Parece que desde hace años que viniste para instalarte. Siendo las cinco de la mañana con ocho minutos decido ya no pelear contigo. Este entorno es más que conocido para mí, y en cuarentena que la actividad diurna merma, no es necesario ni explayarse en explicaciones. Todo el día en casa, y por la noche, imposible conciliar un descanso prudente. Claro, después parezco un zombie, pero parece que no hay nada que hacer.

Suelo escribir cosas que podrían llegar a interesar durante la madrugada, pero hoy sólo me pregunto cuánta gente más estará en este estado, o si seré la única. El resto de las personas duermen en mi casa, ¿cómo hacen? Para mí es imposible. Una noche atrás de la otra acumulando cansancio, y el sueño que no viene. Es algo así como una agonía. Ya me dijo el médico que me receta pastillas para dormir, que no me hacen ningún efecto, “no te pelees con el sueño, ponete a hacer cosas”, ¿cuántas cosas me puedo poner a hacer todas las madrugadas y estando tan cansada? En fin, escribo, luego existo.

Hoy cené en familia hasta tarde (lo que no es usual en mí), miré hasta el final y por segunda vez el capítulo de la segunda temporada de mi serie favorita (Merlí), leí a Maitena, limpié la casa, porque por suerte parece que mañana voy a recibir la primera visita desde que empezó la pandemia: mis tíos, a los cuales adoro y me llenan de alegría. Tocó prender la estufa de leña y comer rico. Todo el terreno estaba preparado para aterrizar en la cama vaya a saber una hasta qué hora. Por supuesto que no había dormido siesta, y hasta había hecho los deberes con mi hijo de cuatro años (le mandan actividades del jardín por Whatsapp), a quien le cociné tirabuzones de colores porque los panchos al pan no le gustan. Nada de todo esto funcionó a la hora de dormir. Ratos largos en la cama, pero el insomnio persiste. El desvelo es inminente.

Honestamente no me vienen muchas ideas a la cabeza. Me gustaría estar durmiendo profundamente, tanto así como cuando llegás al punto de que al otro día no te acordás de lo que soñaste. Escribo con la fortuita esperanza de que haya otro ser en alguna parte que viva lo mismo que yo, noche tras noche, y se sienta identificado/a, y por qué no, pueda ponerse en contacto para compartir historias de noctambulismo.

Pienso en canciones: “Por la noche la soledad desespera”, de la Bersuit Bergarabat, pero ¡increíble! ¡No encuentro mis auriculares! De esta forma sigo escribiendo y pensando que estoy en contacto con el mundo, o eso creo. Sí, ya lo sé, soy bastante ilusa. Nadie me está leyendo en este momento y la idea de interacción con un “otro” es una gran mentira, pero mientras tanto el tiempo pasa, y de esta forma no me siento tan sola.

Nunca se sabe quién está del otro lado. Es como tirar una botella con un mensaje al mar, o al río, tal vez a alguien le llegue…

Texto: Merlina F.

Foto: Carolina Fynn

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