El 11 de diciembre del 2020 el proyecto de Ley de Intervención Voluntaria del Embarazo obtuvo nuevamente la media sanción en la cámara de Diputados en Argentina. En medio de la vorágine del fin de un año extraño, intenso y atravesado por una pandemia,  la alegría y la ilusión de de que finalmente se apruebe la ley se mezclaron con el miedo de que vuelva a repetirse la historia. 

Durante el 2018, el movimiento feminista se sintió como una gran e imponente ola verde, la cual avanzaba imponente y veloz, a medida que más y más personas se le unían y más grande se hacía. El pañuelo verde atado en la mochila se convirtió en un símbolo que no discriminaba entre edades ni jerarquías sociales, un amuleto que invitaba a la complicidad y a sentirnos acompañadas en el colectivo, en la calle, en cualquier lugar. Las redes sociales explotaron de manifiestos, de experiencias vividas, de opiniones, de gritos y también de llantos: ya no existía lugar para el silencio. Se sentía como una vorágine que arrasaba en los espacios personales, artísticos, mediáticos y educativos, y no existía vuelta atrás.

El 13 de junio del mismo año se discutió por primera vez en la cámara de Diputados el proyecto de Ley. En al menos cinco años de miltancia feminista en los cuales asistí a decenas de movilizaciones jamás presencié un evento de tal magnitud: la calle era un espacio seguro y de contención, de emoción y de alegría. El debate duró más de 23 horas y nosotras esperamos en vigilia. A media mañana del 14 de junio el proyecto obtuvo 129 votos a favor y 125 en contra.

El 8 de agosto tuvo lugar el debate en el Senado. Llovía y el clima era tenso, se sentía en el aire que no existían los votos necesarios para que se convierta en ley. Esa noche volvimos abrazadas a casa, sentadas en los asientos de atrás del colectivo en silencio. Los pañuelos fueron lavados y secados al sol para volver a atarlos bien fuerte. Ninguna de nosotras jamás pronunció la palabra derrota.

El 30 de diciembre del 2020 me desperté a las cuatro de la mañana por el calor húmedo de Buenos Aires. Agarré mi celular para chequear cuándo llovería y me encontré con una catarata de mensajes de mis amigas gritando por mensajes de texto esperando que me despierte: el proyecto obtuvo 38 votos a favor, 29 en contra y una abstención. Durante la pandemia nos olvidamos de muchas cosas, en especial de lo que se siente llorar de emoción. El año más difícil de los últimos tiempos terminó con una conquista lograda gracias a la lucha, la perseverancia y la fuerza de salir a la calle. Y fue gracias al esfuerzo de todas. 

Esa madrugada me fui a dormir con la esperanza de que podemos construir un futuro mejor, con más derechos, más empatía y más diálogo. La Argentina abrió una puerta de conquista en Latinoamérica, y es imposible volverla a cerrar.

Fotos y texto de Antonia Quattordio.

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