Manuela Penadés tiene 23 años, es bailarina, estudiante de comunicación y hace ya un año, la mitad de Sombra, un estudio de tatuaje. La visitamos en Sinergia Design, donde se ubica su tienda, para charlar sobre lo que comprende ser emprendedora, valorar el arte de una y de les demás, los juegos de poder relacionados al género y la edad en el mundo de la danza, y el recientemente formado colectivo de bailarinas de hip hop del que ella forma parte.

Hera: ¿El emprendimiento de Sombra es tuyo?

Manu: Es mío y de Omar [Marrero, su pareja]. Él antes trabajaba en un estudio privado. Un día lo ayudé contestando los mensajes pendientes que tenía en Instagram mientras el tatuaba y le armé algo así como dos semanas de agenda en media hora. Él nunca en su vida había tenido sesiones agendadas con dos semanas de anticipación, entonces ambos pensamos “bueno, ¿qué pasa si unimos energías por una causa en común?”. Eso desembocó en considerar la idea de abrir un estudio, sobre todo porque Omar necesitaba otro espacio para tatuar, y en casa no había lugar. Esa era la intención. Jamás fue crear un estudio donde hubiera varios tatuadores como en Sombra, eso no lo calculamos, ni ahí. No nos estábamos proyectando, la idea era solucionar algo del momento. Así fue como vinimos acá a Sinergia, donde unas amigas tenían un emprendimiento de ropa y nos pasaron el contacto. Empezamos a hablar y a Sinergia le encantó la propuesta, estaban buscando cosas del estilo. Le dimos para adelante con un cagazo de la puta madre, porque era tremendo desafío para nosotros.

¿Y ustedes no tenían formación en negocios no?

Y eso, obvio. Ninguno tenía experiencia en llevar un negocio. Omar era freelancer y yo trabajé de moza, de vendedora de ropa, siempre me gustó hablar con la gente, así que ta, nos fusionamos, pero cuando arrancamos no teníamos nada proyectado. A las tres semanas vino Checha [tatuadora] y le hicimos un espacio. Ella fue la primera que se unió al equipo, pero aún seguíamos sin proyectar nada de lo que es hoy. Con Checha empezamos a ver que con más tatuadores funcionaba mejor, y de a poquito nos empezamos a armar. La segunda que entró fue Manu Buccino y en diciembre llegaron Lucas y Facu. Ahí se cerró el equipo, siendo cinco tatuadores. Yo me encargo de toda la administración, contestar los mensajes, armar la agenda, lo cual es bastante importante porque el tatuador se siente super abrumado con la cantidad de mensajes que le llegan por día. Claramente estamos en un boom del tatuaje. Acá vienen entre cinco y siete personas por día, es un montón.

Considerando la poca gente que somos además.

Sí, y que no somos solo nosotros, todos los tatuadores de Montevideo están llenos de trabajo.

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Foto sacada en Sombra en diciembre de 2018 por Martina Vilar

¿Ustedes cuando empezaron el emprendimiento tuvieron en cuenta eso, el tatuaje como algo redituable económicamente para les dos?

Sí, claro. Los números del local nos cerraron porque el tatuaje lleva su precio y su trabajo. Yo soy pichona en esto, obviamente no es mi rubro el tatuaje, pero estoy aprendiendo un montón. Básicamente es un arte increíble que acá en Uruguay está muy desvalorizado, considerando que es arte que queda en tu piel para toda tu vida. Por más de que puedan decir de que los tatuajes son caros o que nosotros cobramos caro, esas mismas personas no parpadean al comprarse unos championes a cinco mil pesos. Y es lo que sale un arte de un artista que se formó, que está usando materiales buenísimos, que te está tratando de una manera increíble, que está dejando su arte grabado en tu piel.

En general la gente se queja bastante del precio de cualquier tipo de arte acá en Uruguay. Se menosprecia bastante el laburo del artista y lo que implica hacerlo.

Nosotros cada vez apostamos más a que la gente que se viene a tatuar a Sombra respete al tatuador o la tatuadora que le está haciendo el trabajo, que le otorgue importancia, que digan “me mata lo que hace este loco o esta loca, quiero su arte en mi piel, confío en él o ella para esto”. A mí algo que me hace volar muchísimo es que cuando te vas a tatuar estás haciendo un pacto de confianza re zarpado con el o la artista. Está la idea, el diseño, pero una vez que te empiezan a tatuar vos estás confiando ciegamente en lo que esa persona va a depositar en tu piel para siempre. Está bueno que quienes se quieran tatuar tengan presente eso, que conozcan y sepan a dónde están yendo, con quién lo hacen, y que valoren a las y los artistas que lo hacen. Con respecto a lo redituable del tatuaje, sí, debe ser de las artes si no el arte más redituable por lo menos acá en Uruguay. Yo como bailarina habré cobrado el 50% de los trabajos que hice. Porque siempre es canje o porque sirve para promoción y al final no te queda otra que decir que sí.

