Me pregunto quién más va a contar mi historia. Hoy me duele este camino que elegí. Sin dudas, es el mejor. ¿Quién va a hablar de adicciones? Lo difícil verdaderamente no es ser adicto, o sí, pero creo que lo que te hace sangrar las heridas es el camino hacia la recuperación.

¿Cuánto sabemos sobre esta enfermedad? ¿Es solamente un vicio? ¿Importa cuál es tu consumo? Lo cierto es que poco importa si tu vínculo problemático es con el alcohol, el juego, el deporte, la pasta base, las pastillas psiquiátricas, los sintéticos, las compras, el sexo, la cocaína, la comida, las relaciones de pareja, la tecnología, los videojuegos, o miles de etc. Porque todo es lo mismo. Todo es la misma mierda. Todo es la misma enfermedad.

Honestamente, no soy especialista en medicina de ningún tipo, no sé de psiquiatría ni de psicología como para ponerme a dar cátedra acerca de las adicciones. Sí soy una adicta en recuperación. Una adicta que está en tratamiento hace ya un año.

Quiero contar que en mi camino hacia la recuperación he conocido compañeros de ruta increíbles, algunos a los que realmente admiro, que han logrado tener el alta y aún se sostienen sin consumo. La gran mayoría se han perdido en el camino.

Recuperarte de cualquier adicción requiere que hagas cambio de ciento ochenta grados en tu vida. Los más impensados. La verdad es que duele, y duele un montón. Dejar de consumir es una real tortura. Cuando empezás a estar “limpio” parece una misión imposible. De verdad cuesta “sangre, sudor y lágrimas”. Nadie que no haya pasado por esto podrá comprender realmente de qué se trata. Tal vez con mi relato busque tan sólo un poco de empatía… Tratar de que se entienda que la adicción a lo que sea es una enfermedad que no se elige. Que hay grandes componentes genéticos, sociales, culturales, familiares, entre muchos otros, que hacen que de diez personas que toman un vaso de whisky una de ellas termine teniendo un consumo problemático con esa sustancia, y la persona no lo elige.

Como decimos siempre, casi todos podemos identificar cuándo empezamos a consumir, pero ninguno de nosotros puede identificar cuándo se convirtió en adicto. La enfermedad puede haber estado latente mucho antes de nuestro primer consumo, o quizá haberse manifestado años después de que empezáramos a consumir.

Lo que más me interesa destacar, es que en un proceso de recuperación en adicciones, dejar de consumir implica un real sufrimiento. Sin embargo, dejar de consumir es lo más fácil, es sólo el principio, es bancarse la puta abstinencia, con todo lo que eso conlleva.

Lo verdaderamente difícil es cambiar por completo tu vida. Tenés que saber que hay amistades, trabajos, familiares, lugares, objetos, entre otras cosas a las que vas a tener que renunciar por completo.

Sí, ya no vas a ir al boliche a tomar una con tus amigas. Capaz tu problema no era el alcohol, pero hay ambientes que ya no podés frecuentar, tengas la edad que tengas. Y algunos de tus amigos se van a enojar porque no van a entender que por mucho tiempo no vas a poder salir de noche o no vas a poder quedarte a dormir en otro lado que no sea en tu casa acompañada de tus padres, en el mejor de los casos. Quizá por meses no puedas hacer uso de tu celular y luego tengas que cambiar de número. Va a pasar muchísimo tiempo para que puedas volver a usar redes sociales. ¿Manejar dinero? Imposible. Tengo casi 35 años, soy madre, hace un año que estoy en tratamiento y todavía no puedo manejar plata. Vas a tener que crear nuevas rutinas, y como una personita de cinco años vas a tener que dar explicaciones de todo lo que hacés. Eso cuando ya puedas manejarte relativamente solo/a. Primero vas a tener que ir acompañado/a a todos lados. Esto es apenas una parte de la recuperación.

¿Por qué pasar por esto? Porque nunca más querés volver a vivir la vida de mierda que vivías mientras dependías de algo externo, en mi caso, de una sustancia. No querés que tu vida gire en función de cómo y cuándo vas a conseguir la próxima dosis. No querés seguir evadiendo todos tus sentimientos y emociones con consumo. Por eso elegís el duro y difícil camino de la rehabilitación. Ya no querés hacerte más daño, ni dañar a quienes te rodean.

Quiero contarles que este camino en verdad es muy doloroso. Implica mucho sufrimiento. Implica hacerse el duelo a uno mismo, porque hay una parte de uno que sí o sí tiene que morir, pero la lucha porque la parte sana renazca vale la pena.

Después de un año de tratamiento, con mis altos y bajos, sigo luchando, y no pierdo la fe de no ser una más de los que se quedan por el camino.

Texto: Lucía Degregorio

Foto: Martina Vilar del Valle

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