#1

Hoy me fui de tu casa a las cinco de la tarde y hacía calor. Calor, en pleno invierno. Mañana va a haber tormenta, como dice la canción de Eté y los Problems que por alguna razón me pone triste. Creo que porque alguna vez escuché a Ernesto decir que la escribió el día que terminó una relación de años y no sabía que más hacer. Ya sabés que me da miedo imaginarme que dejes de quererme. No te voy a aburrir con eso. 

La cosa es que salí y sentí un aire rarísimo de nostalgia. No sé porqué, sentí como si este día yo ya lo hubiera vivido años atrás, más de chica, cuando ni te conocía ni te imaginaba como sos. Obvio que soñaba con enamorarme, sí. Pero vos andabas en otro lado, enamorado de otra persona, sin saber que yo existía ni que algún día nos íbamos a conocer. ¿No es raro pensar eso? Siempre me sorprende cómo la vida es una coincidencia constante. Cómo la gente que conocemos se cruza por nuestro camino por puro azar, cómo somos quienes somos porque nos tocó y por nada más. A veces me hace bien suponer que al final todo pasa por azar, y que va a terminar siendo como tiene que ser más allá de nuestras acciones. A veces no me la creo. Pero intento. 

En fin, nada. Hoy hace 7 meses que estamos juntos y quería retratar este momento en este universo mío. Capaz algún día leo esto y me quiero morir. Espero que no, pero si eso pasa, si esto es una carta a mi yo del futuro y no a vos, si estoy leyendo esto en algunos años y pensar en vos me genera tristeza, supongo que lo único que tengo para decirme es que “la vida es una tómbola” y que las cosas, tarde o temprano, se terminan alineando. Que en algún momento nuestro amor fue y fue hermoso, que se ve que efectivamente algunas cosas son efímeras, pero que todavía me quedan cosas lindas para conocer aunque sea brevemente. Por lo menos por ahora nos queremos y eso me es más que suficiente.

#2

No me acuerdo bien si estoy mezclando varias fechas pero siento que hubo un día que yo fui a tu casa después de un toque de Babasónicos y hace mucho no iba a tu casa, y no sé si fue esta vez que me ofreciste pisco porque lo trajiste de Chile, pero no tenías pomelo o lo que sea que lleve el pisco, entonces yo te dije de comprar un vino pero te daba paja caminar. Ahora me acuerdo, el día que tomamos pisco fue otro y este fue el día que fuimos hasta Plaza Cuba y me contaste que habías estado con alguien hace dos horas y que era alguien que yo conocía y que sucedió mientras la cámara grababa para un documental. No me acuerdo que me dolió más, si el hecho en sí o que conmigo nunca hiciste nada tan aventurero y digno de contar. Creo que desde que te conozco hacemos lo mismo y nunca me molestó porque eran lindas charlas, desayunos, y después me acompañabas a tomar el 582. Capaz por eso pensé que te quería, y te quiero, pero no me dolés ni me doliste y creo yo tampoco me vas a doler. Esa noche fue raro un rato, y yo como siempre saqué el tema pero en un momento me aburrí, y quería hablar de los Babasónicos y de lo que significó para mí verlos en vivo con mi hermano, y quería escucharlos, y escuchar mi playlist de los 80s; porque en ese momento cuando no estaba escuchando Babasónicos, escuchaba Soda y los Smiths. Creo que fue ahí que me mostraste un video de Depeche Mode que nunca me acuerdo bien el nombre, y me dijiste lo nostálgica que es esa década, y ni vos ni yo entendemos bien por qué pero estamos de acuerdo y el video lo vimos entero, y medio que dos por tres en mi casa lo miro pero nunca lo termino y siento algo que no sé bien qué es. De ese video pasamos a otros de Bar Mitzvahs graciosos y me reí mil horas de tu interpretación algo problemática de una madre judía, y lo filmé pero sin querer borré el video el otro día. Tampoco me dolió mucho no tenerlo más, y tampoco me acuerdo mucho del día siguiente. No me acuerdo si me acompañaste a la parada, aunque sospecho que sí, si tenía algo que hacer al llegar a casa. Creo que era sábado. Creo que era sábado y cuando llegué a casa había un grupo de viejas juntando firmas por la inseguridad, y las miré con algo de cara de asco pero creo que no se dieron cuenta. No me acuerdo entera de ninguna noche con vos, bah, por suerte.

#3

¡Hola! Hace mucho tiempo que no nos vemos, que ya no hablamos, pero sé que estás pensando en mí en este momento. ¿Cómo lo sé? Vos me entendés, simplemente lo sé. Es que vos sos lo más cercano a una certeza que jamás tuve.

Mientras te escribo mi casa se va quedando oscura, y no de forma metafórica, solo quería darle un contexto a esto que digo, porque al parecer eso es lo que hay que hacer en las cartas. Mi casa ya está oscura y mi gata, me mira desde un sillón verde. 

Te imagino en este momento con un libro en una mano y un mate en la otra, te imagino con media sonrisa, en mi cabeza seguís fumando, aunque que sé que no es así, pero en mi cabeza podés hacer lo que yo quiera. Y no es que vaya a hacerse realidad sólo por escribirlo, como en aquella película de la cual no recuerdo el nombre pero seguro vos sí. Seguro me dirías el título de la película con tu voz ronca, descansándome un poco para que me enoje, para poder reírte de mí y darme un beso que duplicaría la ternura.

Hace tiempo que ya no soy una niña, hace bastante que no sufro aquel malhumor nihilista que tanto te hice padecer.   

Hace días pienso en escribirte, y creo que es porque hace la misma cantidad de días que vos pensás en hacerlo, creo que querés contarme que no te sentís pleno, y es que nadie a quien yo quiera lo es, suelo querer a personas profundamente conflictuadas, o quizás todes lo estemos.

Hace ya dos años que no leo el poema que nos hizo llorar tantas veces, porque puedo recitarlo de memoria, como todo, adentro de mi cabeza, este territorio fantástico donde engaño al presente con un espejo retrovisor. Es decir, todo esto que planteo forma parte de mi mente, de este mundo ficcional que decido ejercer día a día, pero también de esta virtud que edificamos de saber todo del otro, de anticiparnos a lo que el otro piensa, este monstruo de dos cabezas que hemos construido en nuestras noches de insomnio, ese amor impune que destruyó y desdibujó nuestras individuales como un alquimista amalgamando metales. Tanto amor no puede ser cotidiano, el deseo necesita individuos, necesita distancia, sino está destinado irremediablemente al fracaso. 

Nuestro fracaso fue el de una casa vieja a la que un árbol enorme le levanta el piso con sus raíces inabarcables, y así hubo que cortar el árbol: el tronco, las ramas, las hojas, desalojar a los bichos. 

Pero acá estamos, nuestra dulzura se mantiene distante, y por suerte no somos metales, así que la homogeneidad fue reversible. 

No espero en otres la certeza de nuestros encuentros, y tampoco la quiero, solo me quedo con la estructura irrompible que dejaste en mi autoestima, con la telepatía inexplicable que aún hoy nos da cierta narrativa conjunta, con el chocolate blanco después de la una de mañana y con la seguridad de que esta carta está siendo respondida en algún lugar cerca de la playa.

Foto: Martina Vilar

Podés mandarnos tu carta a cartas@hera-mag.com

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