La realidad es que si decidís que sólo vas a hacer tu arte si te pagan el total de lo que vos consideres justo, probablemente termines sin hacerlo mucho.

Entre bailarines y bailarinas es todo un tema, porque no hay ningún gremio además. Si vos te querés poner firme y no cobrar solo por canje, la persona que te esté contratando va a encontrar a alguien que lo haga igual. Eso sucede. Hace falta un montón de educación. Nosotros acá lo tenemos muy en cuenta. Es verdad que quizás seamos de los estudios más caros pero también con eso queremos de alguna forma educar al público. Sino no lo hace nadie. Es lo que sale, el precio se lo pone uno y se tiene que autovalorar.

Es importante darle valor a tu arte. Si no lo hacés vos no lo va a hacer nadie más, nadie va a decirte “no che esto es muy barato, cobrá más”.

A nosotros nos pasa por ejemplo que vienen extranjeros a tatuarse y es increíble cómo a veces ni siquiera preguntan el precio y encima dejan propina. Tatuarte en Uruguay es lo mejor que te puede pasar si sos extranjero.

¿Qué proyectos tienen a futuro con Sombra? Hace poco sacaron una campaña nueva.

Sí, esa campaña es “Somos Sombra”, la hicimos con dos amigues que son lo máximo, Rama Gago y Lu Conesa, que son productores audiovisuales. Son una dupla explosiva, se complementan demasiado bien, yo quedé re contenta con ellos. Surgió la idea porque yo veo mucha publicidad de tatuadores en instagram que son fotos de sus tatuajes, y me dieron ganas de mostrar lo que hacemos sin que sea eso. Ya habíamos hecho un video de los chicos tatuando y se nos ocurrió esta vez mostrar lo que representa la cultura del tatuaje, lo que implica llevar un tatuaje. Ahí pensamos que estaba bueno mostrar qué otras cosas hacemos, los tatuadores y yo, más allá de lo que se ve en Sombra: yo bailando, Omar jugando al basket, Manu Buccino pintando en óleo… para mostrar lo que hacemos y cómo llevamos estos tatuajes, lo que implica tatuarse más allá del hecho puntual.

Está bueno mostrar más allá del dibujo, porque el artista no es solamente su obra.

Exacto. Yo estoy mega feliz, las repercusiones del video fueron épicas. Obviamente medimos que iba a ser bien recibido pero fue mucho mejor de lo que pensamos. A mí me dejó re contenta ver que estamos haciendo las cosas bien. Todavía me sorprende. Con Omar no tenemos educación en eso. Yo estoy siendo hasta contadora del estudio hoy. Obviamente me siento expuesta, pero lo que hay que intensificar es la escucha, y por suerte estamos súper contenidos por nuestras familias, nuestres amigues, gente que realmente se siente tocada e inspirada por nosotros y nos quiere ayudar de corazón. Pero obvio que hay cosas que son difíciles de encarar como emprendedor, más cuando estás creciendo, sentís que hay cosas que se te escapan y te dan miedo. Empezamos medio de la nada y en menos de un año ya estamos por mudarnos a un local acá en Sinergia que es el doble de grande, van a entrar nuevos tatuadores y tatuadoras. Eso es bastante abrumador, hay momentos de crisis y de estrés, obvio, más cuando seguimos siendo nosotros dos solos encargándonos de la empresa y porque tampoco es fácil trabajar y emprender con tu pareja además de vivir juntos.

¿Cómo salís de esos momentos?

Bajando un poco la pelota al piso. Sin duda que lo que a mí me ha funcionado es hablar e ir hacia esas personas que están ahí para ayudarte. Siempre hay alguien que te va a dar una mano. Hay que bajar un poco el egocentrismo o el orgullo, que en nuestro caso no tenemos mucho la verdad, pero dejar de querer cargar con todo y creerse que las tenemos todas y saber pedir ayuda. Acá siempre hay alguien en la vuelta que te puede ayudar además, que te quiere ver bien. Es demasiado importante porque uno no puede saberlo todo y cuando emprendés obviamente no tenés el capital para derogar todas las responsabilidades a profesionales, entonces tenés que ocuparte vos de todo y te vas a sobrecargar, es una realidad. Te vas a dedicar horas y horas a eso porque es tuyo. Como me dice mi madre siempre, cuando emprendés tu emprendimiento empieza cuando te despertás y termina cuando te vas a dormir. No existen las vacaciones, las pausas. Entonces hay que saber bajar un poco las ansiedades, saber pedir ayuda, saber escuchar. Eso para mí es clave.

¿Vos antes de empezar Sombra te veías en algo parecido? ¿O tenías otros planes?

