No es atípico pensar que la mujer tiene la autoestima más baja que el hombre. Generalmente se lo atribuimos a las revistas, a los medios, a las fotos de Kylie Jenner en Instagram, a todos los epítomes de belleza y perfección a los que estamos sometidas y pensamos que tenemos que cumplir uno por uno, que se nos atribuyen por nuestra condición de mujer.

Pero además de eso, que es muy importante y muy doloroso, sí, también hay otros sentimientos de estima que a veces hasta calan más hondo, o son más invisibles. Nuestra estima como personas y qué tan valiosas somos, o qué tan dignas somos de recibir afecto. Esto calculo es algo más global, aunque generalmente sí veo mucho más a mis amigas sufrir de estos males, o por lo menos exteriorizarlos: vocalizar que les cuesta dejarse querer por un tipo por miedo al eventual abandono, o siempre estarse saboteando y augurar lo peor por no creerse merecedoras de algo bueno. Te parte el alma, porque generalmente esas amigas son las que no tienen una gota de maldad, que te cagan a mensajes llenos de amor y buenos deseos, que te invitan a cenar una hamburguesa de Burger King porque sí, y (esto ya no sé qué tan bueno es) nunca esperan nada a cambio. Mis amigas siempre dan mucho, y yo también, creo que por eso he tenido con ellas de esas epifanías que te dejan tipo That’s So Raven.

Hace un par de meses, frente a una circunstancia un tanto boluda alimentada por muchas noches seguidas saliendo al mismo lugar con un flaco que en algún momento me gustó de verdad, decidí quedarme en casa a exorcizar. Mi amiga vino, con espejitos y yerba para el mate, a sentarse en un almohadón de mi living y escucharme pacientemente. Tras hora de vaciar el alma, y con los objetos que teníamos a disposición para saciar la necesidad de mi amiga de metaforizarlo todo, llegamos a una conclusión: una puede dar una taza, y recibir un encendedor. Siendo la taza el objeto más grande, por ende, el más trabajoso o valioso. Por como somos, generalmente te vamos a dar la taza. Si nosotras podemos estar bien con esto, podemos aceptarlo: y en ese caso está todo bien. Pero, ¿qué onda cuando no? ¿Qué onda cuando nuestra autoestima está toda machucada por recibir constantemente menos de lo que damos?

Yo soy una mina intensa, no de la forma que la gente usa intensa hoy en día (“ay me mudé con mi novix de hace dos semanas que intensa que soy”) sino intensa en el que de todo doy mucho. Si te escribo una guía te la hago de 15 páginas y diseñada, si el oral es de mínimo 30 minutos hablo por 90, si te vas a vivir a otro país te hago un calendario con fotos nuestras y un mes temático de cada animal para que te lo lleves a tu escritorio al otro lado del mundo. Y en una nota más seria: si te despiden o te dejan o se muere tu gato y así lo querés voy a ir hacia donde estés a prestarte un hombro, un oído, y hasta mis propias lágrimas. Me parece re valioso querer con fuerza y demostrarlo, dentro de una coherencia propia es una intensidad que no significa impulsividad. Sólo un gran cariño enorme hacia la gente que elijo tener al lado mío. Siempre te voy a dar la taza. Quiero creer que no me molesta cuando me das el encendedor. No todos somos iguales, y no todos tienen ganas de pasar tanto trabajo por sus vínculos. Pero con el tiempo sí me he encontrado dándome cuenta que la mayoría de los encendedores que tengo en bolsillo me los dieron hombres. Hace poco vi un par de tuits (ta sí, soy millennial) que decían algo así como “mi pareja me dijo que primero quería tener una nena y después un varón para que la hermana mayor lo cuidara” y “es gracioso como siempre que dicen que las mujeres maduran más rápido no es para darnos libertades o cosas positivas sino que para justificar el comportamiento depredador de algunos varones hacia nosotras”. Y sí, y les di retuit. Porque generalmente encuentro a muchas mujeres (y por suerte cada vez a menos de mis amigas) rompiéndose el ojete por todos quienes tienen alrededor. Y no lo veo de parte de los hombres. No los crían así.

Mi pregunta es, ¿qué hacer? ¿intento yo también dar el encendedor aunque no sea mi forma de ser? ¿Doy la taza y acepto a regañadientes tu encendedor mientras me siento una boluda? ¿Me mudo a una isla tazas-only?

Texto: Florencia P.
Fotografía: Carolina Fynn

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