Sofía Papadópulos tiene 24 años, es ilustradora y estudiante de diseño textil. Nos juntamos con ella para hablar de su obra, de buscar nuevas experiencias, la necesidad de crear espacios artísticos innovadores y de la presencia y el avance del poder de las redes sociales y cómo eso se relaciona con su arte.

Hera: Empecemos por presentarte para la gente que está leyendo. ¿Cómo explicarías lo que hacés? 

Sof: Parto de la base que lo que hago es autobiográfico. No es tratando de generar conceptos abstractos, parte de vivencias o de emociones propias. Si he hecho trabajos que no tienen que ver con eso pero es una cosa aparte, no es lo que considero mi obra. Siempre parte de emociones específicas o abstractas, que en el proceso mismo de creación se van moldeando, es un proceso medio psicoanalítico. A veces decís cosas que no entendés muy bien porqué las decís pero se conectan con otras y después cuando lo revisás entendes más cosas, es un proceso terapéutico. 

¿Vos te dedicás al dibujo?

En realidad estudio diseño textil, estoy por entregar la tesis. Estudié de todo en mi vida, hice muchos cursos. Empecé con fotografía, siempre en mi casa hubo mucha fotografía en la vuelta. Hice un cursito cuando era re chiquita a los 11 de fotografía analógica, con mi hermana. No queríamos ir porque éramos las dos medio tímidas, íbamos con una señora en Aquelarre mano a mano con ella, usábamos el cuarto para revelar y todo. Después hicimos una producción de fotos con una amiga, nos sacábamos fotos entre nosotras. Siempre curtí mucho el autorretrato. Tengo fotos muy graciosas de la época de fotolog donde estoy posando con ropa estrafalaria haciéndome la loca, pero al mismo tiempo era como que yo podía ser “yo” en ese momento que me sacaba las fotos. Esa costumbre la agarré hasta ahora, re domino el temporizador. Siempre trabajo en base a fotos mías. Después hice análisis de la imagen, estudié cine un año, hice un año de Bellas Artes, toda la carrera de diseño textil…

¿Cómo empezaste a dibujar?

El dibujo empezó como una cosa de probar y después juntaba mucho dibujo con texto. Empecé a subir algunas cosas a Instagram y en un momento se me dio la oportunidad de hacer una exposición. Ahí me empecé a tratar de profesionalizar más y tomarlo como algo más cotidiano, más en serio, porque me di cuenta que me hacía bien. Pero la técnica en sí no es algo que me llama mucho la atención, ni que trate ser una profesional del dibujo. Tampoco nunca intenté imitar imágenes realistas, salvo de chica.

¿Siempre tuviste el autorretrato como algo muy presente?

Si, por alguna razón el ojo de la cámara no lo siento como algo tan ajeno si no más como mis propios ojos. Si yo quiero expresar algo a través de una foto siento que una modelo no podría entenderlo, porque los sentimientos de uno son los sentimientos de uno, aunque yo se lo explicara. Me pasaba mucho que yo consumía más en la época de Tumblr a full y siempre estaba buscando imágenes como medio emo (risas). Hasta que me di cuenta que yo podía hacer esas mismas imágenes pero más personalizadas. Buscar eso que buscaba en otro lado en mí. Eso me hizo sentir poderosa. 

Vos hablabas de obra autobiográfica, o sea que los personajes de tus dibujos en general sos vos. ¿Qué onda con exponerte y que la gente sepa que sos vos y hacer esa especie de psicoanálisis en una plataforma tan accesible y popular como es Instagram?

Al principio me daba miedo. Me daba miedo que la gente entendiera todo de mí, que supiera en qué andaba, mis problemas. Después hablando con mis amigas me di cuenta de que ni a palos pasa eso, que cada uno interpreta lo que ve con sus propias vivencias y que no están entendiendo todo. 

Tampoco son dibujos que te dicen algo muy claro, explícito. Hay bastante espacio para la libre interpretación. Pero igual sigue siendo un acto de vulnerabilización zarpada. Vos estás poniendo tu nombre.

Sí, de hecho he tenido gente que me dice “bo no sé en qué andas y me entero por lo que subiste”. Parejas de hecho. Obviamente dejamos, esa comunicación no servía (risas). Y hace poco me pasó que subí un dibujo que me pareció que era mucho, no tenía ganas de que la gente supiera tanto, y lo borré. Sobre todo cuando tiene que ver con el dolor me siento demasiado expuesta. Pero ta, es una costumbre y el compartirlo es parte de la liberación para mí. 

¿Vos sentís que el arte por definición se tiene que compartir?