En realidad a raíz de las experiencias que tuve de moza y vendedora en las que pasé bastante mal, siempre tuve ese discurso de “yo no quiero trabajar para nadie, quiero trabajar para mí”. Era un discurso medio de adolescente, nada bajado a tierra, pero cuando entré en comunicación y me interesé en la comunicación comunitaria, siempre estuvo en mi cabeza crear un proyecto social enfocado en que el arte llegue a distintos sectores. Siempre estuvo en mí esa necesidad de emprender algo desde el arte. Yo bailo desde que tengo memoria y no sería ni ahí la persona que soy si no hubiese encontrado esa manera de expresarme y manifestarme. Siento una necesidad re intensa de poder acercar esos espacios a gente que lo necesita de verdad.

Como una herramienta de expresión…

Sí y de cambio. De cambio ante realidades que están muy de menos y donde la gente necesita encontrar maneras de expresar y sacar lo que llevan dentro. Eso siempre estuvo. Pero obviamente jamás imaginé ser la dueña de un estudio de tatuajes. Eso no me lo esperaba. Pero sí esas ganas de hacer algo por mi cuenta.

¿Cómo es tu relación con el baile?

Yo estudié muchos años y se me abrieron un montón de puertas… bueno, yo toqué puertas en realidad. Hace un par de años di un montón de clases como profesora, que fue muy lindo para el ego, obviamente, porque me estaba yendo re bien y me estaban valorando como bailarina, que es bastante difícil, y empecé a ganar plata con eso… Hasta que llegó un punto de crisis conmigo misma. Sentía que estaba enseñando algo que a mí me habían enseñado sin haber existido antes un proceso investigativo conmigo con respecto a eso. Estaba reproduciendo como robot. Llegó un punto que sentí la necesidad de, si iba a ser profesora, dar una visión realmente propia y que me mueva a mí para así poder mover a los demás. Ahí largué todo, rechacé bastantes propuestas laborales del rubro, me alejé de todo eso.

¿La crisis fue con respecto a ser profesora o al baile en general?

Al baile en general. Sentía que la forma en la que yo me expresaba era muy como debía ser, no era propia, era reproducir un estilo. No existía un proceso más interno digamos. Entonces empezó a surgir cada vez más en mí la necesidad de decir cosas cuando bailo. Ahí hice algo de contemporáneo, de afro, pero después no pude seguir nutriéndome porque empecé con Sombra. Ahora volví a tomar clases pero más como entrenamiento, para liberar tensiones.

También en el ambiente en el que estabas, de hip hop, hubieron bastantes líos relacionados a abusos de poder de parte de profesores. Se habló bastante de eso.

En donde yo estudiaba no me sentía cómoda, era un ambiente muy de egos y todo lo que se decía era siempre con la necesidad de sobresalir, de dejar pegado al otro. En ese ambiente yo no me encuentro. También era todo muy machista, en mi grupo eran casi todos hombres, y yo me sentía muy desvalorizada en mi palabra, en lo que tenía para aportar. Eso también se debió a mis inseguridades igual, no es por echarle la culpa a otros.

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¿Y ahora volviste?

Ahora el ambiente del hip hop está muy delicado porque han habido muchos abusos por parte de profesores, no sólo de la academia a la que yo iba, si no de varias otras. Se naturalizó mucho durante varios años el abuso de poder entre profesores hombres y alumnas mujeres, chicas, hasta menores de edad. En este momento se destaparon muchas verdades y está muy frágil el ambiente del hip hop académico. Después está el ambiente del hip hop más propiamente dicho que es el breaking, en las calles, del cual no puedo hablar con propiedad porque nunca formé parte. Pero el ambiente de las academias está súper frágil, sobre todo las que están dirigidas por hombres.

¿Eso pasa sólo en ese género de danza? ¿No pasa también por ejemplo en el ambiente del reggaetón o de géneros con más carga “sexual”?

Seguro pasa en muchos más, pasa que yo no conozco otros ambientes. Públicamente las pibas del hip hop lo manifestamos en las redes sociales, pero que otras no lo hayan hecho no significa que no pase. Ahora se está iniciando un colectivo de mujeres del hip hop por esta impotencia que sentimos todas, que se está recién gestando, para tomar medidas más fuertes como colectivo. Nuestra intención está en cada vez abrirnos más ante bailarinas de cualquier otro género que se quieran acercar y estoy segura que en otros estilos pasa igual o peor porque la salsa, la bachata, tienen un componente super machista. Son liderados por los hombres, la mujer siempre se deja guiar… y bueno, el reggaetón, ni me hagan entrar en ese tema.

Capaz lo que ayudaría sería que hayan más academias lideradas por mujeres.

Las hay, en este momento les puedo nombrar dos, Funk Up y Ridim, que son lugares amorosos en lo que respecta al hip hop. Pero sí, la intención que tenemos con este colectivo que recién está empezando es que vengan esas mujeres de otros ambientes, que nos podamos empezar a unir, a conocernos.

