Liberar y aceptar mi sangre

Me acuerdo de estar en la casa de La Floresta el día que empecé a menstruar. Tenía doce y sabía qué era lo que me estaba pasando. Aún así no encontré alivio inmediato: me daba vergüenza decirle a mi vieja, vergüenza y culpa, así que estuve tres días poniéndome papel higiénico a escondidas, usando un … Sigue leyendo Liberar y aceptar mi sangre