, que hace bien. Eso es lo que más me importa.

 

Pueden seguir a Tamara en su nueva versión de Instagram (@tamarulos) para enterarse de cómo avanza su emprendimiento y contactarse para clases de pilates a domicilio. 

Fotos: Martina Vilar

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