Spoiler alert: Este artículo tiene todos los spoilers que te imagines de la película “Midsommar”

Si me conocés y me has visto en persona en los últimos seis meses, lo más probable es que te haya recomendado Midsommar.

Midsommar, el segundo largometraje de Ari Aster, previamente conocido por Hereditary (otra película de terror más tradicional) cuenta la historia de Dani, una gurisa que tiene que aprender a lidiar con la pérdida y el duelo. La película podría fácilmente catalogarse bajo el género del terror, pero terror del menos convencional; para ejemplificar, la película se desarrolla casi enteramente con luz día. Después de un suceso sumamente doloroso en su vida, Dani se suma a un viaje que tenía previsto su novio emocionalmente distante para hacer su tesis sobre una pequeña comunidad llamada Hårga, y su celebración del solsticio de verano en un lugar de Suecia en el que no se oculta el sol.

Durante la película Dani es un llanto solo: previo al viaje su hermana se suicida con monóxido de carbono y en su estela asesina también a los padres de ambas que estaban durmiendo en la casa. Súper sola en el mundo intenta apoyarse en su novio, Christian, que hace tiempo ya que no tiene más ganas de estar con ella, pero no tiene ni la madurez emocional ni los huevos para dejarla, y menos ahora después de esta tragedia, ¿qué pensaría la gente? En vez, acepta a regañadientes la petición de ella de acompañarlo a él y a sus amigos a Suecia para no quedarse sola, y le da absolutamente cero bola y contención.

Una vez allí, obvio que ya empiezan las cosas raras. Arrancan con psicodelia, rituales que remiten a secta, dibujos raros en las paredes; y desembocan como mínimo en senisidio (suicidio altruista de miembros más ancianos de ciertas culturas), gente que desaparece, y hechizos con menstruación. Siendo una peli tan “oscura” y llena de elementos de folk horror, su director la cataloga como una “película de ruptura amorosa”, y de “las cosas más personales” que ha escrito. A pesar de que parezca contraintuitivo, creo entender por qué.

Nuestra protagonista está deshecha emocionalmente. Toda su familia cercana muere en la misma noche en los primeros minutos de la película. Está (y justificadamente) súper necesitada de afecto, y se pasa llamando a Christian, llorando, y exigiendo su atención. Teme profundamente su abandono (es el único que le queda) y tiene una ansiedad tan tremenda que casi que no le permite estar sola. Cuando llega a Suecia, los Hårga son una verdadera comunidad. Parecen casi que una familia con sus rituales colectivos. Nos damos cuenta como espectadores, más si sabemos la naturaleza de la película, que están en algo turbio, pero lo ignoramos por un momento mientras bailan vestidos de blanco, con flores, bajo el sol. En apariencias, es todo pureza, ayuda mutua, comunidad. Pero a medida va escalando, y van pasando cada vez cosas más extrañas (como suele suceder en las película de terror), vamos viendo que el original rechazo de Dani hacia sus rituales y sacrificios va siendo apaciguado y convirtiéndose en entendimiento.

En una escena que me ha interpelado mucho desde que la vi por primera vez, y en la que pienso muy seguido, Dani es coronada reina de la celebración del solsticio (Reina de Mayo) tras ser la última en pie en un ritual de baile. En su camino a celebrar se cruza a Christian, quien fue drogado por un grupo de mujeres Hårga, y está participando, bastante fuera de sí, en una especie de ritual sexual con el objetivo de dejar embarazada a una chica del grupo. Dani interpreta esto como una infidelidad y se va corriendo y llorando una vez más. El grupo de mujeres que venía con ella del baile se tiran al piso a su lado y la sostienen, imitando su llanto, su respiración, sus sonidos, sus movimientos llenos de angustia. Es completamente potente. Todas sienten su dolor como propio. Mientras antes Dani lloraba en la falda de Christian y él miraba a la nada, deseando estar en otro lado; ahora todas estas mujeres, esta comunidad, finalmente la entienden. Encontró una familia. Ya no está sola.