No sé si el arte en general pero el mío seguro que sí. Lo siento como un alivio, me deja menos sola. Y también reivindica pila de cosas que yo quiero de mí porque sé que lo que hago tiene un mensaje que tiene que ver con la mujer y con lo que se espera de la mujer. Subir cosas que rompen con esa estructura me hace por un lado responsable y me da una responsabilidad que me gusta, y por otro lado me parece que genera un cambio de alguna forma, aunque sea chiquito. 

¿La temática erótica es algo que siempre estuvo con vos desde que empezaste a dibujar o lo fuiste encontrando?

Lo erótico me parece que empezó más que nada por el cuerpo. La ropa no me sumaba nada en los dibujos, tenían que estar desnudas para demostrar lo que yo quería. Y después me marcó mucho un taller que hice que se llamaba “fotografía masturbable” que fue un intensivo de pornografía básicamente. El primer día nos hicieron llevar fotos con las cuales nos masturbáramos y estaba demás porque el grupo era re diverso. Después veíamos todo, los deseos de cada persona eran un viaje. Y no era raro porque era un ambiente re de confianza, todos íbamos a lo mismo. El último ejercicio era sacarte una foto a vos mismo como un objeto de deseo, con la cual otra persona se pudiera masturbar. Era un ejercicio re interesante para hacer porque ponerte vos, creértela, tener las “agallas” para hacerlo y mostrarlo, no es fácil. La cosa es que ese curso me abrió un universo que yo dije “quiero seguir por acá”. Me voló la cabeza. Después lo fui intensificando. Yo a veces me olvido de lo que estoy dibujando, lo hago y lo subo, no pienso en la connotación que tiene. El otro día subí una foto de un culo que se le re veía la concha y después dije “che, hago porno, qué viaje”. Yo me olvido de que otra persona puede ver eso y decir “mirá, esta es la mina que hace porno”. 

Es interesante el concepto de qué es pornografía y qué no y la discusión de lo ético y lo erótico. Se está hablando pila dentro del feminismo sobre cómo hay muchas mujeres que suben nudes a las redes sociales con la consigna de que es empoderante porque lo están subiendo ellas mismas y nadie más, ellas eligen expresar su sexualidad. Y por otro lado muchas dicen que no es empoderante porque te estás sexualizando, estás cumpliendo con lo que se quiere de tí: ser linda, ser un objeto de deseo. ¿Vos sentís que tus dibujos abren un poco esa conversación, toman una postura?

He visto mucho esa discusión y no la termino de entender. Sigo pensando “hacé lo que quieras”. Dicen “ay no pero mirá la cantidad de pajeros que te comentan abajo”. Pero ahí el problema no sos vos, siguen siendo los pajeros. Lo que importa es que te haga sentir bien, porque hay veces que lo hacés y no te hace sentir bien. Hay que visualizar las presiones internas que tenemos, analizar si es genuino el deseo de mostrarnos, si de verdad te sentís bien, o si seguís buscando aprobación. También está el tema de si tu cuerpo es hegemónico o no. Es un tema re delicado.

Sí, tiene mucho que ver con la búsqueda de aprobación a través de las redes. Igual es distinto en tu caso porque más allá que vos sos el objeto sobre el que dibujás, la de los dibujos no sos vos necesariamente, es una ficción.

Es como una fisicalización de mi interior digamos.

¿Y tus dibujos están siempre ligados al erotismo o tenés cosas que nada que ver y no mostrás?

Pasa que el erotismo se me presenta como algo muy fuerte, pero no todos los desnudos para mí son eróticos. A veces puedo subir algo que tiene que ver con los genitales pero no tiene que ver con coger o con el orgasmo. Sí tiene que ver en general con eso porque a mí personalmente un montón de cosas internas e inconscientes se me canalizan por ahí, por esa sensación erótica, aunque no esté relacionado al acto sexual, pero es algo que me pasa. Y porque también el erotismo y la conexión con una misma y con los demás es una de las conexiones más zarpadas que podés tener con alguien, haya amor o no haya amor, es un contacto físico muy directo. Y ahí entran en juego cosas más existenciales, cuando uno llega a esos lugares de conexión. Repito que cuando hablo de erotismo no hablo de genitalidad, hablo de una sensación que no puedo describir: por eso me dedico más a los dibujos que a las palabras para explicar ciertas cosas.

Vos compartís tus dibujos por instagram. ¿Pensás que el arte al ser compartido por Instagram, hoy en día que todo el mundo comparte cualquier cosa por ahí, pierde un poco de “valor”?

