Reseña sobre la obra de teatro, “El carmesí es más intenso”

Una familia aferrada al pasado. Un cumpleaños que se festeja con un propósito sombrío. Una espera que se repite año tras año. Una fiesta Kitsch. Un halo de esperanza a la vida sórdida. Un clan marcado con el color carmesí.

Sentarse en una sala tan íntima y acogedora como la de AGADU para dejarse llevar por la dinámica de una familia que espera y desespera durante un festejo sin igual es el principio de una obra que juguetea con los sentimientos propios dentro de nuestras familias. 

Una madre, Rubí, sumergida achacosamente en la gran frase “todo tiempo pasado fue mejor” es el núcleo de esta obra. Madre de tres hijos, dos con los cuales vive, pelea, educa y presiona. Madre que va viendo en retazos de fotos viejas cómo su vida ha quedado en suspenso cada vez que se acerca el festejo de su cumpleaños, manteniendo viva la esperanza de que luego de 20 años de esperar al amor de su vida (y padre de sus últimos dos hijos) vuelva por ella junto con la promesa que le hizo otrora. Es inevitable relacionar a Rubí con todas las madres que alguna vez conocimos; madre que requiere atención y se afana en exagerar sus nanas para conseguirla. Madre que aunque convive con sus hijos desconoce la esencia de ellos sólo para aferrarse a lo que alguna vez fueron cuando eran todos una “familia”.

Una puesta en escena con la cual podríamos relacionarnos todos retrata un espacio cotidiano rodeado de plantas y de ropa en la cuerda. Espacio que con pequeñas inclusiones se va convirtiendo poco a poco en la tan esperada fiesta. La dinámica entre los dos hermanos menores es cercana más no así armónica; destellos de hastío entre ellos y Rubí que intenta de cualquier manera hacer que se borren las diferencias para que actúen como ella quisiera. Rubí quiere que todos actúen; y todos hacen el papel que se les dio en ese festejo. Su hija mayor quien llega con su pareja de toda la vida es el factor con el cual se va desenlazando o entrelazando las relaciones entre todos. Una hermana que no se siente parte al ser hija de otro padre pero que sin embargo siente la responsabilidad típica por su orden de nacimiento al tratar de complacer a su madre en todo lo que ella quiere, en cumplir con el rol de armonizar y de estar armónica ante cualquier eventualidad aún a coste de su propia paz. Su pareja, un vecino de toda la vida, se acomoda a la tan conocida retorcida dinámica familiar pero con desgano y con intenciones que se verán reveladas en sus gestos y en sus breves pero disonantes comentarios. 

Podemos sentirnos arrastrados en la verborragia de los hermanos menores quienes intentan forzar su manera de ver la vida el uno hacia el otro, y juntos hacia el resto de la familia. Verborragia que por pronto pareciera querer llenar el vacío que se palpa en el ambiente cuando los silenciosos secretos son más fuertes que la música de fondo. Vemos como la insistencia de Rubí ante su festejo, sus nervios y sus inagotables expectativas de volver a reunirse con el amor de su vida hacen que su personalidad cuasi infantil, atascada veinte años atrás, demande de sus hijos mil y un actividades para hacerla olvidar que el tiempo está pasando y que la esperada visita aún no llega. Rubí intenta hacer que todos bailen al ritmo de su música, literal y metafóricamente, para llevarla una y otra vez a los tiempos en los cuales ella se sentía joven, feliz y enamorada.

Cada cumpleaños que pasa es un recordatorio de lo que no fue y quizás de lo que no será hasta que esa persona cruce el umbral. Un recordatorio de una familia fragmentada ante el pasado idealizado por la distancia y un presente lleno de diferencias pero unida al menos un solo día al año para recrear una pantomima con la esperanza de que esta vez sí todo vuelva a ser como antes. 


“El carmesí es más intenso” es una obra llevada a cabo por catorce personas, de las cuales once son mujeres, y en roles de suma importancia: dirección, dramaturgia y producción ejecutiva.

La obra fue escrita por Carolina Olivera Magnou hace unos dos, tres años. Más tarde se incorporó Manuela Berón Bobbio, con la cual Carolina ya había dirigido “Perfidia”, obra que narra el rol de la mujer a través de la historia. 

En “El carmesí”, la trama no sigue una línea explícitamente feminista, pero sí está bañada de un contexto sumamente heteropatriarcal. La cabeza de familia mujer pone en pausa su vida esperando al hombre que la abandonó, a ella y a su familia, hace muchísimos años: esto es su raison d’être. Según Carolina Olivera Magnou, “[Rubí es] una mujer que, por cumplir mandatos impuestos por la sociedad, no se permite ser feliz esperando ansiosa que ‘él’ vuelva.”

Mañana sábado 29 de noviembre es la última oportunidad para ver “El carmesí”, 20:30 hs en la Sala Blanca Podestá de AGADU.

Elenco
Rubí – Mariana Cardozo
Nikolay – Nacho Revello
Anna – Maite Yerle
Rita – Florencia Reinaldo
Joselo – Rodrigo Durañona

Ficha artística y técnica
Dramaturgia – Carolina Olivera Magnou
Dirección – Manuela Berón & Carolina Olivera Magnou
Producción ejecutiva: Lucía Martinez Aguiar
Escenografía y vestuario: Sofia Beceiro & Fernanda Castillo
Diseño de sonido: Karina Bentancor
Iluminación – Darío Pérez
Arte y comunicación: Sofía Escuder
Maquillaje: Catherine Aristimuño

Texto: Coco y Florencia P.
Fotografías: Stefano Ghiardo

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