La comunidad ha hecho cosas sumamente moralmente cuestionables, pero a ella la entienden. La coronan reina, la llenan de flores, la levantan del suelo, lloran con ella. Dani, completamente dependiente, encuentra todo lo que ni ella sabía que quería. La película culmina con el ritual y sacrificio final de la celebración del solsticio, los Hårga prenden fuego una casa con gente adentro. Uno de ellos es elegido por la Reina de Mayo, ergo Dani, y elige a Christian.

Cuando la casa se prende fuego, toda la comunidad grita y se retuerce como si estuviera sufriendo con los propios sacrificados. Dani parece contrariada al principio, pero en un momento levanta la vista a la casa en llamas, y se le tuerce la boca en tremenda sonrisa de satisfacción. Y the end.

Muchos interpretan este final como un final feminista: la protagonista se deshace de su novio abusivo. O como un final tipo revenge movie, él lo tenía re merecido, ella sonríe. Listo, ya está.

La realidad es que el mal que aquejaba a Dani no era tanto Christian. Christian era un sorete, sí, pero el problema de Dani es la codependencia. El hecho de haber terminado sonriendo con la muerte de varias personas consumidas en llamas no es un final feliz (parece obvio pero a veces narrativamente podría serlo), es una muestra de los extremos a los que está dispuesta a ir con tal de pertenecer a un grupo de gente que la haga sentir querida, comprendida, parte de algo. Cambia una codependencia por otra, y por otra mucho peor, y miren que es difícil ser peor que Christian.

Crear una codependencia con el otro es difícil, porque el superar a alguien o el dejar atrás un vínculo no implica que dejás atrás la codependencia. Un clavo no saca otro clavo, por este mismísimo mal. Como alguien que ha estado en relaciones amorosas y amistades codependientes, lo que más he experimentado es el completo idilio de la relación, la ilusión del entendimiento mutuo, del yo lloro y vos llorás; y después la caída en picada. No con esto digo que los vínculos intensos que brillan fuerte y están cargados de comprensión estén destinados al fracaso, lo importante es saber discernir si mínimo uno de los involucrados es dependiente del otro como para identificar si nos encontramos ante un vínculo sano o no. Y he aquí la cuestión.

Por esto es que Midsommar es una peli de ruptura, porque a pesar de que esté llena de elementos propios de película poco realista, en su esencia habla de cosas que nos pasan a muchos. Reviendo esa escena del llanto colectivo, leí un comentario que decía algo así como “sabés que necesitás afecto seriamente o sos codependiente si te unirías a una secta sólo para contar con el llanto grupal terapéutico”. No me veo uniéndome a una secta, pero no les voy a mentir que ese escenario me resulta llamativo y hasta atractivo.

Más miedo que los malos viajes, las muertes dolorosas, y las sectas desquiciadas, me da la forma que tiene Midsommar de mostrar la codependencia como un lugar muy difícil de salir, porque es cómodo. Y a pesar de que los terrores que tiene como consecuencia son exagerados, también pueden ser metafóricos. El no poder estar con tus pensamientos sin la necesidad de ver a alguien, o el estar triste y no poder concebir atravesar esa tristeza sin estar en brazos ajenos me resulta demasiado familiar. Es un trabajo constante el del equilibrio de apoyarse en otros pero no demasiado. Que el que los otros se vayan no te mande en una espiral de no encontrarte o entenderte. Que el estar sola no sea motivo de desesperación o ansiedad. Es difícil exigírselo a Dani, perdió a toda su familia. La entendemos, empatizamos con ella, comprendemos su dolor y la necesidad de tener un otro. Pero, ¿hasta que punto?

Esta película no tiene un final feliz, pero no por el número de muertos, sino porque nuestra protagonista no rompe el ciclo. Sigue reemplazando el mismo tipo de relaciones disfuncionales con otras que sólo lucen distintas, y sin poder darse cuenta. Francamente, es muy parecido a la realidad.

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