#10

Siempre que me enamoro pienso que nunca antes supe que era amar. Tengo muy masticada esa idea ridícula de que uno es muy joven para querer de verdad, por eso siento que cada persona que quiero es mi primer verdadero amor. Es bastante estúpido si me lo pongo a pensar, porque sentí exactamente lo mismo por todas las personas a las que creo que quise.

Últimamente me encuentro preguntándome muy seguido qué significa querer. No entiendo cómo es que quieren los demás. Todos queremos distinto, todos vivimos cosas distintas, no podemos querer de la misma manera. ¿O sí? Capaz que al final todo se reduce al mismo sentimiento. Y a las mismas ganas de ser querido. ¿Queremos desinteresadamente o queremos porque queremos que nos quieran? ¿Cómo funciona todo esto?

Al final siempre termino preguntándome si de verdad me quisiste o si yo creí que lo hacías porque era lo que yo quería. Mi psicóloga dice que no tomo mucho en cuenta cómo se sienten los demás, que siempre busco que coincida con lo que yo quiero. No sé si tiene razón, no sé si tengo ganas pensar en eso.

Volviendo a la cuestión principal: ¿En serio me querías? ¿O estabas triste y solo? ¿Cómo es que querés vos? ¿Habré entendido todo mal? Lástima que estábamos pasando por cosas tan zarpadas, capaz que en otras circunstancias podía preguntarme esto con un poco más de evidencia de que la que tengo.

Nunca me preguntabas cómo estaba ni tampoco me mandabas mensajes después de vernos para decirme que habías pasado bien. Nunca me sacabas tema de conversación para saber de mí. Creo igual que era porque vos estabas vacío y muy dolido como para querer llenarte con otras cosas. No te culpo. Qué triste, me hubiese gustado poder ayudar.

Capaz que fue eso lo que pasó, que me enloqueció la idea de verte sangrar y no poder cerrar tu herida. Probablemente no hubiese sido lo mejor, sanar a prepo deja cicatrices. Pero qué horrible igual verte llorar y no poder hacerte reir. Qué horrible estar en silencio sintiendo tu vacío sin poder llenarlo ni con palabras. Ya no sé. A veces te extraño, pero me siento mejor ahora que ya no sangro contigo. Ojala estés bien, te diría que te quiero pero todavía no sé si es eso lo que me pasa.

#11

Me siento, te invoco siempre. Ya no sé si no puedo o no quiero soltarte. Te recuerdo. Sos como esa brisa constante de recuerdos vívidos y alegres que siempre quiero mantener. Me acuerdo de tus ojos marrones, siempre oscuros, que tanto amé. Ya no te quiero, pero me sorprendo recreándote una y otra vez en la memoria. A veces esta, caprichosa, me falla. Como ahora, en este jueves caluroso de febrero en el que me pregunto qué estarás haciendo y por qué no te dije más seguido que sos la persona más linda que conocí.

Ya no recuerdo cómo era el sonido de tu voz, pero sí que con lo que decías me hacías reír hasta que me dolían las costillas. Me acuerdo del sonido de tu corazón y de tu respiración lenta y tranquila cuando me abrazabas. De tus manos grandes con dedos largos y finos que se entrelazaban con los míos. Recuerdo tu boca gigante con esos labios gruesos que siempre me gustaron, y de las comillas que se te formaban a los costados de la boca cuando sonreías. Se me viene a la mente tu cara seria, esa cara de culo que podía alejar a medio mundo si no te conocían bien.

No recuerdo haberte visto enojado alguna vez, y si estuviste de mal humor conmigo lo disimulaste. Vos siempre tratando de hacer reír a los demás con tus chistes tontos, vos sonriendo, vos alegre. Nunca aceptando consuelo, siempre dándolo. Me habría gustado que aceptaras el mío y no creyeras que era lástima. ¡Mirá si iba a sentir lástima por vos! Si yo te quería, lo que a vos te dolía a mí también. Nunca me atreví a decírtelo.

No escribo de vos ni para vos porque te extrañe, no, nada de eso. Yo estoy bien con mi vida y mi círculo reducido, después de tanto tiempo y tantas, tantas, tantas cosas.

Escribo de vos porque no quiero olvidar ni olvidarte.

Escribo de vos para recordarme a mí misma que exististe y no fuiste tan solo un producto más de mi imaginación.

Escribo para recordarte, para volver a estas palabras alguna vez y saber que fui capaz de querer tanto y sobrevivir.

No te pido perdón, la deuda más grande de conciencia la tenía conmigo, y yo ya me perdoné.

Siempre paso por todos los lugares que recorrimos juntos y me inunda la felicidad. Sonrío de verdad y me emociono de alegría. Fuiste todo lo que necesitaba en ese momento, un remanso de calma, alegría y buen humor. Hubo un antes y un después de vos. La que era antes ya no existe, y la de después sigue acá, perduró, me miró a los ojos y supe que quería ser esta, la que soy ahora. Fue un trabajo lento fundir el hielo y llegar a la calidez.

Camino por la plaza que rondábamos siempre que salíamos, miro la iglesia y vuelvo a recordar aquella noche de tormenta de verano en la que te pusiste delante de mí para que la lluvia no me moje. Irónicamente dos ateos, uno confirmado y la otra en conflictos con la tradición familiar, refugiados a la entrada de una iglesia. Esa noche confirmé que me querías, me lo venías diciendo no recuerdo bien cuánto pero ese gesto de protección, insignificante para muchos, fue una revelación para mí.  Siempre te dije que me gustaban las cosas simples.

Ahora lo único que me transmite esa paz y alegría que vos me hacías sentir es el viento y el atardecer, y el saberme libre cada día. De a poco todo se va disolviendo y solo soy yo y la libertad que tanto anhelaba. Atardece y yo me siento libre, siempre un poco más libre que ayer.

Mandanos tu carta a cartas@hera-mag.com.

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