Por un lado creo que Instagram es la plataforma que tenemos ahora y si bien hay mucha gente que sube boludeces hay ciertas cosas que ojalá que no pierdan valor. Es verdad que el tiempo de lectura es muy corto en Instagram, solo de unos segundos, y eso es una cagada, pero también por otro lado creo que los espacios de arte tienen que cambiar, que ya tampoco en un museo la gente le dedica tanto tiempo a la reflexión o la contemplación. Yo no quiero dejar Instagram, muchos artistas que yo aprecio y admiro un montón están ahí, y eso me da cierta tranquilidad, no sé si de otra forma los hubiese conocido. Pero hay que configurar nuevos espacios de arte donde te den ganas de quedarte, que sean más sensoriales, que sean más envolventes. Siento que Uruguay se queda siempre en el tema galería y museo.

Sí, da la sensación que acá el arte del dibujo y la ilustración están bastante encerrados en Instagram hoy en día, que no se ven en otros lugares. 

Tampoco hay presupuesto. No hay lugares para aprender nuevas metodologías ni hay dónde mostrarlas, porque yo si quiero armar una instalación con proyectores, pantallas de distintos tamaños, etc. me va a salir un montón de plata. 

Además de que el presupuesto público que hay para la cultura se gana a través de concursos re competitivos y si no lo ganás tenés que bancártelo vos o conseguir sponsors que no están dispuestos a pagar lo que realmente vale. 

Si, igual no quiero decir que no hay oportunidades en lo de fondos porque nunca lo intenté, no me presenté a ninguno, es algo que tengo pendiente, y hay gente que lo ha logrado. También hay espacios culturales que están muy buenos. Pero siento que seguimos teniendo un poco de cabeza “gris”. 

¿Seguiste haciendo fotografía?

A veces saco algo pero en el mismo plan, no tan técnico. Ahora estuve haciendo fotografías intervenidas con dibujo, me atrae mucho lo digital. El año pasado hice un cursito de arte contemporáneo y me abrió una perspectiva de todo lo que tiene que ver con eso, los cyborgs, con romper con el modelo de lo natural como lo bueno, romper con la supremacía de lo natural. Tengo toda una emoción por lo que está pasando ahora y lo que se viene con respecto a las máquinas, los robots, todo eso.

¿No te da miedo que se pierda un poco lo humano?

Yo siento que va a estar bueno, que va a sumar, es construir un poco más a partir de lo que ya tenemos, como una evolución. Capaz hasta potencia los vínculos.

¿Sentís que lo que tenemos ahora, las redes sociales y el internet, potencian los vínculos?

No, las redes sociales no potencian nada, yo tengo el cerebro frito de tanto Instagram. No puede ser que nuestros estímulos sean solo la pantalla, no son una buena estimulación intelectual para nada. Tienen cosas buenas, pero el problema es el componente adictivo, pasamos demasiado tiempo en eso. Si ese tiempo lo invirtiéramos mismo viendo una película, aunque sea otra pantalla, te genera otros estímulos, hay una construcción de pensamiento. Eso no pasa en Instagram, donde el pensamiento se reduce, la concentración se reduce, la capacidad de reflexión se reduce…

¿Y cómo ha sido para ti la experiencia de “salir de instagram” digamos, de exponer en otros lados?

Expuse en centros culturales y en ferias, pero un poco pasa lo mismo que en las redes, la gente está tomando birra y charlando, miran lo tuyo y se dan vuelta en seguida, y es peor porque vos estás ahí; de última en instagram no ves cómo no te dan bola. Hay que ser cuidadosa, porque al final te duele, querés que la gente se conmueva y no siempre pasa.

Volviendo atrás, ¿te gustaría vivir del dibujo?

No sé si del dibujo en sí pero el arte seguro. El año que viene me quiero ir a la mierda, a llenarme de un montón de estímulos culturales nuevos y conocer gente nueva y ver qué hacen y cómo lo llevan a ciertos lugares, básicamente aprender mucho. 

¿Pensás volver?

Seguramente no quiera volver. Yo amo Uruguay, me encanta, le tengo mucho amor, me encanta tomar birra de noche caminando por la calle, es algo que sé que por ahí no me pasaría en cualquier lado, pero también siento que no encontré mi lugar acá. 

Hay pila de gente joven que se está yendo a vivir a otros países por un tiempo. ¿Vos pensás que están todos en la misma, de buscar vivir de lo que les gusta y acá no pueden? 

Yo creo que siempre buscamos más de la vida. El camino facil es buscarlo en otro lado, y sí debe haber gente que vio la oportunidad y se fue sin pensarlo. Capaz que llegás ahí y te sigue faltando algo y bueno, vas a seguir moviéndote, hay que moverse. 

Podés seguir a Sof en su instagram.
Ilustraciones: Sofía Papadópulos
Fotos: Martina Vilar

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