Sharon Tate en “Había una vez en… Hollywood”

Spoiler alert: Este artículo ha sido escrito para quienes ya han visto la película “Había una vez en… Hollywood”. También hay spoilers de “Inglorious Basterds” (pero bueno, salió hace una década).

Tarantino es ese director que conocés de toque cuando te empieza a enganchar el cine, y que a esta altura del partido, es inmensamente popular. Para ser un auteur osado es conocido por muchos, y a pesar de esto, ha dicho que planea retirarse una vez que llegue a su largometraje número diez. Ahora mismo, tras el estreno de su última película “Había una vez en… Hollywood” ha llegado a las nueve (si agrupamos Kill Bill, lo cual para mí es hacer un poco de trampa) así que el final está cerca… aparentemente.

La primera parte de la filmografía de Tarantino a mi entender es perfecta, la segunda, tras la muerte de su montajista Sally Menke, empieza a sufrir de duraciones innecesariamente largas. Igual lo perdono, porque un tipo que redefine la historia de la humanidad para asesinar a Hitler en un cine en llamas, es un tipo lo suficientemente jugado como para merecer respeto.

En “Había una vez en… Hollywood”, que se estrenó hace poquísimo en Uruguay y en el resto del mundo a salas llenas y con mucho hype, intenta hacer algo parecido. Agarrar un suceso histórico impactante, y darlo vuelta, cambiar los hechos, mezclar ficción con sucesos reales, y volverlo irreverente y humoroso.

Ahora, acá yo le encuentro un problema. A veces me pasa con películas aclamadas o divisivas, que no tengo del todo claro si lo que yo interpreto como negativo es una especie de statement de su director, un: “claro, pero ese es el punto”. Con mi opinión de “Había una vez…” no estoy cancelando a Tarantino, no estoy diciendo que mi interpretación es la definitiva, solo que es eso, mi interpretación.

El asesinato de Sharon Tate, su hijo no-nacido de ocho meses y medio, y otros cuatro adultos: Jay Sebring, Wojciech Frykowski, Abigail Folger y Steve Parent, fue un suceso que sacudió a Estados Unidos a fines de los años 60. Sharon Tate era una newcomer sumamente preciosa y considerada ícono sexual americana, casada con el reconocido director de cine y misógino horrible, Roman Polanski. Lo que diferencia de alguna forma “joder” con estos sucesos que hacerlo con el nazismo, como sucede en “Inglorious Basterds”, es que el nazismo es de alguna forma más “anónimo”. Claro, impactó e impacta a muchísima gente -quiero estresar que no le estoy sacando relevancia- pero la mayoría de los personajes en películas sobre nazismo (salvo Hitler obvio) son ficticios. En este caso, sin embargo, muchos de los involucrados que ven a sus amigos y familiares asesinados en la gran pantalla siguen vivos, ya que ni siquiera pasó hace tanto. A su vez, el holocausto es un suceso tan inmensamente terrible en la historia de nuestra humanidad que hasta nos ha desensibilizado. A veces la única forma de lidiar con algo tan incomprensiblemente horrible es la risa, y en ese caso, Tarantino condena a los nazis y a Hitler, reivindicando el acto de venganza que efectúan contra él. Con “Había una vez en… Hollywood” Tarantino le da un final feliz a Sharon Tate y a sus amigos, pero deja otras cosas en el camino.

En el poster de la película podemos observar a tres protagonistas: Leonardo DiCaprio, que interpreta a un actor de Hollywood atormentado por la inminente muerte de su carrera; Brad Pitt, que encarna a su doble de acción y mejor amigo; y Margot Robbie, que hace de Sharon Tate. De este trío de actores mega-reconocidos y talentosos, los primeros dos interpretan personajes ficticios. Estos personajes ficticios, sobre los cuales obviamente no gira la historia real, se llevan el protagonismo: Margot solo tiene unas pocas líneas de diálogo en un largometraje que corre unas generosas dos horas y cuarenta minutos. Antes incluso tenía menos, pero a Tarantino no le copó mucho la controversia.

Fui a ver “Había una vez…” con un grupo de amigos al Casablanca 21 apenas pasada una semana de su estreno, y estaba atestado de gente. Como pasa casi siempre en mi experiencia viendo a Tarantino en el cine, mucha gente se para y se va. La que se queda hasta al final, se va charlando acaloradamente. En nuestro caso, entre diversos debates, una amiga y yo manifestamos que la película nos dejó una sensación rara. ¿Por qué Tarantino usó esta historia real en la película si Sharon Tate y su personaje no le interesa? ¿Por qué no puede revisitar la historia desde una óptica diferente y cambiar los hechos dándole al menos a este personaje un argumento, un arco de transformación, un deseo, un objetivo, ALGO?

Sharon Tate, la verdadera, decía por 1968 ya, que a ella no le interesaba el rol de sex symbol que le atribuían. Para la revista Cine Revue: “Me quisieron convertir en un símbolo sexual, una rubia tonta. Esa es su idea favorita, Hollywood tiene pocos estudios y están todos dirigidos por hombres viejos. Están seguros que para entretener al público, lo único que tienen que hacer es crear a una estrella rubia con labios brillosos, caderas redondas, y poco cerebro.” 

En 1967 dijo a la revista Look, “Cuando la gente me mira, lo único que ven es una cosa sexy… (…) Soy mercadería, a nadie le importo yo: Sharon”

Margot Robbie es inmensamente talentosa y multifacética. No tengo duda que encarnó muy bien a una Sharon Tate que yo no conozco, pero que su mismísima hermana Debra Tate lloró mares al ver, dado el grado enorme de similitud que encontró entre ellas. Lo que sí le criticó Debra a Tarantino es la ausencia del rol de su hermana en la película. Fijate.

