#7

Te escribo para plasmar en papel todas las cosas que nunca llegué a decirte o pasaron en este tiempo que se rompió lo que fuese que teníamos. Me dirijo a vos no porque vayas a leer esto sino porque las cartas siempre fueron mi forma de expresarme cuando no puedo hablar o ya no me pueden escuchar. 

Te mentiría si te digo que no te extraño, que en este tiempo no he pensado en escribirte o llamarte, que no me pregunto que es de tu vida más allá de lo que posteas en tus redes o que no me han hecho falta tus abrazos y tus besos. Una parte muy fuerte de mí quiere entender que es momento de seguir sin vos porque vos seguiste sin mí y quedarme sola en el lugar donde se suponía que íbamos a estar los dos no tiene sentido, al mismo tiempo una parte muy débil de mí se aferra a todos los recuerdos que te traen de vuelta y crea un montón de escenarios en los que nos damos cuenta que la cagamos dejándonos pasar y la vida de alguna manera nos hace encontrarnos otra vez para hacer las cosas mejor, la verdad es que mis días se dividen en los que siento que puedo pararme encima de lo que tuvimos y saltar a algo más alto, como si fuese un juego de Mario Bros y la otra mitad de los días, siento que el *nosotros* me come como el fantasmita del PacMan y pierdo la partida. 

Capaz te gustaría saber que la única vez que intenté regocijarme en otros brazos y otra boca, me quedé paralizada y me alejé porque no sentí el calor y la seguridad de poder desarmarme como lo hice con vos, capaz no querés saberlo, capaz no te importa, capaz son mis ganas de decirte que sin querer te busqué en alguien más y aunque sabía que no te iba a encontrar, igualmente me dolió.

Pensé mucho en vos y en mí, en nosotros, en las similitudes y en las discrepancias, me pregunté mil veces si te fuiste porque antes que yo entendiste lo distintos que somos o si no entendiste a tiempo, como entendí yo, que si se quiere, las diferencias se sobrellevan por amor. 

¿Te acordas las veces que te agarré la mano y la medí con la mía? Tu mano era mucho más grande que la mía y de alguna forma que pudieras rodear la mía me daba la seguridad de que me podías proteger de todo, capaz te cargué con mucho, te pido perdón por eso, ahora sé que aunque la mano de alguien más sea más grande que la mía, la única que se puede proteger a si misma soy yo. 

Perdón también por proyectarme en vos, por cargarte con mi idea del amor y esperar ver en nosotros reflejado lo que ansiaba, a veces uno no entiende el peso que le pone sobre los hombros al otro. 

Aunque me duelas, algunos días más, otros días menos, me gusta pensar que me dejaste mucho más de lo que te llevaste, como que el corazón no tiene un reloj en el que se juzgue si se puede querer mucho en poco tiempo, que alguien que está a kilómetros puede estar más cerca que el que está sentado a mi costado y que no importa el motivo, el lugar o la duración del momento si realmente te importa con quién estás. 

El otro día una amiga me preguntó si me enamoré de vos o solo te quise, creo que fueron las las dos y una en consecuencia de la otra. No creas que me di cuenta de esto ahora que ya no estás, lo tuve claro siempre pero lo entendí la última noche que estuve con vos. 

Un par de veces soñé que te encontraba por ahí y te pedía que me dejaras abrazarte, en Google hay mil significados para ese sueño pero el verdadero es que la última vez que te despedí, en el uber a la terminal, no te abracé como debía, fue un abrazo corto y rápido; vacío, de haber sabido que iba a ser el último te hubiese apretado lo más que pudiera y hubiese dejado mi cara escondida en el hueco entre tu hombro y tu barbilla, porque el gusto amargo de ese último abrazo no se me fue y no se me va a ir nunca. 

Me gustaría preguntarte mil cosas; si sos feliz, si pensás en mí alguna vez, si me extrañás o si todavía guardas la mini ilustración que te regalé de mí tomando cerveza, te preguntaría si todo lo que me dijiste ya no lo pensás más y si todavía me querés. 

Aunque estemos lejos y esto jamás llegue a vos, de alguna forma espero que sepas que te agradezco lo que diste de vos para hacerme saber y entender, que puedo sentir lo que sentí con vos, que las cosas duelen porque importan y que importan por lo mucho que queremos. Que de todo, de lo mucho que pasó en poco tiempo, elijo eso, que me quedo con lo que te quise y lo que me dejaste quererte.

#8

Si fuese por mí, te regalaría la luna, pero tendré que conformarme con regalarte todo mi amor. Sin poder envolverlo en papeles caros, te voy a envolver a tí en mis brazos, dónde quiero que estés día y noche, olvidando todo a nuestro alrededor.

Te regalaría la luna, pero me temo que no sea suficiente. La luna sólo es un pedacito, una miguita de pan en la galaxia de cuánto te quiero.

En su lugar, te regalo mi corazón en mano. Me lo saco y te lo doy en un cajón.

Con suerte, no te interesa tanto la luna, y preferís la música acústica que genero; la prueba latente de que vivo por vos.

#9

Que me hayas llevado a ver a Gerardo Nieto gratis a un bar de mala muerte me dió la pauta de que contigo puedo vivir las situaciones más surrealistas. 

Nos conocemos hace casi dos meses que se sienten como mucho más. 

No cuento las cosas que me pasan porque me da miedo que se pinchen, como siempre una de cal y una de arena. 

Me gusta que seas tan distinto a mi. Tenes esa cuota de realidad brutal que a mi me cuesta alcanzar. Idealizo absolutamente todo, que tirria. Te beso en tu auto de los sesenta, que me da vértigo cuando me subo y me siento una hippie que escapa de casa para irse con un rebelde. 

Solo con chuponearte fuerte por cinco minutos me da electricidad en todo el cuerpo, como una especie de shock adrenalínico. En dos citas más voy a hacer la carta astral conjunta que te dice si harías buena pareja, que por supuesto es totalmente falsa y lo se, pero esa cuota de dejar tu futuro amoroso en manos de un bot astrológico renueva mi esperanza en el amor. 

Siempre es lo mismo, por eso me da tanta ansiedad llevar cuenta de las citas, de los meses, con mi primer novio estuve un año y medio, con el segundo siete meses, con el tercer saliente formal dos meses y medio. Veamos cuanto nos dura esto, no quiero ni pensarlo. Cuando es correcto decir te quiero, vení a un cumpleaños familiar conmigo, tengamos un fin de semana romántico en una casa de afuera.  

Ya sé, me estoy yendo al carajo con tanta premeditación, pero ir caminando contigo de la mano por la feria, ver la cuerda de tambores tomando grapamiel, que me agarres la mano cada vez que terminas de meter los cambios en el auto me hace pensar que capaz esto está muy bueno.   

Foto: Martina Vilar

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