Es que si no existe un grupo de apoyo es difícil que otras se animen a denunciar, estando solas. El formar un colectivo ayuda a que más pibas se sientan cómodas a hablar de cosas que les pasan que seguro todas comparten.

Sí, por eso. La verdad que estamos con toda. Mismo si no sabemos mucho del tema legal, de qué manera empezar a accionar, porque estos temas requieren acciones legales. Pero ya estamos asesorándonos por gente que nos puede ayudar y la idea es esa, formar una red de sostén en donde nos podamos escuchar, expresarnos, llorar juntas, pero también empezar a tomar acciones para empezar a cambiar las cosas.

Si alguna piba que lea esto quiere sumarse al colectivo, ¿cómo se podría contactar?

Conmigo, obvio. En este momento somos bailarinas pero podría ser también de otra rama artística, que si le interesa esto, me escriba y que venga a las juntadas, nos juntamos todos los domingos.

¿Cómo surgió ese agrupamiento?

Por un grupo de WhatsApp que se había creado para filmar un video a partir de todas las denuncias del año pasado. Se armó un grupo de más o menos 50 mujeres bailarinas que quedó en la nada hasta hace más o menos un mes y medio, que volvieron a escribir para juntarnos y nos reunimos por primera vez, acá, en esta misma mesa, donde estamos sentadas. Éramos siete nomás en esa primer juntada, hablando de cómo podíamos hacer ese video. En el segundo encuentro fuimos ya como 30 y hubo una ronda de presentación de horas en donde cada una se expresó; estuvimos hasta las tres de la mañana hablando, llorando, empatizando. A partir de eso la intención de hacer el video quedó en segundo plano y priorizamos tomar acción directa, porque hay cosas que resolver; hay personas que han lastimado a muchas pibas, y que siguen dando clase, que son directores de academias. Hubo un escrache social, pero no hubo ninguna denuncia legal. Pero bueno, estamos en eso.

También la danza es un ambiente en donde la mujer puede sentirse fácilmente vulnerada porque muchas veces es utilizada como un adorno o sexualizada. No hay nada inherentemente malo en bailar de forma sexual, el problema es cuando te ponen en ese lugar siempre.

Claro, y más cuando casi todas las estudiantes son menores, apenitas mayores, no superan los 21 años. Yo soy de las más viejas en ese colectivo y tengo 23.

Lo bueno de eso es darse cuenta de que pibas tan jóvenes están tomando consciencia y dejan de naturalizar esas cosas.

A mí me dejan helada. Yo ya superé todas esos preconceptos de edad, no trato más de pendeja a nadie, porque están saladas.

Sí, también hoy en día tienen más herramientas para darse cuenta de cuando algo está mal y agruparse y hablarlo. Hoy es más sabido que una puede quejarse cuando algo está mal porque seguro va a tener apoyo. Capaz a nosotras a esa edad no nos pasaba.

Sí, es súper generacional. Volviendo al tema del tatuaje, los estudios de acá que tienen sus años son casi todos dirigidos por hombres grandes, he escuchado un montón de cosas turbias de varios de ellos. Recién ahora hay tatuadoras mujeres que se están empezando a empoderar cada vez más, pero la verdad es que no tienen espacio en esos estudios que son completamente dominados por el sexo masculino, que cargan con toda esa concepción del tatuaje como algo súper varonil, oscuro. Nuestra intención con Sombra es crear un espacio en donde una pueda llegar y sentirse segura. Yo eso lo tengo súper presente. Nuestro público además es en la gran mayoría femenino, se tatúan mucho más mujeres que hombres acá. Entonces es muy importante crear un espacio en donde podamos sentirnos seguras, cómodas en un momento que es de por sí súper incómodo, por la exposición, el dolor. Tenés que sentirte segura y acompañada.

Es increíble como hay que aclarar esas cosas, como hay que construir de cero espacios seguros para las mujeres como si fuera mucho pedir, cuando tendría que ser algo obvio. Es algo que se va a ir normalizando a medida que vayan llegando más mujeres a cargos de poder.

Obvio, porque un hombre no va a poder problematizar todo esto, por más empatía que pueda tener. Es obvio que es un tema generacional porque recién hace poco la mujer empezó a sentir la confianza y la seguridad para hacer cosas por su cuenta. Es algo mega reciente, en la generación de nuestros padres no pasaba mucho, es por eso que si entrás a cualquier trabajo tu jefe en general va a ser un hombre. Por eso para mí es muy importante mantener ese equilibrio, que la conversación no siempre sea dirigida por el hombre, que siempre haya mujeres adelante.

Pueden seguir a Manu en su instagram personal y a su estudio de tatuajes Sombra.

Fotografía: Martina Vilar del Valle

 

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