Entiendo por qué, en retrospectiva, Tarantino se vale de este suceso para contar cosas mucho más grandes. Hollywood en sí es protagonista completo de esta película, y los asesinatos de la familia Manson lo sacudieron. También juega con la expectativa del espectador que cree que sabe a dónde se dirige la película, qué le depara el acto final de esas casi tres horas. Leyendo también lo que Tarantino tiene para decir sobre la controversia con Margot, lo encontré dividido entre la irritación (respondió a una pregunta súper válida y respetuosa con un cortante “rechazo tu hipótesis”) y una explicación que no me termina de convencer.

Quentin dice que el motivo por el cual Margot tiene tan poco diálogo, tan poca acción, tan poco tiempo en pantalla, y ninguna motivación clara, es porque él simplemente quería mostrar a Sharon viviendo su vida, tranquilamente y con su esencia. Esto es algo que puede tener sentido, una mujer brutalmente asesinada robada de vivir el resto de su vida es simplemente mostrada viviendo. El problema es que en contraposición con sus co-estrellas masculinas, su vida parece completamente irrelevante. El problema es que a pesar que Sharon rechazaba con ímpetu ser declarada un sex symbol, es lo que es en esta película.

Margot Robbie hará un gran trabajo en captar lo risueño e inocente de Sharon, pero en la película hace de linda. Interpreta a una idea linda y angelical, nada más. Una linda a la moda en el aeropuerto, una linda bailando hipnóticamente en una fiesta, una linda que maneja lindo vestida linda en su casa linda caminando lindo por las calles lindas de Los Ángeles. No puede hacerle homenaje a Sharon, porque no hace nada, es una “Manic Pixie Dream Girl”, una “It Girl”, una linda. En el único momento que vemos algo que refleja su estado interior es cuando va a verse actuar en el cine. Se alegra de que el público se ría de su papel y de la película (aunque en verdad esa película es también un tanto sexista). Vemos sus aspiraciones, sus deseos, apenas y muy brevemente. Parpadeás y te la perdés con sus lentes lindos apoyando sus lindos pies en la butaca de adelante.

No digo que ser linda sea malo, pero estoy segura que Sharon Tate era mucho más que linda. Una mujer que murió apuñalada con un embarazo a término que rechazaba ser un objeto merece mucho más que ser una linda en una película, en lo que parece ser su película, pero que en realidad se vale de su historia para contar otra cosa. La historia de una mujer real, quiero remarcar, que murió en esas circunstancias, después de una vida de abusos en manos de un esposo desagradable que la obligaba a hacer orgías y filmar pornos caseras. No puede escapar ni muerta que la reduzcan a su belleza superficial. Al morir siendo una víctima joven y linda quedó congelada para siempre en la mismísima cosa por la cual no quería ser reconocida.

Sabiendo lo que le pasaba a Sharon en la vida real, lo espantoso de su final, no pude evitar pensar durante la película que cuando esa parte llegara, solo podría sentir compasión por el personaje por lo brutal de la escena, ya que no había logrado empatizar con esa cáscara bidimensional que me plantó Tarantino en la pantalla. Obvio que todos empatizamos con una muerte cruel en una película, pero es clarísimo que hay muertes que duelen más que otras según la construcción de personaje. Sino miren Game of Thrones. Salvo la última temporada.

Por último, creo que mis dos centavos cobran más sustancia cuando inspeccionamos de cerca al mismísimo Tarantino. Él explicó los motivos de su decisión para con el rol de Sharon Tate, pero no sin antes molestarse por una pregunta válida, que no tiene ninguna agenda por detrás de hecho: ¿a quién no le llama la atención que la mujer que protagoniza esta historia real, que aparece en el poster de la película, no sea más que un vehículo para que pasen otras cosas, tanto simbólicamente como para el desarrollo de sus personajes masculinos? El personaje de Brad Pitt está completamente endiosado, puesto en contra de los aparentes enemigos (la familia Manson) a pesar de que es clarísimo en la película que asesinó a su esposa. La esposa del productor de cine de la película que odia al personaje de Brad Pitt por esta misma acusación es vista como una psicótica exagerada e histérica. Al no ser asesinada en el canon de la película, el único propósito que termina cumpliendo Sharon es el de ser una oportunidad para la carrera del personaje de DiCaprio. Estoy segura que Tarantino está cansado de estas acusaciones, de que sus películas sean vistas como racistas o sexistas si él dice no tener ninguna agenda política entre manos. Sin embargo castineó a Emile Hirsch como amante de Sharon, quien fue acusado y encontrado culpable de ahorcar a una mujer en Sundance. También ha defendido a Roman Polanski, quien, no puedo remarcar esto lo suficiente, violó a una niña de trece años. Obvio que en “Había una vez…” Polanski es un director estrella, todo lo que el personaje deprimente de DiCaprio desea para su vida, una oportunidad para su carrera.

Qué se yo, puedo estar equivocada. Capaz que hay un mensaje más grande que Tarantino quiere dar, y puedo darle el lujo de la duda. Que Hollywood es vacuo, que solo nos interesa el espectáculo, que la muerte de cinco adultos y un bebé sin nacer pasa a un segundo plano ante la posibilidad de la fama, que Hollywood acepta violentos y gente condenable si les parece lo suficientemente piola. Capaz que mostrar a DiCaprio deseando todo lo que tiene Polanski es un statement, es la decadencia de la fama, el dinero y el estrellato. No se alinea con lo que él dice en la vida real, pero capaz, en una de esas, es autocrítico después de que Uma Thurman lo interpeló. La verdad también, decir que yo vi alguna de esas cosas en la película, es darle demasiado crédito.

Texto: Florencia P.

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