Bien sabemos que no todas amigas son “amigas hermanas”. De hecho, es casi imposible encontrar así no más a una de ellas. A veces no tenemos esa suerte ni en toda una vida.

Cuando una de ellas llega la vida cambia. Pensamos que nunca se va a alejar, que decidió por sí sola quedarse en nuestra existencia para siempre, y la sororidad brota por los poros. Ningún motivo de conflicto pone en duda semejante “hermandad”, amén de casi no hay motivos de conflicto. Tal vez alguna sutil diferencia en el desarrollo de cualquier opinión, pero nada sustantivo, de base, de suma importancia.

Amiga hermana es mayor que yo y tiene hijos mayores que el mío, aunque con el más chico se llevan muy bien. Nadie puede imaginar la cantidad de cosas que aprendí de ella. Algunas simples, algunas importantísimas. Desde una receta de cocina hasta la importancia de la fiebre en los niños, y entre esas, miles de cosas más. Aprendí sobre política, sobre ideologías religiosas, sobre superstición, sobre naturaleza, fauna y flora un montón, no sé ni cómo. Aprendí reglas de convivencia y a convivir, aprendí a respetar y a entender que el otro puede pensar igual que yo y actuar radicalmente distinto. Aprendí a admirar a otras mujeres, y que el físico no es tan importante. Que más vale “esperar lo peor y soñar lo mejor”, que nunca es tarde para estudiar, que se enseña con el ejemplo, y que eso es literal. Que no se debe faltar a la palabra y que “estar” es realmente estar físicamente cuando el otro lo necesita, y cuando no. Que de alguna manera, todas las madres nos sentimos solas. Aprendí sobre la imperfección de las relaciones de pareja, y que está bien igual. Aprendí a administrar y a querer de manera incondicional. A dar sin pensar en el mañana o en cuánto me quedaba, y que eso me diera placer. Dar. Aprendí tantas cosas que me es imposible ejemplificarlas todas.

De amiga hermana conozco a su familia, y los cuentos de todos aquellos familiares que no llegué a conocer porque viven lejos. Conozco también a sus amigos, y los cuentos de todos aquellos amigos que no llegué a conocer porque de alguna manera la vida los ha llevado por diferentes caminos. Eso era algo que en un 100% de mis pensamientos a mí no iba a pasarme. La vida me había llevado a cruzarme con ella, era imposible que me separara y decidiera que seguiríamos por diferentes caminos.

Todo el mundo me preguntaba en dónde había conocido a amiga hermana, por el tipo de relación que teníamos. Parecía que nos conocíamos de toda la vida. ¡Yo qué sé de dónde nos conocemos! Me da gracia, me alegra. Son esas personas que aparecen mágicamente en tu vida. Creo que ambas estábamos en un grupo de Facebook, que luego pasó a ser más íntimo cuando se transformó en un grupo de WhatsApp con las que teníamos mayor vínculo. Pura relación virtual que luego pasó a ser real y luego ya más real que otra cosa, y así ahora éramos “amigas hermanas”. Compartimos momentos difíciles, inesperados de verdad, y de los otros. Esos que te hacen matar de risa, no poder parar reír a carcajadas, y justifican semejante amistad en su totalidad. Y ahí lo entendés todo: era para eso que esa persona había llegado a tu vida.

Lo que amiga hermana no me enseñó, o tal vez sí lo hizo pero yo no lo aprendí (es muy posible, porque esta era una de las cosas que no quería aprender), fue que las personas eligen a sus vínculos, y que a veces, simplemente pueden no elegirte más.

Desde hace un tiempo, bastante tiempo en realidad solamente que no logro procesarlo, amiga hermana decidió alejarse de mí. Por algún motivo que todavía no entiendo, pero debe de haber sido importante, ella prefirió seguir por algún camino que no se cruzara para nada con el mío. Aún no lo comprendo, pero creo que básicamente me dejó de querer.

Honestamente, no sé lidiar con el sentimiento de abandono de una amiga. Sé que las relaciones pueden deteriorarse, he cambiado de amistades muchas veces. Entiendo que las relaciones de pareja pueden no funcionar, y que, en general, eso duele. Creo que el quit de la cuestión en este caso, es que la decisión no es tomada en conjunto y el sentimiento no es recíproco. Que no es algo que se fue dando con el tiempo. Que probablemente es algo que tendré que asumir: que es de una manera que no quiero, que no elijo, que no entiendo, y que me duele. Y tendré que entender que duele, y aceptarlo.

En este tiempo he sentido muchas cosas: tristeza, angustia, enojo, desolación, injusticia, abandono, rabia, despecho, ingratitud, confusión, y sobre todo tremenda soledad.

Me he cansado de preguntarle a amiga hermana cuándo íbamos a poder hablar en persona para que ella pudiera explicarme. Parece que no hay mucho que explicar. Bien dicen que “el silencio también es una respuesta”. Ella dijo que ya no hablaría más por WhatsApp, así que ni siquiera escucho su voz en un audio. Repito: no sé lidiar con el sentimiento de abandono de una amiga.

Amiga hermana se mudó a otra ciudad. Es un hecho: ya no volveremos a tener la relación que teníamos. De a poco va siendo momento de aceptar la realidad y entender que a veces las personas toman estas decisiones. Aceptar también que probablemente una haya hecho cosas para que estas decisiones fueran tomadas, independientemente de si el otro actúa como una lo haría o no. 

Dicen que “con el tiempo todo pasa”. Lo cierto es que los meses siguen transcurriendo, y el dolor no disminuye. Me sigue haciendo la misma falta que cuando decidió irse. Sigo sin entender cuál fue el motivo tan grave que nos separó. Sigo sin querer aceptarlo, y de hecho, creo que no lo acepto. Tengo la sensación de que en cualquier momento me va a mandar un mensaje con cualquier excusa que justifique todo este tiempo que nos perdimos de compartir cosas. Siento que me diga lo que me diga, así tenga razón o no, no importaría, podría entenderlo y hacer de cuenta que nada pasó, porque la realidad es que lo único que quiero es que amiga hermana vuelva a estar en mi vida.

Ya no sabe la vida cómo explicarme que la amistad se terminó. Que se trata de una decisión tomada. Que es un hecho, y que no importa si me gusta. Si no es lo que quiero, si tal vez es lo que menos necesito en este momento, o en aquel momento cuando la decisión fue tomada. 

Ahora simplemente es momento de aceptar. Amiga hermana: acepto que ya no me quieras. A cambio, yo te sigo queriendo mucho.

Texto: Merlina Freiheit
Fotografía: Matilde Ardao

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